La cacería policial desatada sobre el final de la masiva movilización, a un mes de la desaparición forzada de Santiago Maldonado, dejó decenas de heridos y detenidos. El Grito del Sur dialogó con Jonatan Dalinger y Clivia Ricle, víctimas de la represión ocho días atrás.

– “Ella estaba en el piso, cuando la voy a levantar hacia el cordón es cuando disparan y me dan pero como de costado, me llego a cubrir”.

-“Yo ahí el impacto no lo siento, no sé si fue por la adrenalina, pero no siento el impacto en la cara. Cuando no lo siento más a él, giro a buscarlo y es cuando me doy cuenta que no veo y me caí”.

Ocho días atrás, Jonatan Dalinger y Clivia Ricle participaron de la marcha realizada a un mes de la desaparición forzada de Santiago Maldonado. No llegaron temprano, pero como en otras ocasiones lograron hacerse un lugar entre la multitud hasta llegar al centro de la plaza. No son militantes, pero suelen participar juntos en forma activa de este tipo de movidas. “Era impresionante la cantidad de gente que había, no podías moverte”, cuentan.

La movilización fue multitudinaria y transcurrió en paz. Luego del discurso de Sergio Maldonado, hermano de Santiago, las masas desconcentraron con tranquilidad. Sin embargo, minutos más tarde las cámaras televisivas comenzarían a mostrar disturbios de un grupo minoritario -sospechado de ser “infiltrados”- y a la Policía de la Ciudad reprimiendo a mansalva a los manifestantes, muchos de los cuales no habían generado aquellos primeros incidentes. Estos hechos de violencia dieron sustento al discurso de los grandes medios de comunicación, que ya desde temprano advertían sobre la posibilidad de que ocurrieran disturbios. En esa volteada cayeron Jonatan y Clivia, que recibieron palazos e incluso disparos de bala de goma. Cuando empezó la represión, relata Clivia, “no podía creer lo que estaba viendo. Y a mi se me ocurre sacar el teléfono, sacar fotos, por si le pasa algo a alguien que quede registrado. Pero no pensé que me iba a pasar a mi. Llegué a sacar dos fotos”.

La más lastimada fue Clivia, quien recibió un disparo cerca del ojo que le podría haber quitado la vista. Las horas subsiguientes fueron a las corridas, en la búsqueda desesperada de atención médica. “Primero estuvimos en el Argerich, cuando llegan me miran el ojo y me hacen una radiografía. Luego me mandan al Santa Lucía que se especializa en oftalmología, porque el Argerich estaba recibiendo mucha demanda por la cantidad de heridos. De ahí me derivan al Duran para hacerme una tomografía computada, que yo calculo que era para descartar daños neurológicos por los golpes”, detalla a El Grito del Sur la víctima.

Jonatan recibió heridas leves, aunque estuvo siempre al lado de Clivia y el susto fue grande. “Yo estaba bien porque era un raspón, pero estaba bastante shockeado por lo que pasó. Estábamos los dos solos y tenía que estar conteniéndola a ella”, rememora.

Circularon muchos comentarios respecto a cómo se inició la represion, sobre si hubo policías infiltrados o grupos ligados a los servicios de inteligencia del Estado. Jonatan tiene una visión en relación a este tema: “No sé si hubo policías infiltrados, no podría poner las manos en el fuego con eso. Lo que sí hubo fue una avanzada policial, una coartada en la que salían uniformados sin placa, sin identificación y vestidos de civil”. “Esa gente no puede estar en la calle y menos usando la fuerza contra civiles”, denuncia.