La escuela a la cual asisten unos 300 jóvenes en situación de calle arranca esta semana el ciclo lectivo 2018 en un establecimiento transitorio, tras afrontar una mudanza en la cual todas las tareas recayeron en directivos, docentes y alumnos. ¿Volverán al edificio de Cochabamba y Paseo Colón?

En noviembre del año pasado, la comunidad educativa de la escuela Isauro Arancibia dejó las instalaciones del edificio de Paseo Colón al 1300 y quedó a la espera de las modificaciones que se efectuaran en la zona para permitir el trazado del Metrobus del Bajo. Esto era parte de un acuerdo sellado con el gobierno porteño, que propuso una mudanza transitoria a otro lugar -Carlos Calvo y Paseo Colón, donde funcionaba antiguamente el INDEC- bajo la promesa de no derrumbar el edificio original y que la escuela pudiera volver a funcionar allí durante el comienzo del ciclo lectivo 2018. Sin embargo, han transcurrido cuatro meses desede aquella salida forzada y no se cumplieron los plazos acordados: la gestión de Horacio Rodríguez Larreta dijo ahora que entregarán el edificio en julio.

En las vísperas del inicio de clases en la institución, una gran preocupación e incertidumbre acechan el enrarecido clima social dentro de las instalaciones de un lugar que no se siente como propio. Al subir por la escalera e ingresar al piso principal, un colorido cartel cuenta los días restantes “para que terminen la obra y volver a nuestro edificio”. Los pasillos y las aulas improvisadas no dejan mentir: allí sobran bolsas y cajas de cartón desparramadas por el suelo, papeles perdidos de toda clase y tipo, estantes y mesas dados vuelta, que forman parte de un paisaje desolador que se parece cada vez más a una pesadilla sin fin. A pesar de la ausencia del Ministerio de Educación de la Ciudad a la hora de planificar la mudanza y la puesta a punto del lugar provisorio, el amor propio de trabajadorxs y alumnxs ha superado todas las expectativas: a lo largo del último mes, fueron ellas y ellos quienes motorizaron cada una de estas jornadas trasladando muebles pesados, revocando paredes o acomodando las cosas en los nuevos puestos asignados.

“Todo está sucio y roto, una cosa está apilada arriba de la otra”

“En noviembre pasado nos hicieron embalar e inventariar todo lo que teníamos, con todo el cuidado que nosotros tenemos sobre las cosas que son de los pibes. Se suponía que todo eso quedaba protegido en el otro edificio, pero han hecho una mudanza desastrosa. Todo está sucio y roto, una cosa está apilada arriba de la otra. Están todas las cajas abiertas y ahora no encontramos las pertenencias de ellos”, cuenta a El Grito del Sur Marianela, maestra de primaria en el Isauro Arancibia desde hace 11 años. El colegio alberga a una población escolar compuesta mayoritariamente por alumnos y alumnas en situación de calle, problemática que se agrava en la ciudad de Buenos Aires. Según Marianela, el grado de compromiso y la función social de la escuela son cuestiones relevantes a atender: “Lo que les permite esta escuela, donde se construye la permanencia y la pertenencia, es volver a insertarse en un sistema que los patea y excluye”. “Lo que están buscando es desgastar, pero no lo van a lograr. Nosotros tenemos mucho amor a la tarea y a los y las estudiantes que vienen a estudiar aquí”, se envalentona María José, otra joven docente que no se resigna a pesar de estar viviendo su trabajo con la incertidumbre del día a día.

Docentes del Isauro no se resignan y continúan trabajando para poner en condiciones el lugar.

La directora del Isauro, Susana Reyes, es conocida en el ambiente por sus convicciones y resulta un sostén fundamental en la defensa de una institución que se ocupa de brindar educación pública de calidad y fomentar la inserción laboral de cientos de jóvenes de los sectores más vulnerables y excluidos de la sociedad. En diálogo con este medio, Reyes se mostró sumamente preocupada al señalar que “nuestra escuela está derruida, la han tirado abajo. Nos dieron este edificio alternativo a tres cuadras, que está en la misma línea que nuestra escuela y en julio lo van a destruir también”. Sobre la promesa incumplida de las autoridades, Susana reveló que en su momento les había parecido una “oferta sensata”, pero al día de hoy “no han construido nada. Hay una contradicción en el discurso de las autoridades cuando dicen que se preocupan por la pérdida de los alumnos de algún día de clase porque los maestros reclamamos por nuestros derechos. Parece que no todos los chicos son iguales para ellos. Que los pibes del Isauro se queden con más de 1 mes sin clases, eso no les preocupa”.

Sin tiempo para planificar los proyectos pedagógicos de este año, las y los trabajadores del Isauro Arancibia reparten su tiempo entre acomodar los bancos, ordenar los libros y colocar en su nuevo lugar los muebles e instrumentos de trabajo. Esto lo realizan con el acompañamiento incondicional del alumnado: ambos se sienten parte de la institución y trabajan en conjunto. Susana Reyes sabe que atraviesan uno de los momentos más duros, pero lejos están de claudicar y bajar los brazos: “Acá vienen todos los días unos 300 jóvenes que quieren cambiar sus vidas. Ellos viven en la peor situación, que es estar en la calle, pero, así y todo, eligen venir a estudiar. Por eso defendemos a esta escuela con uñas y dientes”.

Reyes: “Parece que no todos los chicos son iguales para ellos. Que los pibes del Isauro se queden con más de un mes sin clases, eso no les preocupa”.