¿Cómo llegan los feminismos al 32° Encuentro Nacional de Mujeres?

Rumbo a Chaco: avances y retrocesos

Foto: Rocío Tursi

Mientras el colectivo feminista avanza en las calles, en ocupar el debate público y en el empoderamiento de las nuevas generaciones, el Gobierno recorta presupuestos, las fuerzas de seguridad acrecentan la violencia y el machismo cierra filas detrás de casos como el del violador Alexis Zárate. Análisis del contexto que enmarca el próximo encuentro en Resistencia, Chaco.

Tan solo algunos días nos separan del Encuentro de Mujeres, el número 32. Este año, el punto culmine en el calendario feminista se realizará en Resistencia, Chaco, los días 14, 15 y 16 de octubre. Mientras pensaba en los preparativos del viaje, un compañero me preguntó cómo creía que llegaba el movimiento feminista al encuentro. La pregunta me desestabilizó, estaba muy lejos de sentirme autorizada para contestar eso. Pero pensé que, aún si alguien se sintiese en derecho de hacerlo sería imposible responder, ya que a esta altura no podemos hablar en términos de una única corriente sino de múltiples y variadas formas de pensar y vivir aquello que llamamos Feminismo. Por eso no es casual que, en este contexto, el subtitulo de este año sea “El encuentro somos todas”.

Decía el número 32: el Encuentro Nacional de Mujeres tiene una modalidad única, horizontal y autogestionada, que viene funcionando así desde 1985. Desde entonces, ha multiplicado setenta veces su convocatoria. Al primer encuentro, durante el alfonsinismo, asistieron unas 1000 mujeres; para el viernes se espera la llegada a Resistencia de unas 70.000. Este año toca Chaco:  la sede de cada próximo encuentro es elegida el ultimo día del mismo a través del “aplauso popular”. Cada encuentro es la pura vivencia, a lo largo de tres días, de extensos debates que permiten poner sobre la mesa coincidencias, disidencias, urgencias, metas y planificaciones de los movimientos de mujeres de Argentina y algunos países limítrofes. La modalidad del encuentro está fundado en la sororidad y el apoyo mutuo. Frente a la rabia policial y el sentido común machista, la consigna “nos cuidamos solas” sirve para desterrar el anacronismo de seguir pensando a la mujer en función de una figura masculina.

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Algo de la pregunta del compañero me siguió dando vueltas por la cabeza, mientras volvía en subte a mi casa, y aún cuando buscaba información para hacer esta nota y cuando la hoja en blanco aparecía amenazadora en la pantalla de la computadora. Y tal vez sea porque todos los eventos que se repiten una vez al año nos obligan a rever cómo estábamos el año pasado y a proyectar cómo queremos estar en el siguiente. Sentí entonces la necesidad de sugerir, ante esa tan aterradora hoja en blanco, posibles líneas de lectura que nos permitan entender un panorama que lejos está de poder dar una respuesta concreta a la duda de mi compañero.

A partir del fenómeno de “Ni Una Menos”, el trabajo acumulado durante los últimos tres años por lxs militantes feministas cobró un nivel de visibilidad histórico. Lo que permite que al día de hoy sea entendido como uno de los actores sociales con mayor convocatoria y que atraviese transversalmente los reclamos sociales y las agendas políticas. La perspectiva de género llegó a ámbitos antes impensados, y permitió que se continúen cuestionando las lógicas hegemónicas avaladas por el consenso patriarcal.

Entendimos e intentamos dar a entender que el género abarca todas las problemáticas sociales y se extiende en todas las áreas. Volvimos a cuestionar las jerarquías en los puestos de trabajo y las organizaciones políticas, el reparto de tareas domésticas, la feminización de ciertas profesiones, las normas de vestimenta en los colegios, el sentido común en las calles y la construcción de la información en los medios. Gritamos que queremos decidir sobre nuestras cuerpas, que hace siglos están atravesadas por pruritos religiosos y estereotipos moralizantes. Expandimos los espacios de debate, denunciamos el acoso en la calle y en la casa. Exigimos aquellos orgasmos relegados en función del tabú y una educación que nos enseñó a estar siempre al servicio del  otro.

Gracias a esto muchas situaciones han cambiado, entre las cuales no quiero dejar de mencionar -y se me infla el pecho- el tratamiento que las compañeras le dieron a los casos de abuso en la últimas tomas de colegios secundarios.

Pero a estos fuertes avances se les oponen las deudas pendientes.

Aún nos queda por revertir mucha desigualdad, centenares de batallas, una enorme brecha salarial y algunos casos como el de Alexis Zárate, aún en la cancha sostenido por la complicidad machista.

A pesar de la visibilización de la temática, el Gobierno no dudó en recortar presupuesto en el programa de educación sexual integral y en diversos espacios donde se aborda la violencia de género. Hizo lo mismo en las áreas de salud sexual y reproductiva. Y, en la provincia de María Eugenia Vidal, se retocó el protocolo para la interrupción legal del embarazo, que regía de gestiones anteriores. A estas medidas, se sumó el incremento de la violencia institucional, cuyo último episodio se sucedió hace apenas diez días cuando una chica fue detenida y violentada por besar a su compañera a la salida de la estación Constitución de la Línea C de subte.

Ante esta coyuntura es difícil precisar cómo llegan los feminismos al 32 Encuentro de Mujeres. Algunas cosas están claras, hay un camino recorrido y un bagaje de logros que no se pueden borrar, gracias a lo cual se adquirieron herramientas políticas y judiciales. Aun así también es claro que, ante la recesión económica, las mujeres nos vemos SIEMPRE aún más afectadas. No es casual que en las zonas más empobrecidas las mujeres -aparte de trabajar en actividades de mercado- trabajan más del doble del tiempo que sus maridos en trabajos no remunerados.

En lo personal creo que es dentro de esta tensión, en la incertidumbre prolongada en la que nos encontramos insertas, donde tenemos que gestar herramientas que nos permitan continuar una lucha. No hay que pensar la pluralidad de feminismos como fragmentos de un consenso, sino como vertientes con diferentes prioridades y estrategias que permiten hacer sonar diferentes campanas.

Las problemáticas son muchas, las respuestas conllevan largos procesos de conocimiento, empoderamiento y deconstrucción personal y colectiva. Supongo que no puedo responder a la duda de mi compañero. Lo que sin dudas sé es que, si los feminismos llegan mejor posicionados que otros sectores sociales en esta coyuntura horrible del país, es porque construyeron sus herramientas acostumbrados a luchar con el viento en contra.