Macri está preocupado por la brecha salarial entre hombres y mujeres, según dijo en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso hace una semana. Pero no ocupado: según un informe de CEPA, la brecha, que venía reduciéndose sistemáticamente durante los últimos años, se ensanchó desde la llegada de Cambiemos al poder.

La brecha salarial entre varones y mujeres en favor de los primeros se ensanchó en 5 puntos porcentuales durante 2017. A esa conclusión llegó el Observatorio de Género del Centro de Estudios de Economía Política Argentina (CEPA) en su último informe, que le achaca la responsabilidad al gobierno de Cambiemos: según CEPA, la brecha disminuyó en 6 puntos entre 2004 y 2015, último año de kirchnerismo, y volvió a ascender con la llegada de Macri a la Rosada. El estudio, titulado “Más precarizadas y con menos salarios”, concluye, en base a datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, que la brecha trepó el último año al 27 por ciento.

“Entre 2004 y 2015 hubo una contundente disminución (11 puntos porcentuales) pasando del 33% al 22%. Este proceso está asociado a la mejora de los indicadores macroeconómicos en general y del mercado de trabajo en particular (salario real, nivel de registración, mayor cobertura de los convenios colectivos de trabajo. etc.). Hacia 2017, vuelve a haber un repunte de la brecha asociado a la incipiente desregulación del mercado de trabajo, ubicándose en 27 por ciento”, especifica el informe.

Según CEPA, entre 2004 y 2015 hubo una contundente disminución (11 puntos porcentuales) “pasando del 33 al 22 por ciento”, lo que, explica, se debió “a la mejora de los indicadores macroeconómicos en general y del mercado de trabajo en particular”. “Hacia 2017 -aclara- vuelve a haber un repunte de la brecha asociado a la incipiente desregulación del mercado de trabajo, ubicándose en 27 por ciento”.

Los números relevados por CEPA, que incluyen un crecimiento en la precarización laboral, la informalidad y el desempleo en las mujeres, desmienten las buenas intenciones que intentó demostrar el Presidente durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso la semana pasada. Ése fue uno de los temas que eligió resaltar, junto a la legalización del aborto, para sintonizar con la lucha género, que además de serle ajena, lo tiene como uno de los principales sostenedores del patriarcado.

Por otro lado, la brecha salarial no solo se debe a que las mujeres perciben menor remuneración por igual tarea realizada por varones sino que hay otros fenómenos como lo son la desigual distribución entre trabajo productivo y reproductivo o la mayor informalidad laboral entre las mujeres que también determinan la existencia de esta brecha.

Con respecto a esto, sostienen que, por ejemplo, “los países que más éxito han tenido en cerrar la brecha de género han extendido la provisión y extensión de servicios de cuidado mediante guarderías públicas, geriátricos, apoyo a madres solteras y promoción de la crianza compartida entre ambos progenitores. Por el contrario, el PRO se propone presentar un proyecto de ley que no ataca la problemática de fondo (se centra exclusivamente en el precepto del artículo 14 bis de la CN “a igual tarea igual remuneración”) y reduce los recursos del Estado dedicados al sostenimiento de las tareas de cuidado, tales como la falta de vacantes escolares en CABA y Provincia de Buenos Aires, el cierre de cursos y escuelas, entre otros”.

En este marco, el oficialismo intentó imponer en la agenda una medida propia que les haga volver a ponerse en carrera, buscaron poner en pantalla la supuesta creación de la Dirección de Igualdad de Oportunidades en el Mundo Laboral. Sin rascar mucho, el anuncio parecía prometedor. Pero a las pocas horas se supo que esa dirección funcionaba desde el año 1998, la única novedad real terminó siendo la publicación en el Boletín Oficial de la República Argentina que determinaba el reemplazo de Cristina Antúnez -quien hasta ahora dirigía la cartera en cuestión- por Agustín Hernán Carugo. Sí, el reemplazo de una mujer por un varón en el cargo máximo de la entidad.

Los datos del CEPA, que corroboran la existencia de un piso estructural de desigualdad cercano al 20%, permiten concluir en la necesidad de medidas específicas, sostienen “la eliminación de la brecha de ingresos entre varones y mujeres, exige la puesta en práctica de políticas públicas con perspectiva de género, que haga especial hincapié en las causas de la inequidad salarial”. La tarea será lograr que estas banderas que lograron revolucionar la escena pública, logren traducirse en políticas públicas efectivas, logren torcer las voluntad de algunos funcionarios de generar títulos y no políticas públicas.