El Borda en jaque

En el presupuesto 2017 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, propuesto por el ejecutivo hace apenas unos meses y recientemente refrendado en la Legislatura porteña, se vislumbra una importante partida destinada al área de Salud, y más específicamente a la reconversión del Hospital José T. Borda y Braulio A. Moyano en un Polo de Neurociencias.

El gobierno de CABA continúa con su avanzada sobre la salud mental pública.

 

En el presupuesto 2017 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, propuesto por el ejecutivo hace apenas unos meses y recientemente refrendado en la Legislatura porteña, se vislumbra una importante partida destinada al área de Salud, y más específicamente a la reconversión del Hospital José T. Borda y Braulio A. Moyano en un Polo de Neurociencias.

 

La situación en los hospitales Borda y Moyano es particularmente complicada en la actualidad. Hace años que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires viene subejecutando el presupuesto de estos nosocomios, en sintonía con los recortes en otras áreas de salud y cultura que ya son moneda corriente de la gestión que llevó adelante Mauricio Macri y hoy continúa Horacio Rodríguez Larreta. También hay que recordar el negocio inmobiliario que pretendía llevar a cabo el PRO en 2013 y el nefasto desenlace que tuvo: la policía reprimiendo a pacientes, médicos, trabajadores y periodistas.

 

Lo que pasa hoy no es más que la continuación de una serie de políticas privatistas: en la Legislatura porteña se aprobó recientemente un proyecto para instalar un laboratorio de neurociencias dentro del predio del Borda y Moyano. Dicho de esta manera, parece una gran innovación en el campo de la psiquiatría. Sin embargo, la realidad es que se está disponiendo una suma millonaria de dinero en dos psiquiátricos que se vienen abajo, no sólo en la parte edilicia, sino que también en lo que a la administración de sus escasos recursos representa.

Como si fuera poco, poner en marcha el polo de neurociencias implica darle espacio dentro de un manicomio a empresas que producen psicofármacos para que experimenten con los pacientes que allí se atienden.

 

Otro de los motivos por los cuales la comunidad médica se opone a la puesta en marcha de los nuevos laboratorios, es que éstas especialidades piensan al paciente como un sujeto que ante determinados estímulos externos se comporta “biológicamente” de manera anormal. Lo que le importa a la neurociencia es encontrar dónde y cómo la mente libera distintos químicos que afectan su funcionamiento. Dicho de otra forma, a la neurociencia no le preocupa el entorno o la integración de las personas con padecimiento mental: lo que esta disciplina busca es medicar para suprimir un comportamiento no deseado.

 

Esta visión se opone directamente con los lineamientos que tiene la actual Ley de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires, que se centra en la integración y acompañamiento de los pacientes, devolviendoles la subjetividad en pos de una correcta reinserción social. A su vez, viene a poner un freno a las largas internaciones advirtiendo que es un método que no beneficia ni a la institución psiquiátrica ni a la persona con padecimiento psíquico. Para ello deben establecerse una serie de “barreras de contención” como las Casas de Medio Camino y diferentes dispositivos del sistema de Salud que deben apostar al correcto desarrollo y evolución del proceso personal de cada sujeto.

 

Una de las partes fundamentales de la Ley se refleja al plantear una interdisciplinariedad dentro del Sistema de Salud, rompiendo así con la hegemonía de la medicina psiquiátrica tradicional. Esto posibilita a los psicólogos y las psicólogas a ser jefes de servicio como así también a otros profesionales del ámbito social y de la salud.

 

Desde el Grito del Sur nos contactamos con Cecilia Peretti y Sara del Valle, dos estudiantes de la Facultad de Psicología de la UBA, que participan en el “Pan del Borda” y el “Taller del Tomate” (ambos talleres que realizan actividades en el Borda), y al respecto de la normativa vigente nos comentaron que “La ley de Salud Mental piensa a la salud de manera integral, en la que el sujeto que tiene algún padecimiento mental no es un loco delincuente o un objeto, sino que es un sujeto de ley, un sujeto de derecho. Derechos que son garantizados por esta ley.

El problema es que no hay recursos. No se está poniendo plata para que la ley se aplique efectivamente. Además, más allá del tratamiento, algo que ocurre es que cuando vos externás a una persona y no tiene nada para hacer, porque no va a conseguir trabajo de un día para el otro, probablemente vuelva al sistema manicomial. Lo que plantea la ley es la desmanicomialización: es una mirada distinta en lo que respecta al padecimiento mental. Eso posibilitaría generar puestos de trabajo y otras actividades. La ley contempla la creación de cooperativas de trabajo, el problema es que no se otorga presupuesto”.

 

Cabe remarcar la importancia que tiene esta arista ya que es una de las que se ve amenazada por la construcción del Polo de Neurociencias. Este proyecto se retrotrae a las épocas anteriores a la Ley coartando toda posibilidad de lograr una interdisciplina y ponderando nuevamente el modelo tradicional de la medicina que patologiza y abstrae al sujeto de su entorno y la realidad por la que se ve atravesado.

 

En diálogo con Doyel Gutiérrez, Presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Psicología de la UBA, identificaba como uno de los principales problema el hecho de que “hay un conflicto de intereses. El gobierno tendría que bregar por sostener los servicios públicos cuando en realidad brega por sostener sus negocios inmobiliarios”. La comunidad académica no se encuentra exenta de estos hechos sino que por el contrario, se ve profundamente involucrada. La Facultad de Psicología tiene arraigada las leyes de Salud Mental y políticas como la reconversión de dos hospitales monovalentes en hospitales de neurociencias son percibidos como un fuerte ataque a éstas. “Ya que se hable de neurociencias implica no basarse en lo que plantea la Ley de Salud Mental” agregó.

Un dato, para nada menor, a tener en cuenta es que la decana de dicha casa de estudios responde a la Unión Cívica Radical (UCR) por lo que el ajuste aplicado por el Gobierno Nacional se vive también dentro de las paredes de la Universidad. “El Estado viene teniendo una posición de recorte.” afirma el representante estudiantil al tiempo que suma “las cátedras con perspectiva en salud mental son atacadas por su orientación, por vincular la carrera con el territorio” para explicar cómo se vive el ajuste en el ámbito estrictamente universitario.

Para sintetizar el debate que se abre en torno al proyecto del macrismo, Gutiérrez sostuvo “el debate no es si las neurociencias están bien o están mal, sino al servicio de quién las quiere poner el gobierno” y con un panorama más que claro de la situación actual, sumado al oscuro historial en materia sanitaria del PRO, no hay dudas de que será “al servicio de las corporaciones biomédicas, farmacéuticas que van a utilizar como lucro un hospital público”. Aquí radica principalmente el dilema.

 

No es secreto el desinterés que muestra Cambiemos por las áreas públicas, por ello que no sorprende la voluntad de privatizar los servicios y derechos que brinda el Estado. El caso del Borda es uno entre varios, es por eso que no se puede comprender la reconversión de ambos hospitales como un hecho aislado o casual: tiene un marcado correlato con el pasado reciente cuando se pretendió hacer un negocio inmobiliario en el predio de las instituciones psiquiátricas; la represión del 2013; el recorte presupuestario y la subejecución; el achicamiento en materia de planes sanitarios; por solo enumerar algunas de las medidas llevadas adelante por quienes llevan las riendas no sólo del distrito porteño sino también de la política nacional. El segundo semestre no llegó a las principales áreas como Educación, Salud y Cultura, pero sí lo hizo con las farmacéuticas e instituciones privadas que, apañados por la CEOcracia, llenan sus bolsillos a costa del vaciamiento del Estado, pero por sobre todo, de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad.