El flagelo del dengue

Según datos oficiales, Argentina sufre la ola de dengue más importante desde el año 2009. Para los datos no oficiales, el subregistro de casos esconde el peor brote infeccioso de su historia

egún datos del Boletín Integrado de Vigilancia del Ministerio de Salud de la Nación del 06 de Mayo, en enero de este año nuestro país comenzó a sufrir la epidemia dengue (arbovirus que transmite el mosquito Aedes Aegypti) más difícil desde aquel fatídico año 2009. Existen 63.952 casos con sospecha de dengue: 32.441 corresponden a casos confirmados o probables y de adquisición autóctona, mientras hay unos 2.551 que son confirmados o probables que son de adquisición importada (en áreas de circulación del virus que no son los de la región en que se las registró). A estos casos podrían sumárseles otros casi 15 mil que están actualmente en estudio: para darle dimensión a estos números, hablamos de un 31,6% más de los casos registrados en el mismo período del año 2009.

 

La Ciudad de Buenos Aires es una de las más afectadas por el virus teniendo en cuenta que su tasa de infectados autóctonos cada mil habitantes es la más alta de la región centro y una de las mayores del país, siendo sólo superada por los niveles de infección de Misiones, Formosa y Chaco: hablamos de 2411 casos, un 78,9 cada mil, a los cuales habría que agregarle los 507 casos importados registrados. Los barrios de Constitución, Barracas, la Boca y La Zavaleta (villa 21-24) pertenecen a las localidades con mayor índice de enfermos por dengue autóctono y de contagios “importados” de personas que viajaron al interior o exterior del país.

 

A pesar de esta información oficial, desde distintos ámbitos vinculados a la salud se vienen denunciando que es sistemático y brutal el subregistro de casos relacionados al dengue, y que si se sumaran los casos no registrados podríamos estar ante el peor brote de dengue de nuestra historia. Por impericia médica al llegar el paciente o por las mismas trabas burocráticas que impiden coordinar los datos entre todas las instituciones médicas, sumado a la situación de conflictos laborales y despidos, la situación podría estar siendo mucho peor de lo que indican las cifras oficiales. Lo cierto es que hasta el día de hoy, el gobierno nacional no decretó ni ejecutó ninguna ley de emergencia sanitaria de alcance nacional.

 

Algunas campañas públicas de cobertura y prevención fueron realizadas en las comunas 1 y 4: se desplegaron poco más de 30 cuadrillas de fumigación en algunas manzanas y pasillos de los barrios más humildes, se apostaron cerca de 20 instalaciones móviles por Barracas, atendidos por profesionales de salud y equipo interdisciplinario que acompañaban los Centros de Salud y Acción Comunitarias (Cesacs) de las comunas. Omar, un profesional del CESAC 10 cuenta que “lo que se empezó a hacer fue con un equipo de especialistas integrado por distintas instituciones, Salud ambiental, gente del hospital Duran, el Pasteur y centros de salud de la zona, para intentar hablar con vecinos entregar folletería. Se intentó intervenir en los barrios. En la práctica fue un fracaso porque fueron intervenciones muy focalizadas”. Las aplicaciones para contrarrestar el avance del dengue no se enmarcaron dentro de una política general donde articularan por lo menos el Ministerio de Salud con el Ministerio de Medio Ambiente. A través de comunicados y movilizaciones, organizaciones gremiales como ATE y Ademys exigieron también algunas medidas, como la distribución masiva en escuelas y hospitales de repelentes, y más equipos de fumigación y de limpieza en espacios públicos.

 

No es casualidad que el mosquito vector haya encontrado la zona sur de la capital como el lugar más apropiado para criar sus larvas infectadas del virus. Los factores que incidieron en expandir la transmisión fueron, de acuerdo a especialistas, las condiciones insuficientes de hábitat y vivienda. Si existe en los barrios populares algún sistema de cañerías y servicio de agua potable, se quedan en muchos momentos sin presión y hay sectores donde directamente no tienen. Entonces, como señala el profesional de CESAC 10, “la gente recurre a la acumulación de agua para beber e higiene personal y la vida cotidiana mediante botellas, tachos, cacharros. Es un lugar que se reproduce los mosquitos y las larvas. Existen también espacios donde se acumulan distintos objetos y materiales reciclables, en los pasillos hay zurcos y pequeñas zanjas donde se reproducen los mosquitos”.

 

El problema de fondo, analiza Omar, “es la desigualdad social propia de un sistema en el cual hay sectores de la población cada vez más grandes, que no están insertos en el mercado laboral y por lo tanto no tienen los recursos para resolver las necesidades básicas. Respecto de las cuales el estado no tiene un interés real de resolver sus problemáticas.” Mientras hay inversión y decisión política para el embellecimiento de la ciudad, donde se mejoran algunas calles de los sectores más pudientes y espacios públicos como los parques, señala Omar como contrapunto que están ausentes las inversiones para cambiar las pésimas condiciones de vida de los que más padecen, a pesar de que siguen en vigencia las leyes de urbanización de villas. Esta situación del dengue muestra de forma “amplificada” la realidad de la pobreza y la marginación, y pocas veces se puede ver con claridad como hoy, la relación entre salud, hábitat y medioambiente.