Por Pablo Ferreyra

En estos días estamos asistiendo a un cambio cultural trascendental en la sociedad argentina: en el Congreso Nacional fue aprobado un proyecto que legaliza el uso del cannabis medicinal, algo que hasta hace unos años parecía un imposible.

Este logro responde a la lucha que han llevado adelante los familiares de aquellos niños y niñas que sufren diversas enfermedades que han encontrado en el aceite de cannabis un tratamiento superador al ofrecido por la medicina tradicional.

En la Legislatura porteña, impulsamos un proyecto de Ley que va en el mismo sentido, y que ha sido acompañado por todo el Bloque del FpV, y legisladores de los bloques Suma+ y Partido Socialista Auténtico.

El uso terapéutico exitoso del cannabis medicinal es un hecho de reconocimiento global. De primera mano hemos conocido numerosos testimonios de pacientes y familiares en las jornadas que organizamos en la Legislatura. La historia de madres que habían escuchado por primera vez la voz de sus hijos, luego de las mejoras que el tratamiento les brindó.

Pero en nuestro proyecto le hemos dado también un papel central al cultivo, propio y solidario, del Cannabis para fines medicinales. Porque creemos que uno de los problemas que pueden devenir si no se contempla el cultivo son los negociados de laboratorios privados, que encarezcan además la producción. Y la falta de apoyo a la producción nacional que ya existe, termina imposibilitando además el conocimiento preciso de aquello que se termina importando.

Creemos que es nuestro deber estar a la altura de los desafíos que la propia sociedad se da, en este caso, rompiendo con arcaicas conceptualizaciones que tanto daño han provocado. Como Legisladores impulsamos este tipo de leyes con la plena conciencia de entender que el desafío es seguir ampliando derechos.