De Plaza de Mayo a Congreso, una marea de mujeres, trans, travestis y lesbianas tomamos las calles para visibilizar nuestros reclamos. Bajo la consigna “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, lA marea feminista sigue creciendo y haciendo temblar la tierra. No queremos flores ni bombones, queremos derechos.

“Y ahora que estamos juntas y ahora que sí nos ven”: la frase se me hace agua en la boca y fiesta en la calle. Nunca fue tan real, nunca fuimos tantas y tan aunadas, sororas, pintadas, llenas de brillos.

El paro internacional de mujeres se realizó por segunda vez el 8 de marzo del 2018 y superó la adhesión de 50 países. En Argentina la Plaza de Mayo comenzó desde temprano a colmarse de verde. No era para menos. El paro se venía sintiendo desde mucho tiempo atrás. Se venía sintiendo en las aulas del colegio, en las asambleas, en las charlas de cafés, en los grupos de whatsapp. El paro se venía sintiendo convulsivo, saliendo en la tele y en las revistas, ganando adeptos y contrincantes, generando polémica.

Foto: Camilo Rumberger

El paro late hace rato, retumba desde lejos pero se acerca, haciendo vibrar las paredes como sólo lo hace la percusión. El paro se espera más que el feriado de carnaval, se presiente, se avecina. Nos pinta de verdes, y nos contagia como lepra.

No era para menos. El 8M fue el día en que las mujeres (de todas clases, etnias o profesiones), travas, trans y lesbianas, decidimos tomar las calles para visibilizar nuestros reclamos. Afrodescendientes, músicas, actrices, militantes, travas, educadoras, trabajadoras sexuales, madres, trans, legisladoras y cientos de jóvenes se hermanaron llenando de consignas y brillantina el microcentro porteño.

Si bien dentro del feminismo sigue habiendo privilegios y jerarquías, durante unas horas se unieron todos los grupos identificados con el movimiento generando una verdadera oleada multitudinaria. En la práctica, el movimiento feminista realizó por segunda vez un paro general al gobierno neoliberal de Mauricio Macri ante el difuso accionar de los líderes gremiales. En la práctica, el feminismo es el movimiento social que más avanzó en los últimos años, logrando imponer las problemáticas de género como temas principales en la agenda política.

El reclamo por el aborto legal, seguro y gratuito -a pocos días de la presentación del séptimo proyecto de ley en el Congreso- fue sin duda el eje principal de la marcha. Le siguieron el cupo laboral trans, los femicidios y el acoso callejero. La precarización del trabajo de las mujeres y la brecha salarial también aparecieron en los carteles.

Diferentes grupos desplegaron toda su creatividad a la hora de hacerse visible, remeras, pelucas, cantos y performances. Las mujeres de la chilinga batiendo los tambores, las jóvenes músicas tocando sus instrumentos. También las Madres de Plaza de Mayo, inquebrantables e históricas, se hicieron presentes como ejemplo de la lucha incansable de las mujeres argentinas. La columna principal que lideró el camino desde Plaza de Mayo hasta Congreso estuvo conformada por las delegadas de diversos sindicatos.

Foto: Camilo Rumberger

Los cantos se transmitieron, se pegaron como chicle, estiándose. En los cordones de las veredas puestos con remeras de inscripciones feministas, fotos de Evita, de Cristina, de Juana Azurduy. Consignas que ya son propias aunque no las formuló nadie: “Somos las brujas de las nietas que no pudiste quemar”.

Somos las herederas de las desigualdades y las violaciones masivas que resurgimos de las cenizas.

En la plaza del Congreso ya éramos incontables. Desde la tarima que hizo de escenario, se leyó el documento elaborado por la Asamblea Nacional de Mujeres:

Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, se escuchó. Los micrófonos quedaron chicos para la potencia de las palabras, los megáfonos parecían de juguete, todo resultó insuficiente. No solo se recordó que el paro era por los ajustes económicos del gobierno, por los femicidios y estilicidios y el reclamo por el derecho al aborto legal. El comunicado también destacó que el movimiento feminista hizo propios los crímenes por violencia institucional sucedidos bajo el gobierno macrista – la desaparición y muerte de Santiago Maldonado y la represión a las comunidades mapuches que tuvo como consecuencia el asesinato por la espalda del joven Rafael Nahuel-  y que salió a la calles en repudio de la prisión domiciliaria a los genocidas.

Nos paramos porque todos los días 12 mujeres son asesinadas en América Latina y el Caribe por el hecho de ser mujeres. Paramos porque en la Argentina, cada 5 minutos nace el bebé de una madre adolescente y cada 3 horas el de una menor de 15 años. Paramos porque el 95% de los abortos en Latinoamérica y el Caribe son clandestinos e inseguros y el 79%  de las víctimas de trata de personas identificadas en América Latina son mujeres y niñas”, se leyó entre aplausos.

En el lapso que duró la lectura del comunicado las mujeres paramos el mundo. Silenciamos el correr del agua. Trabamos las agujas del reloj. Detuvimos un sismo. Cerramos las fabricas. Rompimos los platos que quedaban sucios porque hoy nadie limpió nada. Nos sanamos entre todas, algunas de las heridas que nos dejaron años de patriarcado. Maldecimos tu imperio para hacerlo caer. Maldecimos tu imperio para verlo caer”.

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Salgo de la plaza a tomar aire.

Sé que hay viento en contra pero ahora la marea es más fuerte. Se que hay viento en contra. Leo en Facebook: Que hermosos eran los tiempos en los que el Internet no llegaba a la cocina”. No me duele. Las mujeres a lo largo de la historia transformamos el odio en valentía. El pecado en goce, la marginalidad en Aquelarre.

Feliz día escucho de lejos. No sé qué responder.

Hoy no es un día feliz.

Feliz sería de no tener que acordarnos de las que no volvieron. No recordar cada una de sus caras, sus historias, los titulares de los diarios, los días en vilo esperando aparezcan pruebas.

Feliz sería no tener que afrontar el arduo camino por la justicia machista. Los abusos de poder por parte de la policía.

Feliz sería si no tener que pedirle a mis amigas que me avisen si llegaron.

Feliz sería que nuestras compañeras no murieran desangradas por intentar abortar.

Feliz sería que reconozcan que el trabajo doméstico es trabajo.

Feliz sería no tener que cambiar de vereda por miedo a los comentarios de un grupo de hombres.

Hoy no es un día feliz.

Los Días felices serán feministas.