Luego de haberse suspendido por problemas de transporte en Ezeiza el viernes 20 de abril se realizó la quinta audiencia por el juicio de Diana Sacayan. La próxima instancia será el 2 de mayo.

Se realizó la quinta audiencia por el travesticidio de Diana Sacayán

Viernes 13 horas. Después de haber sido suspendida la audiencia anterior debido a problemas con el transporte penitenciario, se reanudó nuevamente en aquella pequeña sala del Tribunal Oral en lo Criminal N° 4 del Palacio de Justicia. Allí se encontraba sentado en el asiento del acusado David Marino. Esta vez tenía un aspecto mejorado, y nuevo corte de pelo, ya no mira desafiante al tribunal ni al público presente.

Como de costumbre, el presidente, Adolfo Calvete le consultó al secretario quienes acudirían aquel día a prestar testimonio. Rápidamente el secretario comienza a dar nombres de personas y a detallar si lograron o no notificarlos del juicio, dando por resultado que sólo había tres testigos.

Minutos más tarde se abre la puerta del tribunal e ingresa el primer testigo de la jornada. Un hombre mayor, con un caminar lento, que vestía una camisa rayada y unos pantalones caqui. Se presentó al tribunal como Ramón Muñoz, pareja de la abuela del acusado.

El testimonio fue complicado. A Muñoz, de 77 años le era dificultoso hablar y comprender lo que se le preguntaba, pero en reiteradas oportunidades mencionó que conocía a Marino desde chiquito y que vivió con él hasta los 18 o 20 años del acusado y luego lo visitaba a él y a su madre. Además mencionó que Marino había sido un buen alumno pero que conocía de sus problemas con las drogas por lo que había estado internado en el CENARESO.

Mientras Muñoz hablaba Marino lo observaba fijamente con los brazos cruzados y apoyados sobre el escritorio y una expresión más blanda que la de costumbre. Se veía en su rostro una media mueca que parecía a una sonrisa. Aquel hombre que estaba allí sentado había sido una de las personas encargadas de su crianza.

Luego de concluído el primer testimonio se prosiguió con Carlos Montoya de la Cruz, vecino de Diana Sacayán. Pero antes de ingresar a la sala Marino solicitó no estar presente para ese testimonio como para el siguiente, y como en audiencias anteriores dos policías lo acompañaron a una sala contigua donde escucharía la declaración a través de unos auriculares.

Montoya de la Cruz juró ante el tribunal no conocer a Diana ni a Marino por sus nombres, y relató que aquella noche -en que Diana fue asesinada- “abrí la puerta y una o dos personas salieron del edificio. Siempre había alguien de seguridad pero esa noche no.”  El Fiscal Ariel Yapur le preguntó si recordaba la actitud de esta persona, a lo que respondió: “No recuerdo la cara, sólo recuerdo que tenía los ojos rojos y que estaba escondido cerca del escritorio de seguridad y del ascensor, y cuando escuchó la puerta salió”.

A fin de refrescar la memoria del testigo, el fiscal solicitó que se proceda a leerle la declaración que hizo oportunamente en sede judicial el 26 de octubre de 2015. En ese entonces Montoya había declarado que fue alrededor de las 4 de la mañana cuando regresó a su casa y que habían sido dos sujetos. “Si yo en ese momento dije que fueron dos, fueron dos. Estaban los dos juntos, pero no recuerdo nada porque fue un segundo” manifestó el testigo.

Luego fue el turno del defensor y le consultó sobre un dibujo que se hizo sobre las personas involucradas, a lo que Montoya comentó que nunca se pudo llegar a un identikit porque no contaba con los suficientes detalles y que tampoco pudo identificar a nadie en la rueda de reconocimiento y se dió por finalizado aquella declaración dando lugar al último testigo.

Ingresó a la sala un hombre vestido de negro con un morral marrón cruzado sobre el cuerpo y una gorra del mismo color que su vestimenta. Barba candado, arito en la oreja como así también anillos y un tatuaje de estrella en la mano izquierda. Se presentó al tribunal como Carlos Otamendi y juró decir la verdad.

Aquella persona declaró trabajar como maquillador profesional de cine y efectos especiales y a su vez en discotecas. Fue en en una de esas noches, hace tres o cuatro años que conoció a Marino y le dio su tarjeta, el acusado lo llamó pero según Otamendi, se vieron “máximo una cinco veces”.

Atento a ello, la abogada querellante le preguntó si él y Marino tenían una relación, a lo que el testigo manifestó que “no”, que alguna vez se lo encontró por el barrio de Once; “creo que -Marino- estaba vendiendo alfajores”.

La abogada prosiguió y le consultó cuándo había sido la última vez que lo había visto, “recuerdo que cuando me citaron la primera vez para declarar me habían dicho que había tenido un inconveniente y ya hacía como un año que no lo veía”.

“¿Y por qué dejaste de verlo?”, requirió nuevamente la abogada. “No se, porque no lo vi más. No estaba pendiente de verlo” manifestó el testigo y agregó “seguía pasando por los mismo lugares pero no lo vi más”.

Con aquel último testimonio, el presidente del tribunal dio por concluida la quinta audiencia quedando programada la siguiente para el 2 de mayo.