Marta Rosendo y Jorge Quiroga, de la Junta de Estudios Históricos de Constitución, repasaron la historia del barrio y sus hitos.

“Buscamos rescatar la idiosincrasia barrial para que éste sea un barrio digno de ser habitado”, afirmaron en una amena charla con El Grito del Sur.

Los grandes medios de comunicación suelen definir al barrio de Constitución como un “lugar de tránsito”, marcado a fuego por la imponente estación de tren que conecta a la metrópolis porteña con la zona sur de la provincia de Buenos Aires. Al mismo tiempo, los principales diarios, canales de TV y emisoras de radio de alcance nacional han construido una imagen del barrio que lo identifica únicamente con la presencia de prostitutas, travestis, drogadictos, delincuentes y pobres.
Afortunadamente existen todavía algunas miradas que se contraponen a esta idea dominante acerca del barrio. “Queremos que se conozca no sólo el lado oscuro de Constitución, sino también la tarea histórica, cultural y política. Que se conozca las luces y el brillo del barrio, que está en las casas y en las esquinas. Este es uno de los barrios más antiguos de Buenos Aires, que se fundó prácticamente cuando nació la ciudad”, cuenta en diálogo con El Grito del Sur Jorge Quiroga, miembro de la Junta de Estudios Históricos del barrio de Constitución.
La Junta se ocupa desde hace varias décadas de recopilar, estudiar y difundir la pertenencia histórica e identitaria del barrio de Constitución. Marta Rosendo integra este espacio desde hace 24 años y comenta que “siempre nos juntábamos y escuchábamos anécdotas de viejos vecinos, que se acordaban del barrio antes de que éste hubiera sido desguazado con la autopista en la década del 70 y previamente con el ensanche de la avenida 9 de julio, donde había un mercado lleno de tiendas que funcionaba como centro comercial. Ahí desaparecieron varias manzanas. Hoy en día el centro comercial se trasladó al Paseo La Estación”.

Constitución no es un barrio muy grande. Sus límites son desde la calle Piedras hasta Entre Ríos y desde Independencia hasta Caseros. Según la Junta de Estudios Históricos, a pesar de sus pequeñas dimensiones el barrio ya contaba en el año 1778 con unas 2365 personas, alrededor de un 10% del total de la ciudad. Allí residían españoles, mulatos, negros, mestizos e indios. “El barrio es más antiguo de lo que se piensa, ya que la historia oficial habla de la instalación de la Plaza de las Carretas en 1857 como hecho fundacional”, señala Jorge, quien además marca como “privilegio” que en el barrio vivió un presidente de la Nación (Hipólito Yrigoyen).

Con respecto a la evolución del barrio y las problemáticas que lo atraviesan, los entrevistados comentan que “el deterioro de Constitución se produce básicamente por dos fenómenos: por un lado, los vecinos de clase media que vivían aquí se mudan por la década del 60 al Norte y, por el otro, la crisis del 2000. Sin embargo, éste sigue siendo un barrio muy singular en el sentido de que muchos se conocen y que hay casas bajas con gente que vive aquí hace 50 o 60 años”.

“Intentamos que la gente conozca que éste fue un barrio que albergó la heterogeneidad que albergó, por ejemplo, la escuela pública en los inicios del siglo XX. He visto registros de una escuela donde iban los hijos del carbonero y la lavandera y también los hijos de los hacendados. Muchos hacendados vivieron aquí porque tenían la facilidad del tren como vía de comunicación con las zonas cerealeras y la Pampa húmeda. Uno busca rescatar la idiosincrasia barrial, donde se busca reconstruir el entramado social en el que el vecino se reconoce como vecino y reconoce a otro como su par. Queremos que éste sea un barrio digno de ser habitado”.