Acoso en la vía pública

Delito de ser mujer

El pasado 18 de julio Constanza Santos fue intimidada en público por dos oficiales femeninos debido a que estaba amamantando a su hijo en una plaza de San Isidro. Aseveraban que se encontraba violando una ley que prohíbe amamantar en lugares públicos. Cuando Constanza les pidió que le especifiquen cuál era esa ley, las oficiales se negaron y pretendieron retenerla en la comisaría por resistencia a la autoridad. Mejor dicho, por resistir, eso que no le gusta a muchos.

¿Desde cuándo está prohibido ser humano?, ¿Cuándo fue que nos empezó a parecer obscena nuestra condición natural?, ¿Todo tiene que ser tan privado, reservado e industrial que nos haga olvidar los seres biológicos que somos? Pareciera que lo que no incluya dinero, intereses y sobre todo lo que no conlleve amor hoy no está permitido.

 

El caso de Constanza Santos es un ejemplo trascendido de una lógica ridícula que desde hace muchos años mantiene nuestra sociedad. Sin embargo, este hecho particular me resulta más ruidoso y repugnante que un simple comentario conservador de aquellos que les da pudor ver al pecho de una mujer cumpliendo su función. Este caso rompe una nueva barrera. Va mucho más allá de un sentido común sectario. Este caso incluye a una institución oficial. Este caso incluye a la policía local de San Isidro, lo que significa que se respondió a una ideología instaurada escalones más arriba.

 

Que dos oficiales argumenten la existencia de una ley que prohíbe amamantar en lugares públicos para demorar en una comisaría a una chica de 22 años es una contradicción a la vida en sociedad. Un razonamiento pronto se hace la siguiente pregunta pregunta: Si las leyes regulan el comportamiento en una sociedad, y si la sociedad está compuesta por personas, y esas personas son, obviamente, humanas, ¿cómo puede ser que se prohíba o se busque prohibir cualquier tipo de acto puramente humano? Que las dos oficiales hayan sido mujeres poco me importa, aunque magnifique la ridiculez del hecho, pero me acostumbré a no esperar ningún tipo de empatía de los y las que visten uniformes.

 

Meses atrás conocíamos la decisión que había tomado el gobierno de turno de dotar de plena facultad de pedir identificación a cualquier persona que se encuentre por la calle. Parece ser, quizás, debido al supuesto delito de existir. Lo que ocurrió con Constanza materializa una nueva limitación a la vida. No hablo de ningún derecho, porque considero que ser mujer y ejercerlo no se trata de ningún derecho que deba asegurarse desde cualquier Estado, sino que es una mera condición natural de vida.

Nunca lo olvidemos, la fuerza policial responde al gobierno de turno y ejerce su actividad, se supone, para asegurar la paz entre los miembros de una sociedad. Hoy está siendo utilizada para quitar derechos, para privarnos de libertades y para paralizarnos ante el avance feroz de un capitalismo salvaje. No dejemos que esto ocurra. La primera defensa a vencer es la fuerza policial. No pido que iniciemos una guerra contra ellos, solamente sepamos, estemos atentos y afrontemos todos los abusos, los que recibimos y los que caen sobre los demás. Que los derechos adquiridos no se resbalen de nuestras manos como granitos de arena, sigamos gozando de nuestra obligación (más que derecho) de ser.