“Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” es el lema que se difunde desde la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

En la Argentina, se calcula que abortan clandestinamente más de 500.000 mujeres al año. Es una práctica que se realiza frente a las narices de un estado ausente, que le da la espalda a medio millón de mujeres, niñas y adolescentes. El aborto representa un problema de salud pública y una falta grave de justicia social, ya que las principales víctimas por abortos inseguros son mujeres que no pueden acceder a realizarlos en instituciones privadas. Su práctica clandestina e insegura es la primera causa de mortalidad en mujeres gestantes y tiene como consecuencia un elevado número de consecuencias, que si no son tratadas a tiempo pueden ser fatales.Según datos oficiales mueren 100 mujeres al año por prácticas de abortos clandestinos. Aún hoy se usan métodos arcaicos: cabo de perejil, tijeras, o agujas de tejer, hervir cerveza negra o lavandina, operaciones y raspajes realizados en condiciones antihigiénicas, con materiales viejos y sin anestesia. Estos son sólo algunos de los métodos caseros a los que pueden acceder las mujeres de bajos recursos, sin la menor garantía de seguridad y efectividad. Mientras, dentro del mercado, se sigue lucrando con la salud de las mujeres, y por unos miles de pesos se realizan abortos de manera segura.

 

En octubre del 2002, el Congreso aprueba la Ley 25.763 de Salud Sexual y Procreación Responsable, que obliga a los servicios públicos de salud y las obras sociales a dar información y proveer acceso gratuito a los métodos anticonceptivos a toda la población que lo solicite. “El derecho al aborto seguro supone el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos como parte sustancial de los derechos humanos. Como tal, merece el mismo grado de garantías del Estado para ejercerlo que los derechos civiles, políticos, culturales, económicos y sociales”, declara Ornella Steffanazzi, militante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

El artículo 86 del Código Penal argentino establece que, en el país, no se puede penar legalmente a ninguna persona que interrumpa su embarazo si éste pone en riesgo su salud o cuando sea producto de violencia sexual. La salud no sólo implica el bienestar físico, sino también el psíquico, emocional, e incluso, el económico. Abortar es un derecho.

¿Qué es un aborto?

Un aborto es una forma de terminar con un embarazo, que puede ser intencional o espontáneo.

Ante todo, hay que recordar que es muy importante que la mujer esté acompañada por una persona de confianza y bien informada antes, durante y después de interrumpir un embarazo. Ningún médico, enfermero o profesional de la salud puede negarse a darle a una mujer toda la información que necesita saber para abortar de manera segura.

Un aborto es seguro, y puede hacerse en la casa, sólo cuando se hace antes de las 12 semanas de gestación. Para interrumpir un embarazo, existen dos métodos seguros y sin riesgos: usando doce pastillas de Misoprostol o el método A.M.E.U. (Aspiración Manual EndoUterina). La primera forma puede hacerse en casa; en cambio, la segunda, es necesario que se realice en hospital o salita y por un profesional de la salud.

Ni Una Menos

El pasado 3 de Junio, miles de mujeres y hombres marcharon en todo el país bajo la consigna #NiUnaMenos, contribuyendo a poner en agenda la violencia de género. Sin embargo, “para decir ni una menos es necesario legalizar el aborto, porque de lo contrario se seguirán engrosando las listas del patriarcado con los nombres de aquellas mujeres que deben imprimir su propia ley clandestinamente, expuestas a situaciones tremendas, simplemente porque quieren ejercer la soberanía sobre sus propios cuerpos y decidir sobre su propio devenir”, problematiza Ornella Steffanazzi, militante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Aunque la marcha haya sido efectiva en la concientización de la sociedad sobre las cuestiones de género, es necesario seguir ganando espacios, repensando, criticando y exigiendo a quienes deben tomar medidas. “Hacer uso de sus facultades del ejercicio del poder que les compete; porque, más allá del simbolismo y de lo que pueda provocar en la sociedad esa concentración, nos siguen desapareciendo, nos siguen asesinando y siguen impidiendo que elijamos sobre nuestros cuerpos. Eso es necesario terminarlo”, recalca la militante.