Los universitarios visitan a Milagro Sala

En San Salvador de Jujuy es una noche agradable y se respira un cierto revuelo en la ciudad: mañana comienzan los carnavales. En medio del clima festivo, un grupo de estudiantes universitarios de todo el país nos damos cita en la Sede Central de la Tupac Amaru ubicada en la calle Alvear 1152. El motivo: ir al Penal de Alto Comedero al día siguiente a visitar a Milagro Sala. Es la primera vez que el Movimiento Estudiantil organizado se acerca a verla, a llevarle su apoyo, a “darle fuerza”. Lo que nunca imaginamos es que ella sería quien nos llene de fuerza a nosotros y nosotras.

Por Sara del Valle*

Viernes 24 de Febrero 22:30hs. En San Salvador de Jujuy es una noche agradable y se respira un cierto revuelo en la ciudad: mañana comienzan los carnavales. En medio del clima festivo, un grupo de estudiantes universitarios de todo el país nos damos cita en la Sede Central de la Tupac Amaru ubicada en la calle Alvear 1152. El motivo: ir al Penal de Alto Comedero al día siguiente a visitar a Milagro Sala. Es la primera vez que el Movimiento Estudiantil organizado se acerca a verla, a llevarle su apoyo, a “darle fuerza”. Lo que nunca imaginamos es que ella sería quien nos llene de fuerza a nosotros y nosotras.

Nos reunimos en la Sede Central. Frente a ella se ubica la Escuela y el Terciario construidos por la Tupac. Ambos edificios se presentan imponentes. Luego sabremos que allí se forman los mejores agentes sanitarios del país. Más tarde también sabremos de las asambleas masivas, de las materias especiales que incluyen los planes de estudio -como autoestima e historia del movimiento obrero-, de las más de 10.000 personas que pudieron terminar sus estudios primarios y secundarios gracias a esta escuela y sus anexos.

Recorremos las instalaciones mirando con asombro retratos del Che Guevara, de Tupac Amaru, de Evita, fotografías de Evo Morales, pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo. Nos sorprende sentir que en estos pasillos verdaderamente se respira lucha. Nos informan que nos alojaremos aquí. Y sí, la Sede Central tiene espacio para alojar a cuarenta compañeros, para ofrecer un colchón a cada uno -aquellos que Morales intentó quemar-, baños con duchas. Hace sólo una hora que llegamos y ya se siente la inmensidad y calidez de la Tupac. Nos anticipan que si esto nos pareció mucho mañana en el barrio quedaremos boquiabiertos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Antes de descansar nos reunimos en el tercer piso, los compañeros de Jujuy nos cuentan el estado de situación. Se habla de persecución, de allanamientos a vecinos y vecinas, de amenazas de muerte a punta de pistola, de golpes a embarazadas que terminan perdiendo a sus bebés, de drones que los siguen en las marchas, de saqueos, de compañeros que ya no militan porque tienen miedo. Suficiente por hoy, a descansar, mañana Milagro nos necesita fuertes.

Sábado 25 de Febrero. El reloj marca las nueve, pero el sol de Jujuy quema como si fueran las doce. La tropa universitaria se dirige al barrio Alto Comedero, al famoso y controvertido cantri. Es difícil pasar desapercibidos en la ciudad, somos 32 remeras de diversos colores políticos y los jujeños saben, si de política se trata, que Milagro está presente. Es así que no tardamos en escuchar frases de apoyo pero también de repudio.

“Bienvenidos al Cantri de la Tupac Amaru” dice la leyenda del cartel ubicado en la entrada del barrio. Nos recibe un tupaquero, “El Turco”, quien nos va a acompañar el resto del viaje. Ahí mismo comienza el recorrido y nos encontramos con la primera fábrica, la cual producía ladrillos y bloques de hormigón. Sí, producía, porque ya no produce más. Al igual que todas las fábricas que veremos en el barrio se encuentra cerrada. Veinte mil puestos de trabajo menos; los tiempos del cooperativismo se han terminado.

