Volver a reclamar por un desaparecido, sentir que le puede pasar a los tuyos, exigir la renuncia de los funcionarios que encubren: cómo se vivió el acto por Santiago entre la gente que llenó Plaza de Mayo ayer.

– ¿Papá, por qué estamos acá?– le preguntó a Facundo su hijo de cinco años, mientras le tiraba de la campera.

Facundo hizo una pausa y alzó la cabeza para pensar una respuesta, entre el mar de gente que copó la plaza, y miró cómplice al cronista de El Grito del Sur que lo encaraba grabador en mano:

– Vine con mi familia porque quiero que vean esto y que nunca más pueda pasarle ni a él ni a nadie lo que le pasó a Santiago –dijo, y miró alrededor: la Plaza cantaba, se llenaba, bajaba el sol.– La dictadura me agarró a los 16 años, a mí no, pero a mis compañeros de secundaria sí: ví con estos ojos como los milicos se los llevaban de los pelos.

La sensación reinante fue de incredulidad: cómo es posible volver a Plaza de Mayo a pedir la aparición con vida de un desaparecido, 34 años después de recuperada la democracia. “No puede pasar otra vez lo mismo. Nunca pensé que iba a estar acá con mi marido de 74 años reclamando por vida”, confesó Gladys, jubilada oriunda de La Plata, condensando cómo se vivió durante la tarde la jornada -hasta entonces pacífica- para exigir el esclarecimiento del paradero de Santiago Maldonado.

Victor, que llegó a la Plaza en moto con su hijo de 11 años desde Marcos Paz, contó que siente “miedo”. “Están pasando cosas que nunca pensé que iban a volver a pasar. Es una vergüenza, es un retroceso al pasado, se nota que hay algo mucho peor detrás de la espalda de Macri”, agregó, y señaló, en consonancia con el clamor colectivo, la renuncia de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

“Hay que mantener viva la memoria. Esto es casi lo mismo que se vivió en la post dictadura”, dijo Facundo. Luego explicó que parte de la sociedad se niega a aceptar el reclamo de Santiago. “Como que la sociedad sobrevivió a la coyuntura civil de esa época, hay mucha gente que aprueba este modelo económico de entrega, son los herederos de esa sociedad, eso es una desgracia”, cerró. De fondo, sonaba Pez, y los ecos posibles de una represión -como la que la mayoría de los miles que se manifestaban vieron por televisión- ni siquiera asomaban por una plaza que desconcentró tranquila y en familia, tal como llegó.