A ocho meses de la desaparición de Santiago Maldonado el gobierno nunca se hizo cargo de lo sucedido, en las calles se levantan las banderas de Memoria, verdad y justicia. El caso Maldonado como un síntoma tardío del momento más oscuro de nuestra historia reciente ¿Todo está guardado en la memoria?

Santiago Maldonado paraliza la historia. Su nombre, como una constraseña susurrada, nos evoca a la época de los chupaderos, de los autos sin placas, del algo habrán hecho.

La desaparición y posterior muerte de Santiago Maldonado retrotrajo a la sociedad argentina a los momentos más oscuros de su historia. El enigma amargo, la búsqueda de rastros, la ausencia del cuerpo, la angustia de lo inminente como nudo en la garganta y la complicidad de las fuerzas de seguridad, nos encontraron de cuclillas tomando el agua de ese pozo ciego al que juramos no volver “nunca más”.

Durante el último gobierno de facto no hubo imágenes con las cuales recomponer lo sucedido. Quienes desaparecieron los cuerpos lograron que se “esfumaran” sin dejar rastro.

Con los medios de comunicación censurados o cómplices, los organismos de derechos humanos utilizaron las imágenes cotidianas de sus familiares desaparecidos. Esas imágenes fueron protagonistas de aquella peregrinación por comisarías, hospitales, embajadas. Fotos carnet, de documentos, de vacaciones en la playa, de álbumes familiares, anécdotas caseras arrancadas al paso del tiempo, que al multiplicarse en fotocopias grumosas se convirtieron en herramientas de lucha.

A ocho meses de la desaparición de Santiago Maldonado el gobierno nunca se hizo cargo de lo sucedido, en las calles se levantan las banderas de Memoria, verdad y justicia. El caso Maldonado como un síntoma tardío del momento más oscuro de nuestra historia reciente ¿Todo está guardado en la memoria?

Cuarenta y un años después, la desaparición de Santiago Maldonado expuso desde el comienzo la necesidad de formular una imagen -persistente y repetida-  en todo espacio vacío. Durante los dos meses y medio de ausencia el rostro de Santiago lo ocupó todo: volantes, remeras, carteles, pantallas, vidrieras, grafittis. Su gesto se camufló en amigos, familiares, conocidos, en los transeúntes de la calle florida. Más de una vez nos obligamos a volver la cara para confirmar que no, que no estaba dentro de un traje, ni comprando cigarrillos, ni tomando el subte. Más de una vez volvimos la cara para reafirmar que aún pervivía la ausencia que quema.

En algunas de las marchas que se hicieron durante la falta de Santiago aparecieron las viejas frases acuñadas en los 80’ por quienes luego serían los organismos de derechos humanos con mayor reconocimiento mundial, “vivos los llevaron, vivos los queremos” y “el estado es responsable” resurgieron como consignas nada anacrónicas.

Durante el tiempo que Santiago estuvo desaparecido el Gobierno no emitió ningún comunicado oficial al respecto, con una clara intención de hacerlo desaparecer inclusive del discurso. Mientras los medios de comunicación desinforman dando hipótesis contrapuestas y datos erróneos.  Se dijeron muchas mentiras sobre el caso: que Santiago se había perdido, que colaboraba con la RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), que lo había levantado un camionero y llevado hacia Chile, que la comunidad mapuche había impedido los rastrillajes y luego que estos mismos habían puesto pruebas falsas.

Sin embargo alguna vez alguien dijo que la única verdad es la realidad. Recién 10 días después de la desaparición de Santiago Maldonado, se procede a allanar los escuadrones de Gendarmería, tanto de Esquel como de El Bolsón, allí se descubre que los vehículos utilizados por Gendarmería Nacional durante el operativo habían sido lavados y los precintos de seguridad violados.

Se realizaron tres rastrillajes en la zona antes de encontrar el cuerpo, el 5 y el 16 de agosto y el 18 de septiembre. Según las declaraciones de un miembro de la policía de Río Negro durante el segundo se encontraron cartuchos de bala FAL y 9 mm, pero no fueron utilizados como prueba porque la fiscal a cargo dijo que “no era lo que buscaban”.

