El pasado 16 de enero la dirigente social Milagro Sala fue detenida por reclamar la continuidad de planes de trabajo para cooperativas jujeñas. Al cierre de la edición organismos de DD.HH. pedían por su liberación.

El sábado 16 de enero de 2016, la dirigente de la organización Tupac Amaru y diputada del Parlamento del Mercosur, Milagro Sala, fue detenida en la capital jujeña, por una denuncia impulsada por el gobernador radical de Cambiemos, Gerardo Morales. Sala acampaba junto a compañeros de varias organizaciones en la plaza Belgrano de San Salvador de Jujuy para reclamar por la continuidad de los planes para las cooperativas de trabajo jujeñas. Según el acta del Poder Judicial de la provincia de Jujuy, la dirigente dio indicaciones a otras personas para que ocuparan la plaza y otros lugares públicos “mediante arengas, señalamientos, ademanes y gestos”, restringiendo la circulación de vehículos, lo que configuraría un delito. El gobierno provincial denunció la protesta ­ haberse “alzado” en contra de la decisión del gobierno ­, la justicia allanó la casa de Sala y se la llevaron detenida. El operativo, impulsado por el Gobierno de Morales, se llevo a cabo con 50 policías, según informó Ariel Ruarte, abogado defensor de

 

Tras la detención, hubo manifestaciones en plazas de todo el país y organismos de DDHH y organizaciones sociales (APDH, Abuelas de Plaza de Mayo, Hijos, entre otras) que viajaron a Jujuy con una sola consigna: exigir su “inmediata liberación”. Según denunciaron el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y Amnistía Internacional Argentina, Sala ejerció ­junto a sus compañeros­ su derecho a protestar como la Constitución Nacional lo permite. “No es casual que la primera presa política sea mujer, negra e indígena”, enfatizó la periodista Marta Dillon, que presentó uno de los tantos hábeas corpus por la dirigente social. El 29 de enero, la Justicia tomó dos decisiones a la vez: liberarla por la primera causa y detenerla por supuesta asociación ilícita, fraude y extorsión. “Existen indicios de que Sala, de recuperar la libertad, podría entorpecer la investigación”, argumentaron. Según su abogado, “los denunciantes son integrantes de la red de organizaciones sociales que originalmente estaban en el acampe y se levantaron. La acusan de participar en una operatoria en la que ella no figura, dicen que los obligó a sacar plata, firmar cheques y no hacer obras. Los testimonios son la única prueba que hay por el momento. No se puede llevar adelante una causa por la denuncia de un sector que estuvo llevando adelante el delito”. “En los medios hablan de ‘narcomafia’ pero lo que hay es un odio hacia el origen indio que representa ella”, concluyó. 

 

 

La irreverencia de Milagro
A principios de los ‘90, una gran parte de la provincia de Jujuy era tierra olvidada. El centro de la ciudad ­ con sus hospitales, sus escuelas, su centro comercial ­ parecía quedarles lejos a los coyas; a años luz. La pobreza había quedado marginada y escondida en barrios periféricos, y uno de los logros de Milagro fue organizarla, darle cauce y sacarla de la oscuridad. La principal actividad de la Tupac Amaru por aquellos años fue organizar y coordinar las copas de leche para los niños de los bolsones de pobreza más duros de Jujuy, a partir de pequeñas donaciones de los vecinos. Con el tiempo, la persistencia, y un nuevo marco de alianza con el gobierno kirchnerista, la Tupac Amaru se convirtió en una red de centros comunitarios, en la posibilidad de trabajo, educación y salud, y una vida digna para los miles de excluidos de las tierras jujeñas.
A partir de entonces, la organización construyó escuelas (con igual o mejor estructura que las de la Ciudad de Buenos Aires), piletas de natación con rampas para rehabilitación de personas discapacitadas, cursos para la construcción de la vivienda propia, canchas de fútbol, rugby y hockey, implementó un sistema de becas para sostener la formación universitaria, centros de enseñanza y capacitación, una fábrica textil, entre otras. Milagro Sala es la dirigente de esa organización social, y además, en las últimas elecciones fue electa diputada del Parlamento del Mercosur, siendo la primera mujer indígena que accede a un cargo de esas características.
Desde que ganó Morales el 24 de octubre, la Tupac Amaru le envió tres cartas pidiéndoles que los recibiera. Le pedían abrir una mesa de diálogo para discutir cómo sería la continuidad de las obras y el programa de construcción de viviendas, a través de las cooperativas. Nunca les respondió. Desde entonces pensaron en realizar un acampe si no eran recibidos. Y cuando se instalaron en la plaza Belgrano de San Salvador de Jujuy, pasaron 23 días hasta que el 16 de enero de 2016 el Gobierno la denunció y Milagro se convirtió en la primera presa política política del gobierno de Cambiemos.