"A ellos está claro que no. Nos importa a nosotros, a las putas, a las travas, a los laburantes que toman el tren, a los pibes de los merenderos, a los inmigrantes, a quienes viven el barrio que ellos no ven", describe Néstor Granda, gestor cultural que encabezó la lucha contra el cierre del Arte Cinema.

Salta y Avenida Garay. A una cuadra, la estación Constitución. Pobreza, prostitución, marginalidad, hambre, violencia, ilegalidad forman parte del imaginario de quienes no viven en el barrio, de quienes desde la tranquilidad de sus hogares, con sus necesidades básicas resueltas, ven por televisión a esos otros a quienes se los presenta como “el peligro” que puede acecharlos si intentan acercarse a la zona.

En Salta y Avenida Garay, a metros de la estación, hasta hace sólo unos días había un cine; el ArteCinema. ¿A quién pudo ocurrírsele la idea de asociar arte, cine, cultura en un barrio de estas características?, ¿Quién pudo considerar que inmigrantes, prostitutas, travas, desclasados podían formar parte del paisaje que rodea a un cine con pretensiones artísticas?

Hasta hace sólo unos días, había un cine en Constitución. El único en la zona sur, la más marginada de la Ciudad de Buenos Aires. ¿En qué cabeza estuvo la idea que ahí debía funcionar un cine; justo ahí donde no hay más que seres invisibles?

Cuando nos enteramos, hace ya más de mes y medio, que las nuevas autoridades del INCAA habían decidido no renovar el convenio que tenía con los propietarios de la sala; un convenio que permitía acceder con un valor de entrada de sólo 15 pesos, y que esa decisión implicaba el cierre de la sala nos preguntamos a quién podía importarle un cine en el barrio de Constitución. Bastó unos pocos días, en los que hicimos pública la noticia, llamamos a una reunión, nos convocamos en la puerta, difundimos en la prensa, firmamos petitorios, para darnos cuenta que éramos muchos a quienes sí nos importaba. Porque cerrar un espacio de cultura es cercenar la libertad, restringir derechos, suprimir identidades.

Se sucedieron asambleas, festivales, marchas, pedidos de reuniones pero quienes debían darnos una explicación, un argumento válido que justificara el cierre jamás nos recibieron, nunca dialogaron; sólo se limitaron a callar, a silenciar, a cerrar las puertas de una sala de cine en un barrio de seres invisibles. No está en su lógica la existencia de una sala cinematográfica que dé acceso a miles de ciudadanos que ya casi no acceden a nada. No está en ellos la posibilidad de la argumentación fuera de lo que genera pérdida o ganancia. En ellos está la lógica del Estado ausente, de fábricas cerradas, de trabajadores sin trabajo, de enfermos sin medicamentos, de pibes sin escuela ni techo. En ellos está la lógica de las puertas cerradas.

¿A quién le importa un cine en Constitución? A ellos está claro que no.

Nos importa a nosotros, a las putas, a las travas, a los laburantes que toman el tren, a los pibes de los merenderos, a los inmigrantes, a quienes viven el barrio que ellos no ven. A quienes sabemos que acceder a una sala de cine es acceder a una infinita multiplicidad de miradas que nos muestran, que nos hacen visibles, que nos permiten ser.

Nos importa a nosotros. Por eso estamos seguros que también te importa a vos.

(Aún con las puertas del cine cerradas, la Asamblea se sigue reuniendo todos los miércoles a las 18.30hs en Salta 1620)