Jorge Rafael y Belén jamás se conocieron. Son dos historias de vida paralelas y radicalmente distintas, que nunca llegarán a cruzarse pero que están atravesadas por un eje común: ambos fueron procesados y condenados por la Justicia Argentina. Si bien en poco se parecen sus causas, si pecamos de obtusos y simplistas, y nos centramos únicamente en el resultado final del proceso judicial (la condena) veremos que estas historias no distan tanto.

El es Jorge Rafael Videla, militar, genocida y dictador, quien fuera condenado, en el emblemático juicio a las Juntas (1985) a prisión perpetua. Pese a que el fallo fue confirmado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en 1986, el represor sólo cumplió cinco años de prisión porque en 1990 el presidente Carlos Saúl Menem lo indultó y dictó su excarcelación. En 1998 la Justicia determinó que las causas por robos de bebés a embarazadas cautivas en centros clandestinos de detención constituían crímenes de lesa humanidad y que, por ello, no prescribían. Jorge Rafael volvió a prisión, pero por su edad se le concedió el beneficio del arresto domiciliario. En 2010 fue juzgado en Córdoba y se lo sentenció a prisión perpetua a cumplirse en una cárcel común. Recién el 5 de julio del 2012, el ex dictador fue condenado a 50 años de cárcel por el robo de bebés, de los cuales solo llegó a cumplir uno, ya que el 17 de abril del 2013 Jorge Rafael falleció en una cárcel común.

Del otro lado está Belén,  tiene 27 años y vive en Tucumán, es una mujer común, o por lo menos lo era hasta marzo del 2014. Belén no es realmente Belén. Este es un seudónimo que debe utilizar para cuidar su identidad, de la cual fue privada junto con demás derechos. Pero el hecho central excede su nombre, y es que Belén acaba de recibir una sentencia a ocho años de cárcel común, por un crimen que nunca existió.

La madrugada del 21 de marzo de 2014 Belén llego al Hospital de Clínicas Avellaneda, en San Miguel de Tucumán. Tenía fuertes dolores abdominales, pero lo que la alertó fue el hecho haber orinado con sangre. Belén ingresó a la institución a través de la guardia. Dentro del hospital el médico que la atendió le informó a Belén que había sufrido un aborto espontaneo, en el cual había expulsado a un feto de 20 semanas de gestación. Belén afirmó desconocer que estaba embarazada, postura que se sostiene en todas sus declaraciones hasta el día de hoy, dos años después del hecho.

Hasta aquí ningún crimen.

Apenas terminó de atenderla, el medico a cargo informó a la policía del hospital sobre el hecho. Allí se cometió el primer crimen, pero casualmente no es realizado por la acusada. El primer crimen lo comete el medico cuando vulnera la privacidad del paciente, violando el secreto profesional. Este es apenas el comienzo de una larga serie de torturas físicas y psicológicas que recibió Belen.

Cuando se despertó en la Sala de Partos comunitaria la Policía rodeaba su cama de hospital. Los enfermeros habían registrado los baños de la institución y en uno de ellos habían encontrado un feto. Desconocían su origen, pero no se molestaron en hacer un ADN.  Aun así el feto fue tomado como evidencia para incriminar a Belén y como herramienta de tortura psicológica “Un enfermero me trajo el feto en una cajita y me insultó por lo que le había hecho. Yo le decía eso no era mío y me decía ‘mira este es tu hijo’” relató la joven a la justicia Tucumana.  Aquí sucede el segundo crimen que consta del maltrato psicológico a la paciente, pero en esa ironía constante que es la justicia, este tampoco es cometido por la acusada.

Los hechos siguientes se sucedieron cruelmente, como si se tratara de una película de terror. Belén es trasladada, ni bien mejora su estado de salud, a una prisión tucumana donde espera su sentencia durante 27 meses. La situación recrudece cuando, el 19 de abril del corriente año, los integrantes de la Sala III de la Cámara Penal de Tucumán, Dante Ibáñez, Néstor Macoritto y Fabián Fradejas, condenan a la joven a ocho años de prisión.

El fallo fue emitido a pesar de que en la causa nunca quedó en claro el tiempo de gestación que tenía el feto encontrado en el baño, con informes que indican desde menos de 12 semanas, hasta 32, sin que ninguno de los profesionales responsables justificaran sobre qué criterio basaron sus apreciaciones.

Pero ni siquiera esto bastó. La Justicia fue tajante y con una venda de sus ojos condenó a Belén. Si no se aceptara la apelación de la abogada defensora y Belén cumpliese su sentencia completa, al finalizarla, habría pasado la misma cantidad de años en una cárcel común que Jorge Rafael Videla.
Jorge Rafael Videla fue hallado responsable de numerosos homicidios calificados, 504 privaciones ilegales de la libertad calificada, aplicaciones de tormentos, robos agravados, falsedades ideológicas de documento público, usurpación, reducción a la servidumbre, extorsión, secuestros extorsivos, supresión de documento, sustracciones de menores, y tormentos seguidos de muerte.

Belén no es culpable de nada, al contrario, solo fue víctima de los abusos de poder de un sistema judicial corrupto y un sistema de salud que muchas veces actúa bajo la moralidad tradicionalista y pacata, segregando y excluyendo a los desprotegidos.

Así opera la justicia argentina, con la desfachatez de quien maneja arbitrariamente el poder. Así opera una justicia de clase, igualando a inocentes y genocidas. Así funciona la in-justicia en el reino del revés, des-cuidandonos y des-enseñándonos.

Hoy es Belén, mañana podría ser cualquiera de nosotras la que quede marginada de un sistema de salud sectario, que consiente que las mujeres pobres se desangren en las mismas camas donde las ricas se practicas los abortos -discretos , bajo la vista gorda del sistema policial y de salud-.  Por eso hoy gritamos, con bronca, con desesperación y con tristeza, pero más que nada con la impotencia que genera ver encerrado a un inocente. Por eso no vamos a olvidar a Belen, y no vamos a olvidar la injusticia y la hipocresía de penar un aborto. Porque ninguna mujer que decida sobre su cuerpo está cometiendo un crimen, por que Belén, hoy todavía en prisión,  no cometió ningún crimen, y si esto se niega es porque no hay mejor ciego que el que no quiere ver