En un sótano de Filo, El Grito del Sur charló a solas con una de las referentes del activismo trans, en la semana previa a la segunda marcha nacional contra los travesticidios. Charlamos de todo: del derecho al trabajo, de la salud, de la familia y de la identidad, de la heteronormatividad y de las obligaciones (incumplidas) del Estado.

Florencia Guimaraes es una activista travesti que pertenece al colectivo Furia Trava Noticias. También es militante del Partido Comunista. Es fotógrafa y maquilladora. La conocí una semana antes de la segunda marcha nacional contra los travesticidios, durante la última reunión organizativa.

Entré al Umbral (un espacio en el sótano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA) y me llamó la atención cómo el resto de los presentes la escuchaban sin que volara una mosca, como admirados. Hablaba con determinación y seguridad, se notaba de lejos la convicción con la que, por ejemplo, desechaba el prototipo de trava flaca, con cintura de avispa, lampiña, estilo Flor de la V. Ella es así. Hablamos 25 minutos, de todo: de ella, de las que luchan como ella por sus derechos, del rol del Estado, del trabajo, de la familia, de la identidad. “Me travesticé bastante grande. De chica ya me vestía de mujer y laburaba en la calle pero no pegaba el salto a estar las veinticuatro horas travestida”, me dijo.

¿Cómo fue tu transformación?

Mi transformación fue bastante larga. Me costó muchos años darme cuenta que hay mujeres y travestis gordas, flacas, negras, bajas, altas, y eso me lo hizo ver el feminismo. Vivía reprimida porque tenía una apariencia que no era la que yo quería. No era feliz, no estaba completa. Pero fue muy fuerte romper con eso que tan instalado tenía. O sos varón, o sos mujer. Entonces, si sos travesti, te tenés que parecer 100% a una mujer. Tuve la suerte y el privilegio de tener una familia que no me excluyó en lo que respecta a mi identidad.

¿Hiciste el cambio de identidad de género?

Si. Apenas salió la ley yo me hice mi documento. La Ley de Identidad de Género es por la auto percepción. En cualquier lugar donde yo me acerque tienen que respetarla. Es tomar conciencia de que una persona con una femineidad te está diciendo que es una feminidad, tenés que entender que soy Florencia o quien sea.

——-

Pero estas son cuestiones que siguen notándose en nuestra cotidianeidad. Vivimos en una cultura y un sistema que es patriarcal, heteronormativo y que reprime la identidad travesti. Identidad que es sinónimo de prostitución, drogas y marginalidad. Marginalidad que es consecuencia del mismo sistema que las excluye y la única puerta que les abre es la de la calle y la prostitución. Florencia asegura que el 80% de las compañeras quiere un trabajo genuino. El sistema laboral no acepta diversidad. Florencia se ha quedado sin trabajo porque su imagen no condice con la que las/os empleadora/es buscan. Se lo han dicho en la cara: “quizás si tuvieses otro estilo, otro cuerpo, sos muy extravagante”. No se permiten enviar una trava para maquillar o fotografiar eventos de alto nivel.

Las travas tienen obligaciones como cualquier ciudadana/o, pero no funciona así cuando hablamos de sus derechos. No tienen elección: el Estado ocupa el rol de proxeneta de sus cuerpos. Florencia ha logrado muchas cosas pero sigue sin un trabajo estable. Tiene obra social porque está casada, pero afirma que lo suyo es artivismo, por amor al arte. Con sus trabajos en fotografía quiere mostrar el lado que no se muestra de sus compañeras, en situación de lucha, de marcha y carnaval, lugar que ha acogido a las travestis históricamente. Quiere romper con ese esquema donde son señaladas, mirada que las excluye y que sólo ellas pueden romper.

¿Se cumple el cupo laboral?

No, el cupo laboral trans/travesti es para el Estado. Es ley hace dos años y todavía no se implementa y es para que en todos los puestos laborales del Estado tenga que haber una persona travesti, trans, o varón trans, etc. Si no se cumple la implementación, menos se va a cumplir la ley. Y es un gran problema para nosotras, porque por algo tenemos una expectativa de vida de 35 años de edad. Imaginate una trava de 11, 12, 14 años, (que es la edad que nosotras manifestamos nuestra identidad sexual) somos expulsadas de nuestros hogares, de la escuela, de todas las instituciones. Automáticamente estamos en la calle, expuestas a que cualquier tipo abuse de una criatura, de una menor, y todo eso trae un montón de cosas como las enfermedades de transmisión sexual, que son la primera causa de mortalidad en nuestra comunidad (VIH, sida, hepatitis).

¿Cómo lo viviste vos a esa edad?

A esa edad, te subís a un auto con un tipo y no tenés la menor idea de lo que es un preservativo, no sabes lo que es cuidarte,  el que te manipula es ese mayor que hace de tu cuerpo lo que quiere. Entonces es por eso que en nuestra comunidad la mayoría de nuestras compañeras mueren por enfermedades de transmisión sexual. La segunda causa de mortalidad en la aplicación ilegal de siliconas, es algo que nosotras tenemos que hacer para adecuar nuestros cuerpos, estereotiparlos al gusto del consumidor de cuerpos y de vidas que es el prostituyente. Por más que el cirujano sea el más caro, no tenemos una factura y nos operan en total ilegalidad. Siempre estamos fuera de todos los mercados, excepto el prostitucional. El sistema nos puso ese rol, y nosotras no tenemos por qué cuidarle la chota al patriarcado. En todos los demás mercados que son los que la mayoría de la sociedad puede acceder, nosotras no tenemos lugar. Si queremos alquilar, nos cobran el triple, no tenemos garantía ni las cosas que piden, suponen que lo vamos a usar para trabajar, y se aprovechan de que no nos queda otra. Sino terminás viviendo amontonada como un montón de compañeras que viven cinco o seis en una pieza en un hotel de mala muerte en Constitución, Palermo, etc.

¿Encuentran algún tipo de protección desde el Estado?

No, todos nuestros derechos son completamente vulnerados por el Estado. Por más de que tengamos una identidad de género avanzada, revolucionaria, la situación de las travestis sigue siendo la misma. Todas estamos en situación de prostitución, nos seguimos muriendo a los 35 años de edad. No tenemos acceso al trabajo, a la salud, vivienda. Sí en el caso de la educación ha pasado un fenómeno, del que yo misma soy parte y es que cuando pudimos obtener el DNI muchas volvimos al sistema educativo. No iba a ir a un colegio a presentar un documento que no me representa. Ya no hay que pasar por la vergüenza de que te traten de varón, que te humillen, que se ría la gente que está esperando, la que te atiende, etc.