Tras el abandono de sus dueños, que no se presentaron a las mediaciones, los trabajadores de la pizzería “Mi Tío” comienzan a armar una cooperativa para mantener sus fuentes de trabajo.

Desde fines de marzo de este año, ocho trabajadores de la tradicional pizzería “Mi Tío”, ubicada en la intersección de las calles Defensa y EE. UU., en pleno barrio de San Telmo, mantienen tomado el lugar, protegiendo su fuente de trabajo, ante el abandono de los dueños Héctor Raúl Villarroel y María Marta Romero. Luego de dos intentos de mediación, con la inasistencia de estos últimos, los trabajadores aseguraron que los trámites para formar una cooperativa ya están iniciados y que cuentan con el aval del Ministerio de Trabajo para ello.
Hermógenes Romero tiene 58 años y lleva cuarenta como empleado en la pizzería fundada en 1974. Todos los días viaja una y hora media en colectivo desde su casa en Berazategui. Asegura que la situación en la cual hoy se encuentran es parte de una estrategia que Villarroel y su socia comenzaron hace aproximadamente dos años cuando comentaron a los trabajadores la idea de vender el local. Para ese entonces, Hermógenes recuerda a los dueños como personas “sin iniciativa y desganados”, que no se preocupaban por el mantenimiento de la pizzería. Sin embargo, fue a partir de enero de 2016 cuando las circunstancias se agravaron ya que se sucedieron atrasos e informalidades en los pagos de vacaciones, aguinaldos y aumentos. El detonante fue en octubre del mismo año cuando los trabajadores descubrieron que no se estaban efectuando los aportes jubilatorios ni las coberturas médicas.
El miércoles 29 de marzo, Hermógenes llegó a su trabajo temprano por la mañana y se encontró con las persianas bajas. Desconcertado, no obtuvo respuesta cuando intentó comunicarse con María Marta; desde entonces, reclama, “los dueños se borraron”. Luego de hablar con los abogados y sus compañeros decidió entrar al negocio y abrir sus puertas. “Nos fijamos qué mercadería había y si podía hacerse algo. Vimos que daba para hacer unas pizzas y abrimos. No teníamos nada de bebidas pero los abogados nos ayudaron comprando unos cajones de cerveza.” Ese mismo día definieron un plan de lucha y dieron a conocer el reclamo a los vecinos y clientes, quienes según Hermógenes “se portaron de manera increíble” y resultan una de las principales fuentes de apoyo para poder mantener los empleos. Como los dueños de la pizzería no eran poseedores del inmueble, los trabajadores cargan también con la obligación de poder pagar el alquiler; sin embargo, los propietarios ya les confirmaron que de tener los papeles en regla van a poder seguir rentando sin problemas.

Eugenio Navarro, trabajador de la pizzería “Mi Tío”

Eugenio Navarro, mozo con treinta años de antigüedad, destaca la unión que se forjó entre los trabajadores a partir del momento de la toma del negocio. “Antes los dos turnos estábamos más separados, ahora todos luchamos por la misma causa”. Para él, el conflicto tiene una sola solución: “tienen que entregar”. Es que de los ocho trabajadores, cinco cuentan con al menos veinte años de antigüedad en la empresa. “No pueden pagarnos la indemnización, es mucha plata”, afirma Eugenio, quien además llama a la pizzería como “ex Mi Tío” y se anima a postular nombres para bautizar la cooperativa como “El aguante” o “La del barrio”. Eugenio es optimista, atiende el teléfono, a la clientela y a sus compañeros que recién se incorporan. Él ya pasó toda la noche durmiendo en un colchón que prestaron los vecinos y se prepara para ir a descansar a su casa en Valentín Alsina, al menos por unas horas.