[TEXTO : Miguel Nicolás Monja /El 60]

[FOTOS: El 60]



Incansables. Dan clase en las calles, con frío, a la intemperie. Los recursos menguantes, el deterioro edilicio, las migajas salariales, no los desaniman. Sostienen la enseñanza como bandera inclaudicable ante el vendaval de críticas destempladas. Son profesores, ayudantes; son ejemplo. De vocación y de integridad. Son los rostros de los educadores que eligen sembrar cerebros y espíritus, sin resignarse nunca a la miseria intelectual planificada, a la apática y peligrosa indiferencia colectiva.
Quienes recorran estas breves líneas, sepan discernir entre los que se llenan la boca hablando de Educación, y aquellos que en cambio la ejercen y viven cada día.

Cecilia Hidalgo

Profesora Plenaria de la UBA – Seminario de Investigación anual (orientación sociocultural)- Facultad de Filosofía y Letras (Departamento de Ciencias Antropológicas)
Epistemología de las Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Sociales (Carrera de Trabajo Social)

Estudié siempre en instituciones públicas y después de los años de la dictadura, en que me desempeñé fuera de ellas, mi llegada como docente a la UBA se dio desde diciembre de 1983 con la recuperación de la democracia. Integré la cátedra de Epistemología del Prof. Félix Schuster, donde tomaban sus primeras clases universitarias los centenares de jóvenes que desde ese entonces ingresarían sin restricciones a las instituciones de educación superior. Esa experiencia estaba cargada de significados colectivos y personales. Significaba haber dejado atrás la represión y la violencia estatal, haber recuperado el derecho a una educación de calidad. El estudiantado estaba altamente motivado y los profesores sumaban a una gran formación intelectual el hondo compromiso científico y cultural con el desarrollo del país. A lo largo de los años y superada la etapa de transición democrática, el desafío fue renovándose y el compromiso se orientó a la inclusión, la equidad y la producción de conocimiento socialmente relevante.

En los últimos años el país ha hecho una apuesta estratégica alrededor de la expansión de la educación en todos los niveles. Quienes miran con ojos críticos esa expansión suelen señalar que la inclusión se ha dado en los números pero no ha sido acompañada por igual calidad. Tal vez ese sea el desafío más importante del momento: garantizar una calidad educativa general. En lo que atañe a la universidad, hoy la Argentina tiene una muy buena cobertura en lo territorial y el número de estudiantes es uno de los más amplios en toda Latinoamérica. Como lo fuera antes para los jóvenes de sectores altos y medios-altos, hoy para quienes provienen de sectores medios y bajos, la educación superior es accesible y forma parte de un horizonte de posibilidades reales. Hay muchos aspectos a mejorar: la relación ingreso/egreso aún es pobre, hay “islas de excelencia” en generación de conocimiento científico y tecnológico, y deben analizarse las formas de generalizar esta producción de calidad; la inserción laboral de los jóvenes con formación superior aún es deficitaria. Todos estos son problemas que debemos encarar, discutir y pensar de manera colectiva en cómo superar. Pero en modo alguno son excusa para desandar el camino recorrido en formación, innovación y creación institucional.

El gran temor del momento es que las políticas activas de distribución del ingreso y de apuesta estratégica a la educación y a la producción de conocimiento científico dejen de figurar entre las prioridades de la agenda política. Medidas que propongo: que no permitamos como ciudadanos que la educación en todos sus niveles y la formación en ciencia dejen de ser prioritarias, pues sin ellas perderemos autonomía en las decisiones estratégicas y en soberanía nacional.

Agustín Adúriz-Bravo 


Profesor Adjunto Regular con Dedicación Exclusiva en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.
 


Hice mis estudios secundarios y universitarios de grado en instituciones públicas (Colegio Nacional de Buenos Aires y Universidad de Buenos Aires). Trabajo en docencia e investigación en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales desde 1993, desde antes de graduarme como Profesor de Física. El grueso de mi carrera docente e investigativa se ha desarrollado en instituciones públicas. Además, he hecho estudios de posgrado en instituciones públicas del exterior (Universitat Autónoma de Barcelona en España y King’s College London en el Reino Unido) y, debido a mis tareas académicas, he transitado numerosas instituciones públicas y privadas, de distintos niveles educativos, en el país, la región y otras partes del mundo. Ello me permite comparar los sistemas público y privado y la educación argentina con las de otros países.