Las calles del barrio se adornan con murales. Nuevamente el Che, Evita, Tupac Amaru y la bandera wiphala se hacen presentes. Cada tanque de agua en cada casa tiene alguna de sus caras. Este no es cualquier barrio.  Caminamos algunas cuadras y aparece el Centro de Salud, a su lado un Centro de Rehabilitación Integral, el cual cuenta con pileta climatizada y parque de juegos para personas con capacidades diferentes en sus alrededores. Nos dicen que el nivel de atención era de tal excelencia que la gente adinerada de Jujuy concurría para atenderse. Ambos centros fueron saqueados durante largas y sombrías noches de impunidad. Ambos se encuentran cerrados.

Bajo el potente rayo de sol continuamos el recorrido. Muchos escuchamos hablar de las piletas construidas en los barrios por la Tupac, por eso en las mochilas traemos nuestros trajes de baño, los cuales permanecerán guardados. No habrá refresco para el calor de Febrero porque el parque acuático está frente a nosotros, pero cerrado. La pileta sin agua, sin la algarabía de los chicos. El gobernador Morales dispuso que allí se construyera una cancha de futbol. Ahí mismo, sobre la pileta, una cancha innecesaria porque a sólo dos cuadras el barrio ya cuenta con una. No hay lógica, lo que abunda es el revanchismo y la destrucción. En el centro del barrio se ubica una réplica del Templo de Kalasasaya donde se celebran ceremonias religiosas andinas. Pues, la obra de Milagro Sala hace fuerte hincapié en la revalorización de la cultura de los pueblos originarios. Todo tiene sentido: los murales, el Templo, las terminaciones de las casas y edificios. No se trata únicamente de cuestiones materiales. La Tupac Amaru se ha encargado de disputar sentidos, de crear conciencia, identidad y sentimiento colectivo.

Por último, nos dirigimos al Centro Cultural. Allí nos espera María del Rosario Castillo, quien nos abre las puertas y comienza a mostrarnos el lugar. Canchas de básquet, taller de cerámica, sala de computación, teatro, biblioteca y microcine. Todos los espacios se encuentran abiertos y a disposición de la comunidad. María nos cuenta que, antes, alrededor de 300 chicos asistían a los talleres. Hoy, después de las amenazas y el intento de saqueo, no llegan a 50. Nos dice que los perros que vemos en el lugar los trajo “para que ladren mucho y hagan lío si alguien intenta meterse y robarse todo”. Junto a dos compañeros se encargan del cuidado del espacio. No entienden como alguien puede destruir algo tan hermoso que comprende a los vecinos y vecinas, que ya no se acercan por miedo o porque tienen que volver a las changas, al trabajo indigno y mal pago. Y es que el cierre de las cooperativas los ha dejado sin trabajo. Con la voz quebrada nos dice: “nos dejaron sin nada, sin trabajo, sin sueños, pero no importa, yo la voy a esperar a la Milagro y vamos a salir de esta”. El silencio de la sala se interrumpe por el aplauso espontáneo del grupo estudiantil. Nuestras caras se llenan de lágrimas. Habíamos escuchado esas historias, pero sentirlas en primera persona cala hondo y duele como si de nosotros y nosotras se tratara. Y es que sí, en definitiva, Milagro somos todos y todas.


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Nos vamos del barrio con el pecho cerrado y un gusto amargo en la boca. Lo que pasa en Alto Comedero es terrible. Pero algo es seguro, bajar los brazos no es una opción. La lucha continúa.

El reloj marca las dos de la tarde, la multitud llega a las puertas del Penal de Alto Comedero.  El plan es claro: algunos irán a la calle trasera que linda con el patio de la cárcel para saludar a Milagro desde afuera cargando la bandera que expresa la voluntad de los y las: “ESTUDIANTES POR LA LIBERACIÓN DE MILAGRO SALA”. El resto esperará su turno para entrar. Tres grupos, de siete jóvenes cada uno, tendremos la oportunidad de ingresar a ver a “la Flaca”, como la llaman los tupaqueros. Un kiosco frente al penal nos resguarda de la calurosa tarde. La espera se hace larga. Nuevamente no pasamos inadvertidos: treinta y dos jóvenes frente a la cárcel sólo pueden tener un objetivo. Los autos que pasan frente a nosotros nos hacen llegar desde un “vamos a volver” hasta un “ustedes van a terminar en el paredón”. No podemos olvidar que Jujuy es una provincia de orígenes conservadores.