A ocho meses de la desaparición de Santiago Maldonado el gobierno nunca se hizo cargo de lo sucedido, en las calles se levantan las banderas de Memoria, verdad y justicia. El caso Maldonado como un síntoma tardío del momento más oscuro de nuestra historia reciente ¿Todo está guardado en la memoria?

EL 15 de Octubre de 2017 Lilita Carrió dirá en televisión, con el desparpajo que la caracteriza, que había un 20% de posibilidades de que Santiago esté en Chile

En 1979 en una conferencia de prensa el entonces presidente Jorge Rafael Videla dijo “los desaparecidos no están ni vivos ni muertos, solo desaparecidos”. Ni vivos ni muertos, como si existiese una dimensión  en el medio, un limbo paralelo y finísimo -como el alambre de un equilibrista- donde hay que respirar bajito para no caer de ninguno de los dos lados.

Sin embargo Santiago no pudo mantenerse en es paréntesis. Después de setenta y cinco días donde la incerteza se extendió como hiedra venenosa, el 17 de octubre del 2017 algo aparece. un cuerpo largo sobre el agua gélida, sus documentos en los bolsillos, las preguntas sin respuestas. Flotan en el río Chubut los restos de lo que supo ser durante 28 años Santiago Maldonado a 400 metros río arriba de donde fue visto por última vez.

Una vez aparecido el cuerpo se dijo que estaba intentando politizar el caso para perjudicar el resultado en la inminencia de las PASO. Se dijo que había sido culpa de un gendarme aislado y ningún miembro del gobierno se hizo responsable de la situación. La ministra de seguridad Patricia Bullrich se mostró aliviada cuando declaró en la mesa de Mirtha Legrand que “la verdad había salido a la luz en contra de aquellos a los sectores interesados en construir una versión que involucra a la gendarmería con la desaparición del joven”

En las calles lejos de mermar se multiplicaron los Santiagos, como si la imagen  fuese una reliquia medieval que invoca un santo-confabulando contra la ausencia- y cristalizando su recuerdo. Santiago, sus ojos marrones, sus barbas tupidas, sus rastas finas se amoldaron a nuestras piel, se impregnaron en los hábitos cotidianos. Así fuimos sabiendo más datos de su vida personal, descubrimos que le gustaba el punk y la cumbia, que era de pueblo chico, que le decían lechuga, que le había prometido a su madre volver para navidad. Que durante su viaje lo apodaron el brujo porque tenía remedios para todo, que tenía un puesto de artesanías.

A ocho meses de la desaparición de Santiago Maldonado el gobierno nunca se hizo cargo de lo sucedido, en las calles se levantan las banderas de Memoria, verdad y justicia. El caso Maldonado como un síntoma tardío del momento más oscuro de nuestra historia reciente ¿Todo está guardado en la memoria?

El último 24 de marzo Santiago estuvo en la Plaza de muchas maneras, en los dibujos, en las plazas,  en los poemas, en los pañuelos, en los pines, tatuado en el antebrazo de su hermano. Santiagos incansables practicando el ritual de la memoria, nosotros incansables practicando ser Santiago. El 24 de marzo Santiago estuvo allí compartiendo el escenario principal donde hablaron madres y abuelas de plaza de mayo, aprendiendo de ellas, expertas en el ritual de machacar la memoria.

Ahí estaba Santiago, su imagen, luego de ocho meses de trashumancia por diferente soportes. El 24 de marzo Santiago en todo, cantando, aplaudiendo, sacando fotos, pegando carteles. Estaba allí, porque si hay algo que nos enseñaron las madres y abuelas es que la memoria no cura el dolor ni cierra la herida, pero si detiene la hemorragia. La memoria es ungüento para de coagular las cicatrices. La memoria es la pócima que recomendaría el brujo contra el brote del olvido.

No olvidamos ni perdonamos.

Santiago Maldonado Presente.

El Estado es responsable.