Por mi crianza, mi educación y mi ideología, encuentro la Universidad pública como algo “natural”, “dado”: un derecho conquistado que está aquí para quedarse y al que todos podemos acceder, aunque, lamentablemente, mi visión resulta cada vez más utópica en el panorama internacional (y ahora parece que nacional también). Quedan poquísimos países del mundo con educación superior pública gratuita y menos aún con sistemas de ayuda para que la mayor parte de la población pueda acceder a ella. Y sobre esto, (re)aparecen con cada vez más fuerza retóricas “de sentido común” acerca de lo superfluo de este derecho, del “mal aprovechamiento” que se hace de él, de la pesada carga que supone para el erario público, de la “ineficiencia” con que se gastan los dineros, de la necesidad de arancelarlo, etc.


En cuanto a enseñar en la Universidad pública, encuentro que es un deber, un privilegio y un deleite al mismo tiempo. Un deber como docente-investigador formado y financiado por el presupuesto público, con los impuestos de la gente: una forma de devolver la preparación de altísima calidad y el fomento y apoyo a mi trabajo como investigador que se me dan desde el Estado. Un privilegio, por la alta calidad que tiene el sistema universitario argentino, que supone tener que esforzarse consistentemente para tener un cargo de docente-investigador y para poder hacer carrera académica en ella. Un deleite, por la calidad del estudiantado, su motivación y compromiso, y por los espacios de pensamiento, debate y crítica que se nos permiten y se nos garantizan en estas Universidades.

Hoy en dia veo que son tiempos complicados para la educación en general, y la universitaria especialmente, porque se trata de dispositivos antiguos que no han sabido adaptarse completamente a los nuevos tiempos: nuevas finalidades y valores para la educación y nuevos “destinatarios” de esta educación, que ahora es “para todos”. La segunda respuesta tiene que ver con la calidad: si bien en nuestro país hay problemas de todo tipo que es posible reconocer y que se han agudizado en las últimas décadas, la educación pública argentina sigue teniendo una alta calidad comparada con el resto de la región y el mundo en general. Sin embargo, la inequidad es un problema claro de nuestro sistema que se debería atacar.

Creo también que para mejorar la educación publica necesitamos formación continuada, gratuita y de calidad para el profesorado; mejor visibilidad social (“lavado de cara” frente a las opiniones negativas tan extendidas socialmente); medidas de fomento de la escuela primaria y media públicas para que a ellas asistan niños/as de diversos perfiles socioeconómicos, sin “segmentación” del sistema; becas y otras ayudas para los estudiantes de todos los niveles; construcción, refacción y equipamiento de los edificios.

Ale Papa


Docente FADU

Hace 20 años que estoy en la FADU, desde que empecé el CBC nunca me fui, ya forma parte de mi vida, es como mi segunda casa. Ser docente es un desafío constante. Al frente de la clase uno crece como profesional y como persona.
En FADU lamentablemente estamos acostumbrados a trabajar en situaciones desfavorables y de cualquier manera seguimos adelante. Pienso que deberían destinarse más recursos para mejorar la educación pública como base de nuestra sociedad. 


Uno de los grandes problemas de la UBA es que gran parte de los docentes no cobran por su trabajo. Resolver el problema de los docentes ad-honorem es vital para poder mantener un equipo de trabajo en el tiempo.

Tamara Chorny 

Jefa de Trabajos Prácticos – (Materia Medios Expresivos I, Cátedra Groisman, Carrera de Diseño Gráfico, FADU, UBA)

Empecé a dar clases mientras cursaba el último año de la carrera, hace más de 13 años. Para mí es un orgullo dar clases donde me formé y soy una agradecida a la educación pública ya que también fui a un colegio del estado.

Hay un montón de problemas con los que tenemos que lidiar cada cursada, por momentos es desgastante y en otros terminan formando parte del folklore que es dar clases en la UBA. Estamos acostumbrados a improvisar, resolver y seguir.

En países como EEUU por ejemplo, los estudiantes contraen deudas por miles de dólares por años para poder ir a la universidad, mientras que acá tenemos educación gratuita y de primer nivel. Esa gratuidad se sostiene gracias al aporte de toda la sociedad, pero también gracias a un montón de gente altamente capacitada que trabaja sin ver un peso, algo que lamentablemente está naturalizado.

