Muchos porteños fuimos criados así. Nos dijeron que era halagador, caballeresco, que incluso valía si se pasaba un poquito de tono. Que a las mujeres les gusta, que es de malevo y tanguero, que el que bate el mejor piropo es el más Don Juan del barrio.

Muchos porteños fuimos criados así. Nos dijeron que era halagador, caballeresco, que incluso valía si se pasaba un poquito de tono. Que a las mujeres les gusta, que es de malevo y tanguero, que el que bate el mejor piropo es el más Don Juan del barrio.

Pero en el camino uno aprende. Y por suerte aprende a desaprender. Y también aprende que la forma en que llamemos a las cosas, necesariamente condicionan nuestra manera de percibirlas. No es lo mismo un genocida que un patriota, un pibe de barrio que un negro de mierda, un yanqui que un americano. Los mal llamados piropos no son otra cosa que lo que deberíamos llamar acoso callejero. Son aquellos excesos verbales con connotación sexual que suelen afectar la integridad de muchas personas, en su mayoría -aunque no siempre- mujeres o trans,

Cuando el acoso se convierte en femicidio muchos se rasgan las vestiduras. Pero la cuestión es poder atacar las raíces de las prácticas machistas y por eso durante la tarde de hoy la Legislatura porteña votará un proyecto para prevenir y sancionar el acoso callejero.
La medida fue presentada por el legislador Pablo Ferreyra y busca legislar sobre el acoso verbal o físico en espacios públicos. En la letra chica de la ley se prevé que aquellos que hostiguen, maltraten o intimiden a una persona, cualquiera sea su género, raza u orientación sexual podrán ser condenados a pagar hasta $1.000 pesos o 10 días de trabajos de utilidad pública.

Para los que se ríen o lo minimizan, los que le parece chabacano y banal, los que se toman el tema para el descanso y la burla, les recomiendo terminar leyendo aquellos aspectos que pena la ley: comentarios sexuales, fotografías y grabaciones no consentidas, contacto físico indebido o no consentido, persecución, arrinconamiento, masturbación y exhibicionismo. Ahora pensá que más de una vez le pasó a tu vieja, a tu novia, a tu hija y a tu hermana. Si todavía te parece un tema menor, por favor, la próxima marcha no te saques una foto con el cartel de #NiUnaMenos.