A pocos días de la muerte de Ernestina Herrera de Noble y de la fusión entre Cablevisión y Telecom, el abogado y periodista Pablo Llonto se refirió a estos temas y al futuro de la comunicación mediática en un diálogo con El Grito del Sur.

Tras la muerte de Ernestina Herrera de Noble, y una vez aprobada la fusión entre Cablevisión y Telecom, el abogado y periodista Pablo Llonto – ex delegado de la comisión interna de Clarín y autor de “La noble Ernestina”– dialogó con El Grito del Sur sobre concentración mediática, los vínculos entre Clarín y el Gobierno y sobre el desafío de “pensar otra forma de comunicación”.

¿Lo sorprendió la fusión de Cablevisión y Telecom?

No es un hecho sorpresivo. Duele pero no sorprende. Es una muestra más de los favores que el Gobierno le devuelve al Grupo desde el 10 de diciembre de 2015, cuando una de las primeras medidas que tomó el Presidente fue anular por decreto de Necesidad y Urgencia varios artículos de la llamada “Ley de Medios”. Las imposiciones de Magnetto se tenían que cumplir inmediatamente y con la fusión seguimos viendo los resultados de esa imposición. Esto es, sin duda, el mayor beneficio que se le ha brindado al Grupo: la posibilidad de convertir a Clarín en dueño de otra tajada enorme de la comunicación, lo que le va a traer mucho dinero y la posibilidad de seguir monopolizando la palabra y la comunicación.


Cuánto más se agranda Clarín, ¿más se beneficia Cambiemos?

Antes, cuando estaba el gobierno de Cristina, Clarín ya manejaba con sus medios el 70 por ciento de la agenda. Hoy esa agenda, que es beneficiosa para el Gobierno, se expande al 95 por ciento porque sumaron los medios estatales a lo que ya tenían. Es decir, la máquina de esconder noticias se ha transformado en una máquina no solo privada como lo era, si no que ahora se sumó el aparato estatal en manos de un Gobierno que está tapando para ver si le salen bien las jugadas electorales.


Hubo recientemente una denuncia de censura en Télam, donde los trabajadores vienen además denunciando recortes e intenciones de despedir periodistas. ¿Ve el “cambio” en los medios estatales de forma negativa?

Los medios estatales hoy en día son una vergüenza. Tratando de hacerse los neutrales se convierten en una gran máquina de silencio, disimulan su macrismo explícito pero es tremendo lo que silencian: nunca vas a ver una cobertura de reclamos sociales o se ve una cada mil, nunca una cobertura de juicio a los genocidas, de lo que pasa todos los días en los barrios.


En “La noble Ernestina” usted sostiene que Herrera de Noble fue una apropiadora, algo que además ratificó desde su rol como abogado en la causa por Felipe y Marcela. ¿Se murió impune?

La primera sensación con la noticia fue de impunidad. Más tarde, veo que por lo menos dentro del pueblo argentino hay un sector que tiene claro quién fue y qué es lo que hizo. Me quedé viendo lo que había pasado en su entierro: se veía la foto en el Cementerio de la Recoleta, habría unas 100 personas, pero de esas 100 personas sólo encontrabas 4 o 5 empleados jerárquicos del Grupo Clarín, un grupo que tiene 10.000 trabajadores. Creo que esa fue la respuesta. Se fue la dueña, y trabajadores ahí no había.

Creo que los trabajadores de Clarín, con sus diferencias, la mayoría tiene en claro quién era esta apropiadora y explotadora, y se reflejó de esa manera. Basta meterse en las páginas de los trabajadores de Clarín para ver realmente qué está pasando en el diario, que no tiene nada que ver con lo que ellos dicen que son.


El diario la despidió como una “luchadora de la democracia”…

La que murió fue una de las mujeres que más daño ha hecho a la democracia argentina y al periodismo y por lo tanto es una de esas muertes que al pueblo no le importan, pero sí queda preocupación por quienes han sido cómplices de ella y viven, que tendrían que dar respuestas ante la justicia.


Frente al panorama que describe, de mayor concentración mediática, ¿qué evaluación ve la libertad de expresión en la Argentina del 2017?

– Es preocupante, por supuesto. Me hace poner a pensar en todo lo que tendremos que hacer cuando volvamos, todo lo que habrá que hacer y reconstruir. Todo esto se vive con tristeza pero eso no quita que la bronca se tiene que transformar en la posibilidad de idear para futuro qué es lo que se va a hacer con la comunicación.


¿Por dónde ve el camino?

Tenemos una deuda importante, debemos pensar bien cómo se arma el mapa de comunicación del lado popular, no caer nunca más en la tentación de darle el manejo de los medios cercanos a un gobierno popular a estos empresarios delincuentes como Szpolski o Cristóbal López, hay que pensar otra forma de comunicación para combatir desde el periodismo, la inteligencia y la comunicación con todas las herramientas que podamos a este multimedio que crece y crece. Algunas veces a la burguesía le ha salido bien tapar para que la gente crea que está viviendo en otro mundo pero uno nunca va a perder la confianza en el pueblo.