El Día Internacional de los Trabajadores tuvo varios actos y concentraciones, desde el Congreso hasta el monumento al Trabajador. A pesar del reclamo común, contra el ajuste y el auge represivo del macrismo, los numerosos actos evidencian de manera clara la dispersión opositora a Cambiemos.

El día amenazaba con lluvia, como viene sucediendo desde hace tiempo. La plaza del Congreso, alrededor de las 15, se encontraba plagada de banderas rojas y blancas: Izquierda al Frente por el Socialismo (IFS), el frente trotskista más joven del país, que nuclea al Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y al Nuevo MAS, se disponía a realizar uno de los tantos actos por el Día Internacional de los Trabajadores. El clima, era cuasi festivo: batucadas por doquier, cantitos muy bien producidos hechos sobre cancionetas italianas, choripanes y cerveza. El acto, que se encargó de cerrar Manuela Castañeira, dirigente del MAS, estuvo plagado de coyuntura: los despidos, el ajuste, los tarifazos, el aborto, Brasil, Francia, Trump. Todo estuvo marcado por el carácter internacionalista que caracteriza al trotskismo argentino, y el mensaje fuerte fue para la burocracia sindical: “los traidores de siempre”. El recuerdo de Santiago Maldonado también se hizo presente, a 9 meses de su desaparición y asesinato.

Fotos: Federico Muiña

Fotos: Federico Muiña

El camino que va desde la plaza del Congreso hasta Plaza de Mayo se puede recorrer en 20 minutos y, si se camina rápido, incluso menos. Pero en este caso valía la pena prestar más atención al entorno. A unos pocos metros del acto del IFS, en la esquina de Virrey Cevallos y Rivadavia, se estaba realizando de forma simultánea otro acto, aunque mucho más pequeño que el anterior. Los Trabajadores Desocupados, los Trabajadores Organizados por la Revolución (TORRE), el Partido Revolucionario Marxista Leninista (PRML), la Corriente Sindical Jorge Weisz y el Partido Marxista Libertario habían preparado una suerte de pequeño mitin, de no más de 100 personas, donde se trató uno de los temas que más preocupa a la izquierda del país y, por qué no, del mundo: qué hacer con los trabajadores y trabajadoras desocupados. El denominador común también fue el ajuste y la represión que sigue llevando adelante el gobierno de Macri, y, por primera vez en el día, se escuchaba la frase “unidad de la izquierda” en voz de una de las oradoras.

Fotos: Federico Muiña

Fotos: Federico Muiña

Mientras el reloj avanzaba, había que moverse. En 9 de Julio y Avenida de Mayo, a unas pocas cuadras del Congreso, estaban ocurriendo dos (o tres) concentraciones en simultáneo. De un lado, un cartel cuya leyenda rezaba “Trabajadores de los años ‘70” no tenía ningún trabajador o que lo acompañase. Del otro se encontraban los anarquistas, nucleados bajo una bandera negra con letras blancas en la cual se podía leer “Comité Anarkista: ni dios ni patrón”. Incluso menos numeroso que el acto de los Trabajadores Desocupados, eran las 15.40 y tan solo había algunos curiosos que se aproximaban a ver los imanes de 10 pesos con caras de Bakunin, Malatesta, Proudhon y otros anarquistas. La Polla Récords, el célebre grupo vasco de punk, sonaba a todo volumen mientras, del lado más cercano a Plaza de Mayo, otra concentración de organizaciones se disponía a marchar.

Con una larga columna, y promediando las 15.45, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, que nuclea al Partido Obrero (PO), al Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y a  Izquierda Socialista (IS) , tenía como objetivo no romper la columna antes de llegar al escenario, ya que la plaza se encuentra “en reparación”. Mucho más numeroso que los actos y concentraciones anteriores, la presencia de dirigentes del viejo trotskismo, como Jorge Altamira, se mezclaba con los nuevos referentes, como Patricio del Corro o Nicolás del Caño, encargado de cerrar un acto que tuvo muchos protagonistas: los estudiantes terciarios, Rubén El Pollo Sobrero y Myriam Bregman. Al igual que el acto del IFS, el FIT se posicionó en contra del ajuste macrista y sus políticas represivas, bregó por la construcción de un sindicalismo clasista que pueda hacerle frente a “los burócratas sindicales de siempre” y recordó a Santiago Maldonado.

Mientras tanto, en la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT), también se llevaba a cabo otro acto. Con la presencia estelar de Dilma Rousseff, presidenta de Brasil depuesta por un golpe de estado, y del ex presidente Eduardo Duhalde, los dirigentes sindicales lanzaron un mensaje contundente al macrismo y rechazaron el ajuste y los tarifazos que vienen llevando a cabo desde diciembre de 2015. Por su parte, los miembros de las organizaciones de Barrios de Pie, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y la Corriente Clasista Combativa (CCC) también se hicieron presentes en la sede de Azopardo, aunque un tiempo breve. Estas organizaciones sociales,  tenían como objetivo entrar a la reunión del Consejo Directivo para plantear su ingreso a la CGT, pero la presencia de Eduardo Duhalde fue tomada como una provocación.

“Ningún acto deja de tener resultados en la vida, y el creer en una teoría, y no en otra, tiene en la acción reflejos particulares: también el error deja huellas, porque, divulgado y aceptado, puede retrasar (no impedir) la consecución de un fin”, decía Antonio Gramsci, el célebre teórico marxista, en su texto Utopía. Si bien es claro que la oposición al macrismo es contundente, resulta de suma importancia remarcar que el campo popular se encuentra dividido. Las chicanas, la intransigencia, el personalismo, hacen que el espectro político de la izquierda se encuentre cada vez más desorientado y desunido, a pesar de la enorme fuerza que ha estado tomando en los últimos años desde el plano electoral.

Es obvio que hay diferencias irreconciliables dentro del campo popular. Nadie del FIT se juntaría con un burócrata sindical, así como ningún Grabois se juntaría con Duhalde, responsable político de los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Pero el Día Internacional de los Trabajadores debería ser una fecha en la cual el movimiento obrero deje de lado ciertas diferencias para demostrar una unidad menos fragmentada. Para esto, vuelve a ser importante recordar a Gramsci: “Los acontecimientos no dependen del arbitrio de un individuo, ni tampoco del de un grupo, aunque sea numeroso: dependen de las voluntades de muchos, las cuales se manifiestan por el hecho de hacer o no hacer ciertas cosas y por las actitudes espirituales correspondientes, y dependen de la consciencia que tenga una minoría de esa voluntad, y de la capacidad de orientarlas más o menos hacia una finalidad común”.