Leandro Cerliani 

En el segundo cuatrimestre de 2002 cursé Medios Expresivos 2 (Diseño Gráfico) y mi docente era Martín Groisman, Profesor Adjunto de esa materia junto con mi compañero de aquel entonces tuvimos una muy buena cursada y él nos ofreció sumarnos como ayudantes a la cátedra que armando para el año siguiente. No lo podíamos creer. Fue una alegría y un orgullo recibir esa propuesta así que aceptamos con gusto. Desde marzo de 2003 hasta hoy formo parte de la Cátedra Groisman.
La FADU es parte mi vida: no solo me dio una carrera que amo sino también algunos de mis mejores amigos y a mi mujer, con la que hoy tenemos una niña. Para mi es muy natural estar ligado a ese espacio. Por otro lado, dar clases es una responsabilidad muy motivadora por que somos testigos y parte activa del cambio que ocurre en la gente que llega a nuestros talleres. La experiencia que gano en mi recorrido profesional busco compartirla y volcarla en el ámbito académico y lo que pasa en la facultad me enriquece como diseñador. Estamos todo el tiempo aprendiendo y evolucionando, docentes y alumnos, en sinergia constante.

En general, el sistema educativo (sobre todo el secundario) parece haber agotado sus recursos y es necesaria una actualización: no solo de contenidos sino fundamentalmente en la forma en la que se dan esos contenidos. Pero no hay que olvidar que la escuela pública cumple un rol de contención social que va mas allá de le mera transmisión de conocimientos… Se le esta pidiendo que patee los centros y vaya a cabecear.
En cuanto a la Universidad, el modelo de educación pública y no arancelada es un referente de calidad y tenemos que mantenerlo vivo. En los últimos años en nuestra facultad se sumaron cátedras, los alumnos llegan motivados y con inquietudes, aparecieron nuevos espacios de exposición y debate: no hay que dar marcha atrás en todo lo que se avanzó. Queda mucho por mejorar y, claramente, los recortes y tarifazos no son la formula del éxito. Excluir al alumno que esta en una situación vulnerable y hundir la universidad pública sería un fracaso enorme para todos como sociedad.

Por otro lado esta faltando presupuesto para resolver problemas edilicios, salarios docentes acordes a las tareas desempeñadas (la mayoría de los docentes de nuestra facultad son subrentados o ad honorem), fortalecer las carreras de grado. Además es vital el desarrollo de políticas educativas con proyección de mediano y largo plazo: nada se resuelve en un día pero la educación no es un gasto, es una inversión y el estado tiene que hacerse cargo de lo que le corresponde.

Pablo Strozza 

Ayudante de cátedra de Medios Expresivos 1, Cátedra Groisman
Llegué a dar clases por mi amistad con Martín Groisman, el titular de la cátedra, quien me convocó por mis dotes profesionales. Para alguien como yo, que se formó en todas las instancias de la educación pública, dar clases en la universidad es mi manera de devolverle al Estado lo que el Estado invirtió en mí en su momento. Y, al mismo tiempo, me permite saber de primera mano en que anda la juventud en cuanto a consumos culturales y formación educativa previa a la instancia de la Universidad. A la educación publica hoy la veo como siempre la vi: mal. No noto diferencias entre cuando yo estudiaba hace 20 años en la UNLZ y hoy en la UBA. A ningún gobierno le interesa o le interesó invertir en educación. Prefieren una clase ignorante para poder ser manejada a gusto y placer. Contra eso hay que pelear: para que nuestros hijos sean mejores que nosotros..
Para mejorar esta situación seria bueno que todos los hijos de todos los funcionarios públicos, sin excepción, deban estudiar en la educación pública. Y por otro lado aumentos de presupuestos para las universidades y de sueldo para los docentes.


Manuela Ventura
Docente Ad honorem.

Todavía soy estudiante de diseño gráfico de UBA. Curse medios expresivos hace un par de años, y después me convocaron para ser ayudante. Amo la FADU, creo que lo que soy hoy, es en gran parte gracias a lo que me dio la universidad. No solo desde lo académico (que sin duda es mucho), sino desde lo humano. Amigos, colegas, gente con la que hoy laburo. Para mi es un espacio sagrado, de intercambio, de encuentro, de aprendizaje. Y me encanta poder estar del lado de la docencia, (todavía creo que aprendo más de lo que enseño!!). Poder compartir mi pasión por el diseño, y trasmitirlo a los que recién se embarcan en el desafío de estudiar una carrera universitaria. Compartir y expandir eso que tanto me dio la universidad.

