Mailén Frías denunció haber sido violada varias veces por su ex novio, José Miguel del Pópolo, vocalista del grupo under "La Ola que quería ser chau". Además de realizar la denuncia correspondiente en la Comisaría Nº 29, Mailén subió a YouTube un video donde describe de forma cruda y directa lo ocurrido. Frente a estos hechos de violencia las mujeres no callamos

 

No fue morbo, no fue una llamada de atención. El video que subió Mailén Frías días después de ser abusada por su ex novio, fue un pedido desesperado de auxilio.

 

El video en cuestión, que detalla los abusos en primera persona, envalentonó a más mujeres para que salieran a denunciar los episodios que les tocó vivir. Entre las mujeres que rompieron el silencio apareció otra joven, Rocío, quien había sido víctima del mismo agresor. Este es solo un hecho más que nos permite visibilizar la situación en la cual se encuentran miles de mujeres que sufren situaciones de violencia por sus parejas, sus familiares u otros vinculos. No fue morbo, no fue una llamada de atención: el video que expone detalladamente cómo la abusaron y sometieron sexualmente es solo un rasgo más de la deficiencia de un sistema de salud cada vez más decadente -recuérdese que el último “aporte” del Gobierno Nacional respecto al tema fue cerrar el programa de educación sexual y reproductiva-. Nadie se expone ante el juicio de miles de cyber-usuarios por gusto, es apenas una medida frente a un gobierno que prefiere no ver, una sociedad que prefiere no escuchar y una moral demasiado hipócrita y conservadora construida directamente desde la Iglesia. Estas trabas generan que hasta el día de hoy no hubiera un abordaje adecuado que se centre en la educación para la prevención, la contención al momento del abuso y el acompañamiento del proceso de la víctima, sea cual fuere su edad o clase social.

 

Por eso a mucha gente le molestan las denuncias, le incomoda escucharlas, porque en el decálogo patriarcal no cabe la posibilidad de que una mujer denuncie. Por eso algunos, como Wallace, el cantante de la banda Massacre, sueltan comentarios poco empáticos sobre la conducta de la víctima. Y muchos ríen, porque prefieren no hacerse cargo. Porque a Mailén la violamos todos, porque este hecho, como los que suceden diariamente con miles de mujeres, nos encuentra en una docotomía en cual somos victimas y victimarios.

 

La cultura de la violación

 

La cultura de la violación es aquella que se le comienza a enseñar a la gran mayoría de los hombres y las mujeres ni bien tienen conciencia. Si tienen la suerte de no recibir estos mandatos en su casa, seguramente tarde o temprano los recibirán en alguno de los ámbitos educativos a los que concurran, los aprenderán de las relaciones con sus pares, en las revistas, en la vía pública, en la televisión, en la radio o a través de la publicidad. La cultura de la violación nos cría y nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida. Puede que te abandone tu madre, tu padre, tu novio o tu amiga, pero la cultura de la violación siempre va a estar cuando la necesites. Ella te contiene, te enseña cómo ser, cómo vestir, qué decir, cómo hacer. La cultura de la violación tiene una receta para cada una de las situaciones en la vida de una mujer y un hombre y las pone a fácil disposición del público.

 

“Muy sobreactuado todo. Re puta la mina, encima fea” son algunos de los comentarios que se leen en el “muro” de alguna de las cuentas que compartió el video. Quien escribe este comentario, alumno prodigio de la cultura de la violación, aprendió muy bien que, entre las mujeres solo “las lindas tienen sexo”. Esta línea de pensamiento es la que fomenta el consumo, los trastornos alimentarios, la baja autoestima y el afán por conseguir un ideal de belleza biológicamente imposible, sin importar lo que cueste, lo que duela, lo que suponga. La cultura patriarcal te enseña, educadamente, a agradecer que te violen siendo fea porque, aunque no lo creas, te están salvando del peor de los males de la cultura machista: no tener pareja.

 

La cultura de la violación te forma para que como mujer estés subyugada al placer masculino. La cultura de la violación se construye sobre el in-placer femenino. Y digo in-placer porque no es un desplacer o un desagrado, el placer femenino es una posibilidad que ni siquiera existe. Las relaciones sexuales, siendo mujer, con buena suerte se las transita, con mala se las sobrevive. La mujer de la cultura patriarcal no disfruta el sexo, cuida de él, lo raciona, porque este encarna al mismo tiempo su debilidad y su atributo. El sexo debe ser regulado por la mujer, ya que el hombre no puede contenerlo. La cultura de la violación fuerza al hombre a manejar un apetito sexual voraz e irrefrenable, que lo iguala con un animal y lo lleva a cometer todo tipo de actos irracionales “enceguecido por el placer”. La mujer entonces fracciona su capacidad de proveedora para que esta no se agote en las manos de su partener insaciable.

 

En la cultura de la violación del orgasmo femenino no se habla, no se pregunta, no se comenta. La masturbación femenina no solo no se promueve, -ni en la escuela, ni en el médico, ni en la familia-, sino que para muchas mujeres es un signo de depravación. Por ello la sociedad patriarcal desvía la libido de la mujer hacia otras áreas, especialmente las que se relacionan con el consumo. El hombre es el proveedor del dinero que la mujer podrá disfrutar, a cambio la mujer le entrega placer. En la sociedad patriarcal por lo tanto el marido es un proxeneta avalado.

 

Por eso hablar está mal visto, quien denuncia cualquier tipo de abuso de poder es juzgado y señalado, puesto en ridículo.

 

 

Porque todos construimos los valores y la tradición que justifica y naturaliza que te enseñen a sentarte como señorita, y a soportar las cosas “como un hombre”. Por aquel que te chifla, por el que te toca bocina, por el que te dice un piropo, en esos pequeños actos, ellos también te violan y te humillan, como hizo con Mailén el sábado pasado su ex novio. Por eso al mismo tiempo la situación nos molesta y nos desgarra, porque a Mailén la violamos todos y a todos nos violaron con Mailén.