La tercera audiencia del juicio por travesticidio a Diana Sacayán fue una jornada difícil y llena de emociones, toda vez que declaró el forense que le practicó la autopsia, la activista mexicana Amaranta Gómez Regalado y dos amigas de la víctima. El juicio continuará el próximo lunes, con más testigxs.

“Es necesario para el público avisarle que hay imágenes que pueden ser inconvenientes para las personas más sensibles, si quiere pueden permanecer o pueden retirarse”, comentó el Secretario del Tribunal, Ignacio Iriarte. Minutos más se abrió la puerta de la sala e ingresó el médico forense, Roberto Cohen, quien estuvo a cargo de practicarle la autopsia a Amancay Diana Sacayán. Así se dio inicio al tercer día de audiencia.

Hombre corpulento con cara de bonachón y voz aguda, el doctor Roberto Cohen se sentó en la silla de los testigos y contó a los presentes que conoció a Diana el 14 de octubre de 2015, a las 7 de la mañana, en la morgue judicial. Fue su autopsia número 14802 de las 16102 que lleva hasta la fecha -entre las cuales se encuentran las de Santiago Maldonado, Ángeles Rawson y Wanda Taddei-.

Previo a relatar el procedimiento de la autopsia que presentaría a través de unas imágenes proyectadas en un televisor, Cohen pidió disculpas al público presente. Sabía que sería un momento difícil de sobrellevar, y así lo fue.

Arriba de una mesa de la morgue se encontraba el cuerpo de 1,72 metros y 95 kilos que en vida fue el de Diana. Cohen explicó que tenía 27 heridas, 13 de ellas producidas con un arma blanca de una hoja de 12 a 15 centímetros, pero sólo dos mortales. “Tuvo una sobrevida de 10 minutos después de esas lesiones”, dijo el perito forense.

Lxs familiares y amigxs de Diana se tapaban la boca, los ojos se tornaban rojos por la impotencia y el llanto. Su hermano, Say, no quitaba su mirada de aquel televisor que  demostraba la saña con la que habían asesinado a su hermana. Por su parte, Marino, inmutable, y un poco tirado sobre la silla, también observaba aquellas imágenes.

El médico explicó que procedió a clasificar las heridas en tres grupos: excoriativas y equimóticas (producidas por golpes o choques con un objeto contundente), ataduras y de arma blanca (realizadas con un objeto cortante). También remarcó el rastro de una huella de una zapatilla sobre el rostro de Diana.

Describió que los golpes dejaron a la víctima en estado de indefensión, y que las lesiones mortales, producidas por arma blanca le provocaron una hemorragia interna y externa, con un estimativo de vida de 10 minutos. También relató la secuencia en la que se habría producido el suceso: Diana fue atacada y golpeada, luego maniatada y amordazada con una sábana, dado que hay lesiones de defensa sobre manos y antebrazos y después herida varias veces con un arma blanca.

Mientras pasaban las imágenes, tres personas no soportaron aquella situación. Se levantaron y, al cruzar la puerta de la sala, se escuchó un fuerte y profundo sollozo. El imputado, quien observaba estirado sobre la silla con las manos sobre la cabeza, rápidamente se acomodó sobre el escritorio.

El forense prosiguió en su relato y señaló “la multiplicidad lesiva” en la que encontró el cuerpo. Frente a ello, Mariela Labozzetta, titular de la Unidad Fiscal especializada en violencia contra las mujeres y LGBT, consultó si hay alguna particularidad en la muerte de mujeres trans. Ante ello, el perito responde en la multiplicidad de las lesiones, “pero es algo que también vi en las autopsias de Ángeles Rawson y Wanda Taddei.”

Además, Cohen explicó que según los análisis toxicológicos que se le hicieron al cuerpo de Diana, se determinó que unas horas antes había consumido alcohol y cocaína. Frente a este panorama y considerando la fisonomía de Diana, se consultó si podría haber habido un segundo participante en el hecho, a lo que el forense respondió que no se puede asegurar la participación de una o más personas.

Una vez terminada la explicación, el juez Báez le preguntó al perito si vió una ferocidad especial en los ataques del cuerpo, a lo que respondió que “si llama ferocidad a la multiplicidad, sí”, de este modo se dió por concluido el testimonio y el forense se retiró.

En aquel momento, Tassara, defensor de Marino, solicitó si su defendido podía ir al baño y retirarse de la audiencia alegando malestar. El presidente le consulta si está de acuerdo a que su defensa lo represente en su ausencia, y respondiendo positivamente, el policía que estaba a su espalda se acerca, éste se levanta le colocan las esposas y se lo llevan de la sala.

“Muchos proyectos quedaron truncos sin ella, era la que los forjaba y ya no está”

Luego fue el turno de Verónica Luna, activista y amiga de la víctima, quien ante la pregunta de cómo era Diana, declaró: “continuamente tenía reconocimientos por la lucha de los Derechos”. En ese orden, comentó que la última vez que la vio con vida fue un sábado que se reunieron en su departamento del barrio de Flores para ir a la ex ESMA, porque le iban a dar un premio y recuerda que aquel día se encontraba presente Marino, a quien había presentado como su novio.

“¿Cuál fue el impacto de la desaparición física de Diana en el Movimiento Antidiscriminatorio Liberal (MAL)?”, le preguntó el Fiscal Yapar. “Fue devastante”, respondió, “porque en ese momento estábamos trabajando en un proyecto de salud -en el policlínico de San Justo- que venía de la mano con el cupo laboral trans, y con su muerte quedó trunco”. Y agregó: “Aunque hoy ese consultorio sigue, muchos otros proyectos quedaron truncos sin ella, era la que los forjaba y ya no está”.