La educación pública es un derecho. Y es uno de los pilares que tiene nuestro país. Algo de lo que estar orgullosos. Se poco de lo que sucede en las escuelas públicas, fui a una privada, y siempre me arrepentí de no haber ido al Buenos Aires. Pero se que el nivel esta bajando mucho. En cuanto a las universidades, particularmente la mía, me impacta su calidad, los docentes, el compromiso de los alumnos. Pero veo que cada vez hay más quilombo. En realidad siempre hubo luchas con respecto a salarios, programas de estudios, acceso, etc. Pero pareciera que se está poniendo más complicado. Muchos docentes laburamos por amor, (en mi caso tengo la suerte de poder hacerlo), pero muchos reciben sueldos muy alejados de su labor, compromiso y necesidades. Las instalaciones también están muy venidas a menos, un poco el lema de la FADU, es hacer con lo que hay. Y si hay poco, entonces mayor el desafío. Si uno aprende a laburar así, después está listo para cualquier cosa!! Pero a veces es cansador. No andan los enchufes, no funcionan lo proyectores, en invierno nos cagamos de frió, no cierra ninguna ventana. Cada vez que uno sube al ascensor tiene miedo de quedarla ahí. Hicieron obras para mejorar el acceso, pero entrar suele ser cada vez más un caótico.

Sin duda necesitamos más presupuesto. Que el Estado, más allá de su discurso, impulse con medidas concretas y significativas la educación. Que los docentes sean valorados como corresponde, que más alumnos puedan formar parte, que los establecimientos mejoren. La educación pública es todo, es donde se forman los profesionales y las personas que van a seguir construyendo nuestro país. Un espacio hermoso, y gigante de transformación; Es donde aprendemos a ser mejor personas.

Natalia Vinelli 

JTP en Teorías y Prácticas de la Comunicación II –Adjunta a cargo en el seminario optativo Televisión alternativa, popular, comunitaria – Carrera de Ciencias de la Comunicación Fsoc UBA

Comencé a trabajar como docente en 1999, poco después de recibirme, invitada por el titular de la materia. Encontré un equipo de trabajo muy interesante que me permitió formarme en el campo de la comunicación y la cultura. Hasta ese momento no había pensado en una carrera académica ni en un trabajo docente, así que era todo nuevo para mí. Al año sabía que era lo que me gustaba, y eso sumado a mi decepción del periodismo (mi trabajo hasta entonces, siempre en condiciones precarias) hizo que me volcara por completo a la docencia. Al tiempo pude concursar y regularizar mi cargo y de a poco ir avanzando, aunque hay muy pocos cargos y el techo salarial es bajísimo.
Para mí trabajar en la universidad pública es un compromiso. Toda mi formación fue pública: la primaria, la secundaria, la universidad. De esta manera puedo devolver algo de lo que aprendí, colaborar para formarnos como sujetos críticos. La verdad es que disfruto estar en el aula y la relación que se genera con los alumnos y las alumnas.

La educación está sufriendo un proceso de desfinanciación enorme, y parece sostenerse más por el aguante de la comunidad educativa que por las políticas educativas. Los salarios docentes universitarios estaban congelados desde el año pasado y hubo que llenar la calle de estudiantes y docentes para que el gobierno realizara una oferta parcialmente aceptable. Pese a esto, el nivel sigue siendo de excelencia, aunque cada vez contemos con menos recursos. Por eso es necesario mantener el alerta y la movilización.

Para mejorar esto necesitamos un aumento del presupuesto educativo. Por supuesto salarios docentes y no docentes dignos, boleto universitario y recursos didácticos; financiamiento permanente para la investigación, articulación con otros niveles educativos y con la comunidad.


Andrés Scharager


Docente carrera sociología de la facultad de Ciencias Sociales

Para entrar en la docencia universitaria hay que tener vocación y yo tenia muchas ganas de dar clases en la carrera en la que me había formado, tenia mucho interés por temas académicos, tenia ganas de enseñar y hacer un poco lo que habían hecho conmigo.
Lo que tiene de interesante la universidad publica es que el juego esta abierto a definir que es lo que tiene que hacer una universidad publica, a que se tiene que dedicar, en que tienen que consistir esas funciones primordiales que tiene toda universidad nacional que no son solo la docencia sino la extensión en investigación, este es un juego que esta abierto en lo político y en lo académico y en la mezcla de estas dos cosas que es justamente el campo en el que se disputan la función de la universidad y por lo tanto observo que la universidad publica cumple un rol muy importante y creo que es un ámbito en el que se puede pelear para que tenga un rol aun mayor, que no deja de tener sus claroscuros pero sin dudad es un ámbito al que hay que apostar.

