“Terminé entendiendo que éramos un número para la muerte”

Oscar Luna nació en el ´61. Pero como había repetido un año el destino, el azar y una dictadura en búsqueda desesperada de legitimidad quisieron que fuera a Malvinas con los pibes de “la 62”. Oscar es psicólogo, padre de dos hijos y desde 1982 y para siempre es un ex-combatiente.

 

Oscar Luna nació en el ´61. Pero como había repetido un año el destino, el azar y una dictadura en búsqueda desesperada de legitimidad quisieron que fuera a Malvinas con los pibes de “la 62”. Oscar es psicólogo, padre de dos hijos y desde 1982 y para siempre es un ex-combatiente. Habla con naturalidad y se ríe bastante mientras cuenta un relato paradójicamente triste. “A nosotros nos ha costado y nos sigue costando volver porque ese hecho nos marcó de tal forma que uno se pregunta cómo recobrar el sentido de existencia cuando uno dejó todo en un momento y en un lugar”.

“Fui con un grupo de Marina que estuvo en Puerto Argentino cinco días después de tomar Malvinas y constituimos el apostadero Naval Malvinas. allí Estuvimos en el barco Bahía Buen Suceso, que realizaba el transporte logístico entre los barcos de mayor calado y Puerto Argentino. Allí comenzamos a formar parte de la compañía del apostadero naval, donde estuvimos haciendo pozos en la ciudad, que funcionaban como refugios antiaéreos. Finalmente yo y un grupo de pibes terminamos combatiendo con Infantería de Marina”. Oscar cuenta que quedó en la lista de los que tenían que ir al frente. Que era difícil, pero que era más jodido separarse de los compañeros con los que habían estado tanto tiempo. El compañero de Oscar pidió ir al frente con el resto de su compañía. “Estuvimos juntos hasta el final y volvimos los dos. Hubo pibes que no volvieron”.

El trasfondo político atraviesa el relato y al mismo tiempo permite desandar ciertas preguntas. Una guerra descoordinada, una pantalla de humo para movilizar a una población golpeada hasta el hartazgo, torturada, silenciada y desaparecida. Y la vida de los soldados, la mayoría muy jóvenes y sin mayor preparación, puesta sobre el tablero como una pieza más del juego. “Yo tenía poquísima formación militar. Había tirado tres tiros en mi vida contra un cartón que no se ni a donde le pegué. Esa era toda mi práctica y después de esos dos meses -donde entrené en Punta Indio- estuve en una oficina civil-militar. Cuando empezó la guerra tomaron pibes de manera aleatoria. Era evidente que yo no estaba preparado. Yo le dí muchas vueltas al tema y terminé entiendo que éramos un número para la muerte. En “Dar la muerte” Deleuze plantea que uno da la vida todo el tiempo, pero que en este tipo de situaciones lo que uno da es la muerte, uno se dispone a morir. Eso después resulta ser in-levantable, porque uno quedó ahí. Parte de la muerte de uno quedó ahí”.

Oscar cuenta que la posibilidad de estudiar, de analizar la situación y tomar distancia le permitió desarrollar una mirada crítica del hecho. “No sentirse un heróe. Y entender que venir y saber que hay compañeros que no han vuelto genera una deuda de vida, una cierta culpa. Yo creo que un ex combatiente debería tener un lugar distinto en la sociedad, no por haber estado sino porque es un lugar que implica una responsabilidad. Un ex combatiente no puede decir cualquier cosa, es un actor importante de la historia y eso me parece que hay que seguir trabajándolo, y que es un debate necesario”.

Hace menos de medio año la canciller Susana Malcorra declaró que “Malvinas ya no es un tema prioritario en la relación con Gran Bretaña”. Para Oscar estas declaraciones no pasan de largo.”Hay un punto que duele, que lastima, que preocupa que es la política de la seducción, la fascinacion , la alianza estratégica con Inglaterra, donde Argentina cede posiciones políticas con intención de que primen los negocios, Estas declaraciones son una puesta en escena para decir que dejamos la soberanía como cuestión pendiente, pero que impulsemos una alianza con Inglaterra”.

“Fuimos a una guerra dentro de un proceso miliar, de una dictadura. Peleamos junto al enemigo y perdimos contra otro enemigo aún mayor, que es el Estado Inglés. Pero hay algo que no procesamos, porque a mí que me digan “son los pibes de Malvinas” y cada 2 de abril me vengan a hacer un homenaje, no me resulta significativo si no recobramos un sentido profundo de qué fue Malvinas para este país”, concluye Oscar, uno de esos ex-combatientes que tuvo la suerte de transformar la experiencia de la guerra en testimonio para el futuro.