De por qué machismo y macrismo tienen tanto en común

¿En qué se funda la construcción del discurso macrista? ¿Cuál es su relación con las principales fibras que sostienen la dominación machista? Dalia Cybel intenta esbozar una respuesta en la siguiente nota.

Hablar del rol de los medios de comunicación masiva en la construcción de un discurso hegemónico y la imposición de un sentido común no es algo nuevo ni original. En la ultima década, en nuestro país, la aparición de ciertos conflictos políticos, económicos y sociales evidenció de  manera notoria la importancia que puede tener la construcción de un discurso, resignificando algunos términos como «grieta», «herencia» o «campaña del terror» que tomaron para siempre una nueva connotación. Hace más de 50 años Michel Foucault ya escribía en su primer libro «Las palabras y las cosas» : «Los códigos fundamentales de una cultura —los que rigen su lenguaje, sus esquemas perceptivos, sus cambios, sus técnicas, sus valores, la jerarquía de sus prácticas— fijan de antemano para cada hombre los órdenes empíricos con los cuales tendrá algo que ver y dentro de los que se reconocerá.»

Lo que quiero analizar en este artículo son dos notas periodísticas que, aunque a simple vista no parezcan tener relación directa, intentaré enlazar a través de sus puntos en común. Ambos textos fueron publicados por los dos diarios más importantes en la Argentina, tanto por el alcance de su tirada, como por su rol en la historia del periodismo argentino: Clarín y La Nación.

La primera nota se refiere a la participación de la gobernadora María Eugenia Vidal en el lanzamiento de la ampliación del SAME a Provincia. Lejos de contarnos sobre el carácter político del evento, el articulo se detiene en la importancia del nuevo look aggiornado de la Gobernadora, que vestía en este caso, «un vestidito coral». La misma nota dice que María Eugenia Vidal es lo «suficientemente inteligente como para saber la importancia que, para alguien con su nivel de exposición pública implica la imagen»

La importancia dada a la apariencia de la Gobernadora reafirma un modelo mediático que sobrevalora la apariencia física de la mujer, construido sobre el estereotipo de la «mujer-maniquí». Se intenta correr así el foco de la posibilidad de las mujeres de accionar políticamente, para reinsertarlas en el terreno de la pasividad, donde su primera y principal ocupación debe ser estar «bellas», «coquetas» y «recatadas»,ya sea para su marido, para la iglesia o para el conjunto de la sociedad patriarcal.

Este mismo accionar se intentó aplicar a la anterior presidenta Cristina Fernández de Kirchner, cuando para argumentar en su contra muchos periodistas se basaron en que usaba calzas o en que lucía carteras de marcas reconocidas internacionalmente (como Luis Vouiton) en lugar de analizar su accionar político. Resulta importante recabar en dos datos destacables: primero, la introducción del personaje de Juliana Awada como asesora de vestuario de Vidal, Awada, quien en diversas notas acepta haber relegado sus proyectos personales para acompañar la carrera política de su marido cumple el rol de  «hada madrina del buen gusto», quien enseña a Vidal sobre belleza y modales, casi como si la retrotrajera al lugar «natural» de cualquier mujer. A su vez Vidal concede ciertas declaraciones sobre la dieta que le permitió bajar 15 kilos, gracias a un medico del equipo de Cormillot, reforzando una vez más que la mujer debe ser flaca, y que si no le es en forma natural por lo menos debe ser esta una de sus principales preocupaciones.

La segunda nota que tomaré en consideración se publicó en el día de ayer en el diario La Nación. En este caso se vuelve a recaer en una temática que permitió desprestigiar el homenaje a una de las mujeres más luchadora de la historia latinoamericana: Juana Azurduy.

Mucho se habló del emplazamiento del monumento a Juana Azurduy en la parte trasera de la Casa Rosada. Que el despacho presidencial fuera custodiado por una mujer, india, mestiza y luchadora, no pareció acorde a los valores de gran parte de la sociedad, menos aún al tratarse de un regalo del Presidente de la República Plurinacional de Bolivia Evo Morales. Las críticas no tardaron en llegar,más intensas aún tras el traslado de la estatua de Cristobal Colón, aquel navegante Genovés, blanco, europeo, caucàsico y heterosexual, cuya llegada constituyó el primer paso de una racia casi total contra los pobladorxs originarios del continente americano.

La ultima de una serie de largas notas sobre el caso La Nación habla del monumento como un «capricho» del anterior gobierno, desprestigiando no solamente la figura de Azurduy sino el intento bilateral en el cual dos países latinoamericanos buscaron reivindicar el papel de una mujer como líder de una lucha. Según La Nación el gobierno planea trasladar la escultura de Juana por que obstaculiza los planes de restauración que buscan «recuperar» el eje histórico porteño.

Estas medidas no resultan sorprendentes ya que el mismo Andres Zerneri, escultor de dicho monumento le contó personalmente a esta cronista las trabas que el gobierno actual puso para la finalización de la escultura. Esta serie de decisiones posibilitó hablar posteriormente de la supuesta «mala construcción», del «deterioro prematuro» y del posible derrumbe del mismo. No está de más recordar que el gobierno logró, mediante a una serie de continuos boicots, desalojar al escultor de su taller en el predio de la Ex Escuela de Mecánica de la Armada, donde estaba finalizando el proyecto de la escultura a los pueblos originarios.

Es fundamental subrayar que el traslado de la escultura de Juana Azurduy está lejos de ser una inocente reformulación del trazado urbano, para ser un hecho completamente político. No solo reafirma una vez más el sistema patriarcal -en el cual una mujer luchadora no puede ser la cara visible de nuestra ciudad, mucho menos si es capaz de liderar un ejército libertador-, sino que al mismo tiempo ridiculiza las medidas del gobierno anterior, dirigido por una mujer, tratando las decisiones de «caprichos».

No son pocas las mujeres que el gobierno actual está desprestigiando: en estas fechas hemos visto como ni siquiera las Madres y Abuelas de Plaza de mayo se salvan de la banalizacion de su lucha. Basta con escuchar la entrevista realizada por La Naciòn al Secretario de Derechos Humanos Claudio Avruj y reparar en la forma en la cual caracterizó a Hebe de Bonafini.

Por estos motivos, y por muchos otros es fundamental afinar en estos «detalles linguisticos» y analizar aquellos mensajes que surgen entre lineas, para entender que cuando hablamos de «Ni una menos» hablamos de políticas públicas inclusivas, de cambios sociales reales que nos permitan despatriarcalizar. Porque para decir ni una menos no basta con levantar un cartel.

Nota 1: http://www.clarin.com/politica/vestidito-coral-cambio-look-preguntas-millon_0_HkrYT0b2e.html Nota 2: http://www.lanacion.com.ar/1998772-dos-monumentos-de-un-capricho-a-otro http://www.lanacion.com.ar/1998771-planean-mudar-a-la-estatua-de-juana-azurduy