La educación universitaria tuvo mucha expansión en los últimos 13 años y sobre todo en los últimos 7 u 8 pero en general tuvo gran desarrollo en la matricula, en la creación de nuevas universidades, creció la cantidad de graduados, se dio un fenómeno muy rico y muy interesante en el conurbano bonaerense a partir de la creación de nuevos centro de educación superior en los distintos municipios con la llegada a sectores sociales donde estas posibilidades de estudiar no se habían dado, de nuevo tenemos en argentina nuevas generaciones de universitarios. Ahora lo que tenemos en disputa es que queremos como universitarios, ¿queremos una formación enciclopedista? ¿queremos una formación profesionalista? ¿cual es la relación entre universidad y estado? cual es la relación entre universidad y mercado? Que significa hablar de una universidad autónoma? Son cosas que estuvieron en juego y están mas que nada en juego ahora, estuvieron muy en discusión en este ultimo mes y medio de conflicto enorme que hubo en la educación superior en la argentina y que no se veía desde el 2001 cuando Lopez Murphy anuncio el recorte a las universidades y básicamente estas pararon y tumbaron al ministro de economía, tenemos un escenario hoy muy complicado porque no solo amenaza las universidades nacionales al rechazarse aumentos salariales acordes o mayor a la inflación, por otro lado tenemos en discusión que rol que rol político tenemos hoy, que voz tiene que sentarse en los debates públicos, que tipo de formación quieren dar, que significa hablar de una universidad critica, que significa hablar de una universidad con compromiso social, son discusiones que a medida que bajen las aguas de esta amenaza tremenda que tuvo al educación publica que no se apago pero quizás empiece en estas semanas a menguar, son discusiones que quizás se puedan reflotar y hacer estas preguntas que son urgentes .
Creo que la marcha del 12 de Mayo fue un síntoma de apoyo popular que nos sorprendió un poco pero al fin era la respuesta que esperábamos, creo que en caso de que no se hubiera visto este tipo de apoyo con todo lo que sucedió en contra de la educación estamos en el horno, la esperábamos por la tradición de lucha que hay en general en defensa de la educación publica que tiene la sociedad argentina donde todo esto cumple un rol muy importante mas haya del deterioro o mejoras, esto demuestra que esta valorado socialmente, ahora que este valorado socialmente no significa que no haya otros sectores sociales que tengan otra visión de la universidad y eso es importante también, porque las operaciones gubernamentales en contra de la educación publica cuentan con bases de apoyo social y estas bases no son menos precisables, pueden tener mas o menos peso en los debates públicos en general pero hay sectores que tienen poco interferencia publica o mas aun tienen quizás intereses distintos a que tiene que ser una universidad publica ahí vuelve la pregunta de que universidad queremos, si es que queremos una educación que sea afín a las dinámicas del mercado de trabajo, por ejemplo las multinacionales como Techin teniendo fuerte intervención en la Facultad de Económicas o en la de Ingeniería o los laboratorios teniendo fuerte influencia en la Facultad de Bioquímica, hay que ver todo esto en conjunto porque me parece que esto también forma parte de la sociedad argentina.


Con respecto al los problemas de los últimos meses si bien tenemos un principio de acuerdo la solución real no se va a dar en el marco de un proyecto político nacional como el que tenemos hoy en día y esa la realidad porque este proyecto para la implementación de su plan económico y plan de reformas del estado argentino y de las políticas que se implementan desde el estado requieren de ciertos recortes y virajes en políticas de acceso a la educación superior, hoy se esta buscando retrotraer la situación universitaria a momentos de suma debilidad que hemos tenido en estas instituciones en décadas pasadas por lo cual las soluciones viables yo creo que van a estar disponibles en la medida que se ponga en jaque a un modelo de estado , un modelo de gobierno que común a sus aristas tiene que implementar las medidas que esta usando en la universidad por eso sostengo realmente que una solución parcial como las que tenemos hoy siempre es precaria.