Aunque el tráfico de personas afecta tanto a hombres como mujeres, son ellas las más solicitadas por la clientela: basta con sólo caminar por las calles de la ciudad y ver la cantidad de publicidades que las ofrecen por algunos pesos.

“Seguro se fue con el noviecito”, “¿Cómo estaba vestida?”, “Seguro se arrepintió y por eso inventó todo”, son algunos de los comentarios que se repiten al pie de las notas web que denuncian la desaparición de una adolescente. Quienes hacen esos comentarios parecen no saber (o no querer saber) que ese “noviecito” es un proxeneta y que esas jóvenes “que se fugan de la casa” son víctimas de redes de trata que operan con la complicidad de las fuerzas de seguridad y la impunidad que les otorga el Estado con su silencio.

 

El deseo de volver a abrazar a su familia es lo único que las mantiene vivas, mientras soportan el infierno en carne propia. Son pocas las que logran escapar.Las que lo logran no terminan con su pesadilla: aún falta juntar coraje para rehacer sus vidas, pieza por pieza, enfrentando el ojo crítico de la sociedad, del sistema policial, judicial y estatal que las juzga, las maltrata y las revictimiza una y otra vez en cada instancia del procedimiento legal.

 

El caso de Nora Soledad Rivas Villar no fue la excepción. Oriunda de Quilmes, a sus 15 años fue raptada por primera vez el 18 de agosto de 2015 de la puerta de la Escuela Secundaria Básica N°12 donde cursaba sus estudios secundarios. A los pocos días de desaparecer, la madre recibe un mensaje de texto de su celular que decía que estaba bien. “Sabía que por la forma de escribir no era ella”, contó a El Grito Del Sur Margarita Meira, una referente de Madres Víctimas de Trata. En ese momento, comenzó la intensa búsqueda de la familia, que ayudada por Margarita, realizó las denuncias correspondientes ante la justicia y el seguimiento del caso para que no quede cajoneado.

 

Privada de sus bienes personales, el 3 de noviembre de 2015 logró escaparse del prostíbulo donde la tenían encerrada en la villa 1-11-14 del Bajo Flores porteño, y gracias a un remisero que dio cuenta de su situación, pudo regresar a su hogar; lo cual no fue una tarea fácil: “Nora se escapó embarazada, sangrando, golpeada, quemada, con pérdidas y muy flaca”, declaró Margarita Meira.

 

La madre de Nora la acompañó a la Comisaría Primera de Quilmes, a declarar y denunciar lo vivido, brindando lugares, nombres y datos que podrían ayudar a un posible allanamiento. En vez de ser asistida y asesorada, recibió malos tratos por parte de los oficiales, fue revictimizada e incluso puesta en duda pese al delicado estado de salud en el que se encontraba al momento de presentarse.

 

Tras días de sufrimiento, la familia la llevó de urgencia al Hospital Iriarte, donde, si bien el clínico que la atendió le realizó los análisis correspondientes según el Protocolo de Acción ante Víctimas de Trata de Personas, le negó el tratamiento antirretroviral (para la prevención del VIH) por estar embarazada. Y en lugar de practicarle un aborto de emergencia, la envió a su casa con sólo unos pocos analgésicos.

 

Llegado este momento, Margarita emprendió la exhaustiva búsqueda de un refugio que asistiera psicológica, física e íntegramente a Nora: desde la oficina de Zaida Gatti (titular del Programa Nacional de Rescate a Personas damnificadas por el delito de trata), la oficina de Acompañamiento y Rescate de la provincia hasta el Consejo del Menor de la provincia. Ninguno de los despachos se involucró, sólo se desentendieron del caso derivándolo de un organismo a otro.

 

Luego de una serie de denuncias al gobierno, pedidos a la fiscalía, Gatti decide hacerse cargo de la situación. Nora y su familia fueron paseadas por 7 refugios ubicados en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires, sin alimentación regular, con la ropa sucia, dolor en cuerpo y alma, y en total estado de vulnerabilidad. El 24 de diciembre, Nora fue secuestrada nuevamente mientras acompañaba a su mamá a hacer compras, a plena luz del día, y bajo la “custodia” de los encargados de la institución.

 

La madre, amenazada por la oficina de protección, el comisario del barrio y el fiscal, y viendo violado su derecho de hablar con su abogado, es obligada a aceptar pruebas falsas que indicaban que su hija estaba en la casa del novio por voluntad propia.

 

Con la certeza del encubrimiento manipulado entre los políticos y los proxenetas, el abogado se dirigió al lugar sólo para comprobar lo sabido: la casa contemplada era efectivamente un prostíbulo. Luego de planear su fuga por unos días, Nora se comunicó con la familia y les pidió que la esperaran en la estación de Caballito.

 

Hasta el día de hoy, Nora y su familia, con el apoyo del abogado y la organización Madres Víctimas de Trata, siguen luchando para denunciar el entramado mafioso que se teje entre el Estado, la Policía, los proxenetas, los prostituyentes -mal llamados “clientes”-, y quienes actúan en complicidad, mirando para otro lado, como médicos, jueces, fiscales y políticos, para frenar la impunidad con la que se siguen llevando a nuestras mujeres.