El 18 de abril del 2015 Manuela fue abusada por el conductor del taxi que debía llevarla a su casa. Hasta el momento el único responsable está prófugo en un sistema judicial que permite la impunidad y la desidia de las mujeres. Manuela decidió tomar posición y no quedarse paralizada en el lugar de la víctima. Eligió empoderarse y ayudar a empoderar a las demás.

Imaginemos una película.

La protagonista, una muchacha de unos 20 años con el pelo colorado, camina por las calles porteñas un sábado a la madrugada.  Viene de bailar y a su paso la música de fiesta se va perdiendo en el aire mientras se aleja del lugar.

En la película, la joven busca a su amiga y no la encuentra. Algo confundida, se sienta en el cordón de la vereda a esperar el colectivo que la lleva a su casa. Tarda y los segundos se hacen largos.

La espera la desespera. Llora nerviosa en el cordón.

En ese momento un auto baja la velocidad. Es un Radio-Taxi de una conocida empresa. No parece peligroso. El conductor le pregunta qué le sucede y ofrece llevarla a su casa.

La protagonista responde que no tiene dinero para pagarle. El taxista insiste en ayudarla. La joven sube al auto.

Hasta ahí la película podría ser de cualquier género.  Sin embargo ahora la atmósfera cambia: la música ya no es festiva, el murmullo del boliche se apagó y suenan notas más bien lúgubres que aumentan la tensión.

La película cambia para siempre. Es una pesadilla.

La película no es ficción ni remotamente. Manuela Ponz subió al auto de Tito Franklin Escobar Ayllón el 18 de abril del 2015. Sin desconfianza, pronunció la dirección de su casa e instantáneamente cayó dormida. Nunca sabremos si el sueño fue natural o inducido pues, una vez en el hospital, a Manuela no se le realizó el debido test de toxicología. Lo que sabemos es que, cuando recuperó el conocimiento, su cuerpo no reaccionaba, su mirada estaba perdida en el masajeador de cuentas de madera que colgaba del asiento delantero y sobre ella, forzándola y abusándola sexualmente,  el conductor del auto.

Durante los quince o veinte minutos que duró el abuso Manuela conoció la densidad que puede cobrar el tiempo. Como puede volverse espeso y eterno; inhabitable. Luego de amenazarla con pegarle hasta matarla,  su abusador la dejó en una esquina de Villa del Parque donde la joven empezó a tocar timbres desesperadamente. Algunos vecinos la asistieron, llamaron a la policía, la llevaron al hospital y contactaron a su madre.

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Al día siguiente Manuela y su madre dieron a la justicia todos los datos que tenían. A pesar de que jamás espero salir con vida de ese auto, Manuela recordó la cara y la patente del auto de su abusador de manera que logró describir el vehículo y los rasgos físicos de este. Además  dijo que tenía acento extranjero y que el GPS de su celular había estado prendido en todo momento.

El fiscal Cubría y el juez Gorostiaga quedaron a cargo del caso y organizaron una rueda de reconocimiento con personas que no respondían a ninguno de los señalamientos de la descripción.

Más tarde ella se enteraría que el auto donde se cometió la violación fue abandonado poco después del hecho en una parada de micros de larga distancia.

Una semana después del episodio, la mujer de Tito Franklin Escobar Ayllón fue a la justicia a declarar en contra de su marido. Según Manuela “se trató de una especie de artimaña para disolver la causa, dando tiempo para que se dé a la fuga”.

Ante el desinterés de la justicia, Manuela decidió continuar averiguando por su cuenta, sin dejar de insistir en que era responsabilidad legal asumir la búsqueda del culpable. Ante la desprotección estatal decidió generar herramientas propias. Pasó de estudiar Ciencias Políticas a Abogacía.  Este cambio no sólo tuvo que ver con esclarecer lo sucedido frente a una justicia machista y ciega, sino con adquirir recursos para ayudar a que otras víctimas no debieran pasar el mismo calvario.

A la vuelta de un viaje que realizó con sus amigues por Latinoamérica, Manuela pasó por Bolivia a buscar información. Pidió que le dieran acceso a los archivos de Interpol pero se lo negaron. Manuela volvió sin más datos de los que tenía cuando se había ido.

“La justicia en un principio no se movió con la eficacia que debería haberlo hecho y luego, este gobierno espantoso que odia a las mujeres me ha puesto todas las trabas estatales para que yo no pueda continuar con mi lucha” dice Manuela . Recientemente, el director del área de Violencia Institucional y  Delitos de Interés Federal, Daniel Barberis, le retiró la asistencia psicológica y pasó una causa nueva en el Juzgado de Familia Nº 82, para realizarle pericias psicológicas y un estudio de salud mental compulsiva.

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Nadie vuelve a ser el mismo cuando la tragedia lo infecta. Durante un tiempo la apremió el miedo, la ansiedad, las dificultades para estar sola. Su libertad coartada por alguien que se había esfumado gracias a la ceguera judicial.

Pero el ardor no sería eterno y de pronto, con el apoyo incondicional de su familia y amigues, se convertiría en lucha.

Durante su búsqueda por la justicia Manuela comenzó a escribir un blog, lo tituló “Crónica de la mierda”. Allí volcó lo que le sucedió durante estos tres años de impunidad y los sentimientos que esto le ha despertado: odio, miedo y desprotección. Pero también habla sobre la gran construcción que implica sobrevivir a un abuso decidiendo no amoldarse al estigma de la eterna víctima. Manuela supo que el hecho de haber sido abusada no la definiría ni condenaría. Que tenía el derecho de ser feliz como repuesta, como retruco, como bandera. Manuela volvió a salir, a reírse, a acercarse a hombres y a maquillarse.

En 2017 Manuela utilizó su cuenta personal de Twitter para difundir un mensaje de empoderamiento a otras víctimas de abuso: “Yo me volví a subir a un taxi, me volví a emborrachar. Me volví a pintar los labios. Me volví a poner una pollera, volví sola a mi casa de noche. Y no me violaron. Porque el único motivo por el que te violan, es porque son violadores”.

El video es un plano detalle, solo vemos la mitad de su cara, medio armazón redondo deja adivinar los anteojos. El pelo continúa siendo rojo.

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A tres años de su violación, Manuela marchó el último 18 de abril exigiendo respuestas de la justicia. “Me esperaron con 40 efectivos de la policía y 4 camionetas, con cascos y escudos como si yo fuera una delincuente” cuenta la joven. Tito Franklin Escobar Ayllón  tiene pedido de captura internacional con una recompensa de 500.000 pesos. Sin embargo, no hay datos sobre su paradero desde hace tres años.

Manuela sabe la fuerza que implica remar contra la corriente, denunciar hasta el hartazgo la impunidad, cansarse de asumir responsabilidades que no le corresponden.  Sin embargo sigue fuerte y esto es en gran parte gracias al movimiento feminista.

“Pude rearmar mi vida gracias al movimiento feminista. Ahí empieza toda contención. Cuando entendí que lo que me pasó no era un problema personal sino social, entonces empezó a pesar menos.”

“El movimiento feminista me recibió con un abrazo y día a día es el motivo por el que no bajo los brazos. Porque somos muchas, estamos organizadas y estamos juntas. Yo creo que hoy ya nadie nos puede parar. Ya empezó, se va a caer.”