Posteriormente, tuvieron lugar dos testimonios de unos primos del imputado quienes brevemente recordaron el operativo en que la policía fue a la casa de Marino y se llevó de ahí un cepillo de dientes, un peine y unas zapatillas. Reconocieron sus respectivas firmas y se retiraron.

“No hay un reconocimiento pleno de la capacidad intelectual de las personas trans”

Después fue el turno de Amaranta Gómez Regalado, quien se presentó ante el tribunal: “tengo 40 años, vengo del istmo de Tehuantepec, de Oaxaca, provengo de la etnia zapoteca, soy antropóloga de la universidad veracruzana, y llevo más de 22 años en el activismo de los Derechos Humanos, los derechos de la población trans, indígena y la salud sexual”.

De un modo claro y coherente le ofreció al tribunal una clase magistral sobre identidad de género y violencias hacia el colectivo trans y travesti, contextualizando el crimen de Diana dentro de una tradición de odio hacia aquellos tipos de cuerpos.

“En estos asesinatos hay una saña por parte de alguien que tiene una doble negación. En principio porque ve a ese cuerpo como algo deseable, pero hay un chip cultural que le genera culpa, entonces para desaparecer ese deseo se mata a ese cuerpo travesti y al mismo tiempo al deseo”, dijo la activista mexicana.

Amaranta relató que junto a Diana trabajaron en varias oportunidades, entre ellas en la organización ILGA-LAC (Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex para América Latina y el Caribe). “Diana era la voz cantante para calmar ciertas situaciones. Tenía una gran capacidad de negociación”, remarcó.

“Aquí hubo avances y ha costado mucho trabajo” dijo Amarante, “pero por más legislación que exista, el reto está en el cambio del chip cultural, porque el cuerpo travesti no es armónico y cuestiona lo binario, no es hombre ni mujer, es una otredad que se autoconstruye y que aún cuesta entender porque no se puede categorizar”.

Otro punto que mencionó la activista es la negación que padecen las personas trans y travestis a lo largo de su vida, comenzando en la familia, quienes rechazan su identidad; en la educación, donde terminan abandonando sus estudios y en el acceso al trabajo. “No hay un reconocimiento pleno de la capacidad intelectual de las personas trans, como si todas debieran ser peluqueras o trabajadoras sexuales”.

Del mismo modo habló de la negación del amor, “pareciera que las travestis no tienen capacidad para amar”, destacó y agregó “hasta en su muerte se le niega su identidad de persona trans o travesti”.

A nivel internacional, Amaranta le contó al tribunal que en toda América Latina no llegan a ser más de 30 referentes, “y el asesinato de Diana, impactó mucho no solo en Argentina, dejó un vacío, una orfandad colectiva”. “Como trans y defensoras de los Derechos Humanos tenemos mayor vulnerabilidad, porque cuando pasas de la esfera privada a la pública, se producen persecuciones, agresiones, intimidaciones. No es una persona cis la que toma el micrófono, es un cuerpo travesti”.

Ante la mirada de los jueces, Amaranta manifestó que las personas travestis y trans no son consideradas sujeto de derechos. Sus crímenes no se condenan. “También la Justicia debería abrirse camino y nombrar con nombre propio a las personas travestis” le cuestionó al tribunal.

“Nunca pensé que le pasaría esto a Diana”

Finalmente y luego de dos horas, fue el turno de Mónica Flores, amiga de Diana, que con una voz suave y dulce, rememoró momentos vividos con la activista. “Era nuestra referente, siempre lo había sido, desde que éramos chicas”, expresó. Cuenta que cuando se enteró de la muerte de Diana entró en un estado depresivo, que llevó a no querer regresar a la ciudad de Buenos Aires, y que sólo ve a su familia, y prácticamente no sale de su casa.

Al preguntarle de qué modo impactó la muerte de Diana, Mónica respondió: “nunca pensé que le pasaría esto a Diana” y con una voz quebrada prosigue “era tan fuerte, tan inteligente. Hoy sin ella nos vuelven a cerrar las puertas”.

“Lo que sentí en ese momento y siento es que si le hicieron esto a ella, que era una figura pública, una defensora de derechos humanos, ¿qué queda para nosotras, las anónimas? ¿Para mí que soy un cero a la izquierda?”, -se escuchan pequeños sollozos- y agrega: “a mis amigas travestis las viven matando en la calle. Están muy expuestas, pero esta vez, con Diana, la violencia de la calle se metió en el domicilio”.

Luego de terminada la tercer audiencia del juicio por travesticidio, y como las otras veces, en la plaza frente a Tribunales se realizaban actividades artísticas y militantes para acompañar la audiencia.

“Fue un día muy duro para nosotros. Fue muy duro tener que ver todo lo que hicieron con Diana, que es lo que hacen reiteradas veces con todas las compañeras y es algo sobre lo que la Justicia nunca se ha pronunciado. Nuestra obligación y nuestra responsabilidad es tomar esta causa como lo hubiera hecho Diana”, dijo Sasha, emocionado y con los ojos llorosos.

Por último, Amaranta destacó el carácter inédito e histórico de este juicio, “es la primera vez que la Justicia y los medios hablan de travesticidio. Hay que obligar a las instituciones a que hablen nuestro lenguaje es un paso enorme: siéntase orgullosos y orgullosas de eso”.