En un rápido vistazo a Puerto Madero, se puede observar lo que advierten con preocupación muchos arquitectos y diseñadores urbanistas. La ciudad de Buenos Aires está dividida en dos: entre las delicias del norte y las carencias del sur o, en otras palabras, la creciente desigualdad ha llevado a que se enfrenten entre sí una ciudad hecha para una minoría, frente a una ciudad que está cada vez menos al alcance de los sectores con menores recursos.


Esto genera una disputa de poderes que por lo general está teniendo a las grandes corporaciones inmobiliarias como vencedoras y está afectando el derecho a la vivienda de los más humildes.


Una de las posibles nuevas víctimas de esta situación recurrente son los vecinos y vecinas de la villa Rodrigo Bueno, en pleno Puerto Madero, cuyo paisaje contrasta fuertemente con las torres y mega-emprendimientos construidos en los últimos 20 años. Lo cierto es que el barrio Rodrigo Bueno data del año 1984 y allí viven en la actualidad unas 4 mil personas, dispersas en un radio de alrededor de cuatro manzanas. Luego de realizar acciones de todo tipo y de presionar a las distintas gestiones de gobierno, la novedad es que la empresa inmobiliaria IRSA quiere avanzar a toda costa con la realización del emprendimiento Solares de Santa María, que contempla la construcción de torres, centros comerciales, hoteles, oficinas y diversos canales de agua en un predio de 70 hectáreas cercano a la Costanera Sur.

El empresario macrista Eduardo Elsztain, propietario de IRSA, sabe que hoy cuenta con el respaldo incondicional del presidente Mauricio Macri y del jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta para expandir sus negocios por todo el sur de la ciudad de Buenos Aires. Para ello necesita lograr el desalojo de la villa Rodrigo Bueno, cuyos habitantes recibieron a finales del año 2014 la pésima noticia de un fallo que revocó la orden de urbanización -hecha por la jueza Elena Liberatori- que les hubiera permitido tener acceso al agua potable, a un tendido eléctrico y a otros servicios básicos para que el barrio no sea un foco de enfermedades.  

Un reciente informe mostrado en el programa televisivo Tercera Posición, conducido en América 24 por el periodista Rolando Graña, dio cuenta de esta situación. Allí el defensor general de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Corti, afirmó que desalojar el barrio “sería inverosímil. Es un barrio que tiene toda una historia y sería imposible en términos políticos, jurídicos y sociales”. Por otra parte, Corti desestimó los intentos de IRSA y aseguró que se tiene que avanzar en el desafío de la urbanización del barrio, “algo realizable en términos materiales y prácticos”.

Los vecinos y vecinas están en alerta y preocupados por la situación, pero aún no toman dimensión de las acciones que podría llegar a tomar la Justicia con apoyo de la gigantesca empresa y del gobierno de la ciudad. “A nosotros ni se nos ocurre la posibilidad de irnos. Tenemos nuestra vida hecha acá, nuestros hijos nacieron acá. Yo tengo 37 años y ya van a hacer 16 años que estoy en el barrio. Nosotros queremos que nos urbanicen para así poder pagar los servicios, el ABL, etc., y así no sentirnos excluidos de la sociedad”, afirmó a Tercera Posición un comerciante del lugar. Otro vecino, Luis Espinosa, sostuvo que “es factible urbanizar y construir para arriba, ya hubo un estudio de factibilidad presentado por el arquitecto Jaime Sorín. Hoy la presión inmobiliaria influye mucho para que esto no suceda, tenemos un monstruo como IRSA enfrente”.

Desde la gestión de Mauricio Macri (2007-2015) hasta la actualidad, la ciudad de Buenos Aires ha visto afectado en preocupante medida el derecho a la vivienda. Aquí le cabe una gran responsabilidad a las autoridades gubernamentales, quienes junto a las grandes empresas constructoras e inmobiliarias han promovido la especulación en la compra y venta, el encarecimiento de los alquileres y los desalojos violentos, que hoy en día han hecho cada vez más difícil para los sectores de clase media-baja alquilar y ni hablar de acceder a la vivienda propia.

Fotos: Emiliana Miguelez