Nos informan que no podremos ingresar con las remeras de nuestras agrupaciones políticas. Nada que tenga una inscripción partidaria pasará la requisa. De libros mejor ni hablar… los regalos para Milagro quedarán afuera. Varios comienzan a improvisar cartas manuscritas, todos y todas queremos dejar una palabra, un mensaje de aliento.

La monotonía de la espera se quiebra por una tormenta. El cielo se cubre, la lluvia es torrencial. Nos amontonamos bajo un toldo, un poco de agua no va a amedrentarnos.

Por fin ha llegado el momento, vamos a ingresar. Los compañeros que se quedan afuera nos piden que la abracemos fuerte, acercan una nota, nos despiden con una sonrisa. Las lágrimas quedarán para más tarde, ahora es momento de cargar una bolsa enorme y pesada repleta de fuerza y apoyo a la compañera Milagro. Y como si esto fuera una película, y quien sabe si de casualidad, el sol comienza a salir de entre las nubes, la tarde se ilumina como por Milagro.

El penal de Alto Comedero no es lo que era. Una tupaquera nos ha hecho saber que cuando Milagro llegó, hace un año, el lugar se encontraba en condiciones deplorables. Una vez que la interna Sala comenzó a tomar notoriedad y los organismos de DDHH empezaron a venir, no quedó otra opción que darle un lavado de cara al lugar. Agrandar la fachada, pavimentar calles y mejorar las instalaciones de las internas fueron algunas de las modificaciones. Hace poco más de cuatrocientos días esto era una ranchería. Entramos al penal, nos piden nuestro DNI. Ya saben a quién venimos a ver. Nos preguntan el parentesco con la interna, “es compañera” dice alguien en la fila. La mirada de las oficiales no es muy amable. La respuesta correcta es “ninguno”. Es que la yuta no sabe del sentimiento compañero.

Entramos a la requisa y lo primero que nos dicen de un grito es que hoy ya hubo muchas cartas. Algunas lograran pasar, otras no. Todo lo que involucra a Milagro se ha vuelto muy arbitrario. Nos miran de arriba abajo, se burlan de lo que dicen nuestras cartas, se burlan ante las caras de desazón de los compañeros que no logran que sus cartas pasen. Después de palparnos uno por uno, pareciera ser que cumplimos los requisitos. Pantalones largos y remeras sin escote. Estamos listos para pasar.

La guardia cárcel abre la reja del patio al grito de “¡Sala!”. Cruzamos el umbral tímidos y ansiosos, de repente aparece ella. “Hola compañeros”, nos da un abrazo a cada una y dice riendo “están muy secos, dónde los ha pillado la lluvia?”. Bajo los árboles del penal, su familia ha dispuesto una larga mesa, alrededor de ella unos quince familiares. Pasa que hace unos días fue el cumpleaños del nieto de Milagro y hoy se festeja como a ella le gusta, con banquete. Budines, masitas, gaseosa, chizitos, palitos y la infaltable torta. “Coman chicos eh” nos dice. Por un momento los muros de la cárcel desaparecen, la calidez de ésta mujer nos hace sentir en casa. Sentada a la cabecera de la mesa, tomada de la mano con su marido, Raúl Noro, comenzará a contarnos que ella empezó a militar en el Partido Justicialista a los catorce años, que se fue en los 90 cuando vendieron los ferrocarriles, que nunca más quiso saber nada de partidos políticos, que no quería juntarse con Néstor. Cuando accedió le pidió bolsones de comida, a lo que él respondió: “ te voy a dar planes de vivienda, te va a sobrar plata y ahí vos elegís, o te lo quedás o empoderás a tu movimiento”. Después de ver las instalaciones de Alto Comedero la respuesta resulta obvia.

“Corten la torta para los chicos, acerquen las gaseosa”. Milagro quiere que la visita esté bien atendida. Desde que está presa organizó a sus compañeras para conquistar derechos: más días y horas de visita, uso del teléfono y mejoras en las condiciones habitacionales. Se es líder en cualquier lado, supongo.

