Parecen lejanos los días en que Cambiemos se rasgaba las republicanas vestiduras, aullando contra el supuesto autoritatismo de CFK. A días de asumir como presidente, Macri había firmado más DNU que Cristina en cuatro años. Es que para virar el timón del rumbo que dejó "la pesada herencia" hubo que tomar medidas drásticas

Por Tomás Martínez

 

Parecen lejanos los días en que Cambiemos se rasgaba las republicanas vestiduras, aullando contra el supuesto autoritatismo de CFK. A días de asumir como presidente, Macri había firmado más DNU que Cristina en cuatro años. Es que para virar el timón del rumbo que dejó “la pesada herencia” hubo que tomar medidas drásticas. Claro, bajo el amparo de los Arcanos Mayores de los medios masivos, se muestran como acciones ineludibles para volver a ser “un país serio”. Previsible. Con los pies dentro del plato del FMI. Pero detrás de la mascarada fashion de estos nuevos proxenetas de la Patria, sabemos que emana la misma podredumbre de los intereses que pusieron al país de rodillas hace quince años. Designaciones de CEOs en cargos ejecutivos, excenciones de impuestos y retenciones a pooles megaempresas y demás vampiros, modificación de las ART y la modificación del régimen de feriados, todos con un común denominador: se gobierna en contra de los trabajadores y las trabajadoras. 

 

Macri es coherente, no nos engañemos. No con el que fuera su discurso, o incluso sus actuales declaraciones. No es eso lo importante. Coherente y consecuente con los intereses que defiende. “La defensa de la competitividad productiva y el cumplimiento del ciclo lectivo”, fueron los argumentos esgrimidos por el presidente para acabar con los feriados puente. Eufemismos. En definitiva, se trata de un guiño al patrón, y un pescadito para las bestias que braman contra “la vagancia” y que componen el discurso extraoficial macrista que enamora a su base electoral. Y como frutilla del postre, otro recordatorio para la plebe descamisada; “pensaban que podían comprarse celulares, irse de vacaciones…”. Hay que aligerar peso. Por la borda, primero, las conquistas.

 

 

La modificación de la Ley de ART no requiere lecturas forzadas. “Disminuir la litigiosidad”, es el equivalente macrista para decir que ahora trabajadores y trabajadoras estarán todavía más lejos de la justicia. De aquí en más, será excluyente el “visto bueno” de las Comisiones Médicas Jurisdiccionales para poder empezar un juicio contra empleadores o aseguradoras. El ordenamiento jurisdiccional se antepone como paso previo para dilatar la llegada a la Justicia Laboral, en la cual prima el principio de protección del trabajador o la trabajadora. Osea que cualquier laburante que haya tenido un problema de salud sin resolución satisfactoria quedará a la merced, en primera instancia, del criterio de un grupo de médicos que designan la Superintendencia de Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones y la Superintendencia de Riesgos del Trabajo en concursos de dudosa transparencia. Sin contar que pueden cruzarse aprietes, acomodos, etc. En el mejor de los casos, otro escalón burocrático. Infranqueable. Que desgaste y desaliente. De apariencia inocuo, pero que suma un obstáculo enorme a la hora de encarar una lucha para equilibrar una balanza que de por sí tiene mucho peso en el plato contrario. Un ahorro para las empresas, un número verde en las cuentas de los patrones. Y un paso más, pequeño pero seguro, en dirección a la flexibilización laboral que el macrismo forja con paciencia. Y con los gradualistas obligados a caminar por la tabla hasta ser engullidos por las olas, el avance en esa dirección promete ser aún más vertiginoso.

 

Pero, ¿hacia dónde fija el rumbo el gobierno de Macri, qué horizonte fijó con su golpe de timón? Aguas conocidas, recetas neoliberales. El ataque al mundo del trabajo. Los hechos despejan las controversias: más de 150.000 despidos. El peor año para el consumo desde el 2002, porque el bolsillo parece pinchado. Profundización de la precarización laboral. Hay etcéteras para rato. Pero tomemos un ejemplo concreto para ilustrar la moneda de dos caras que resume la disputa actual: el convenio frustrado con McDonald’s. Un acuerdo que otorgaba mano de obra barata a una de las multinacionales más poderosas del mundo, socavando la propia base del mundo del trabajo a través de la instauración de un empleo joven precarizado y flexibilizado. Un acuerdo que fue detenido por la lucha de varios sectores del sindicalismo y encabezada por la juventud de la CTA. Así queda plasmado un panorama que muestra un cielo encapotado al mismo tiempo que la senda a seguir. Cuando trabajadores y trabajadoras se organizan y a través de sus centrales dan muestra de combatividad, cuando avanzan y refutan a tibios y sectarios, es posible ganar la pulseada. Evitar que el barco encalle en las mismas costas que en los 90s. Esa es nuestra tarea, hasta que tengamos la fuerza para que el timón sea nuestro.