Hace unos días a Milagro le sumaron tres causas judiciales. Se la imputa haber agredido a tres personas, las cuales todavía no se sabe quiénes son. Ella nos cuenta que no quiso escuchar al fiscal, aprovechó ese momento para decirle que él era el delincuente y dejarle en claro “hasta de qué se va a morir”. Milagro dice que el delito que ella cometió es “darle cosas a los negros y los pobres”. Que la sociedad no aguanta que “un indio tenga una 4×4”. Quiere que veamos fotos de cuando las instalaciones funcionaban. Sabe que la gente tiene miedo, pero así y todo “hay compañeros que se están organizando por debajo del poncho”. Nos dice que somos el mañana, que el futuro está en nuestras manos, que tenemos que luchar primero por la patria, por los trabajadores y en última instancia, por ella. Nos transmite la fuerza que vinimos a darle. Sabemos que no está bien, que la persecución a ella, a su familia y a sus compañeros le duele, que hay días que se niega a comer. Es que tanta injusticia hace mella en el corazón de esta luchadora. Pero como tal, no se mostrará así. Mujer fuerte si las hay, aparece entera, cálida y risueña frente a nosotros y nosotras.

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La tarde cae en el penal y la visita va llegando a su fin. La mesa de cumpleaños se desarma y los aires de hogar se pierden en el vacío inmenso del patio. Milagro nos abraza bien fuerte, nos pide que no lloremos y nos dice “el 7 y 8 de marzo hay que estar en la plaza. Ni cagados ni pecho frío los quiero”. Nuevamente pide que la organización y la lucha continúen, y asegura que nos volveremos a ver en Plaza de Mayo porque ni bien la larguen se va para allá. Cruzamos la reja, atravesamos el penal pegados al alambre del patio. Del otro lado, Milagro nos saluda y grita con sus brazos en alto: “Viva Perón, Venceremos Compañeros!!”.

Después de la visita, nos dirigimos al “Desentierro del Diablo”, festejo que da inicio al carnaval. Todos los años la Tupac Amaru organizaba este festejo pero en esta oportunidad no están los ánimos para realizarlo. A pedido de Milagro, organizaron de todas maneras el desentierro. Por eso cuando la visitamos nos dijo “vayan al desentierro que lo organizó “La Pachila”, se van a divertir”. Y allá fuimos. La Pachila, tupaqueros y tupaqueras, y el mismísimo abogado de Milagro nos recibieron con alegría, dispuestos a explicarnos el ritual y compartir la celebración. A liberar los deseos reprimidos, a vivir un momento distendido con los jujeños y jujeñas. El festejo terminó con cánticos pidiendo por la liberación de Milagro.

Domingo 26 de Febrero. Esta mañana, Raúl Noro, esposo de Milagro, nos espera en su casa. Una compañera de la Tupac pasa a buscarnos por la sede. La lluvia de verano una vez más nos acompaña.

Varios compañeros nos comentaron que la casa de Milagro es la casa del pueblo, que muchos de ellos realizaban las tres comidas ahí. De hecho, la puerta no está cerrada con llave, entramos como si nada. Noro nos recibe al grito de “hay una invasión de jóvenes en mi casa, no sé si tengo sillas para todos”, dice mientras se ríe. La casa está llena de fotos familiares, de momentos felices. Estar ahí confirma lo que ya sabemos, que ella no amasó una fortuna, que no tiene objetos de lujo. Que su casa no es una mansión. Es linda, sí, es una casa como la que deberían tener todos los trabajadores y trabajadoras, una casa digna.

Charlamos con Noro sobre la obra de la Tupac, sobre aquello que se construyó de forma colectiva en doce años y se intenta borrar de un plumazo. Del plan integral de la Tupac que apuntaba a la creación de valores colectivos, a que las personas entiendan que el bienestar está relacionado a la organización, a trabajar y a cuidar del otro: “Yo soy vos, y vos sos yo”, como dice Milagro.

Son las once y media y Noro interrumpe la charla. Es domingo, hoy la visita en el penal, es exclusiva para la familia y él tiene que comprar algunas cosas para “la Flaca”. Nos despide, nos agradece, nos pide que no abandonemos la lucha.

Salimos a la calle, una vez más la lluvia ha parado, y el sol vuelve a asomarse como por Milagro.

(*) Consejera directiva por la mayoría estudiantil en la Facultad de Psicología – UBA