El economista Claudio Lozano analiza en profundidad la coyuntura argentina, dispara contra el gobierno y critica al kirchnerismo. Los errores de Proyecto Sur, los límites del progresismo y la apuesta a un nuevo espacio político con CTEP y Libres del Sur. "Cambiar a Macri por Urtubey o De la Sota sería una alternancia dentro del régimen".

Claudio llega quince minutos tarde a la cita. Una movilización del Polo Obrero lo encontró justo antes de llegar de nuestro encuentro: la conflictividad social retrasa la entrevista. En los próximos días, el economista de la CTA Autónoma y ex diputado nacional presentará junto a Víctor de Gennaro, la CCC, Barrios de Pie y el Movimiento Evita el espacio “Vamos”, una herramienta política que busca consolidar los acuerdos que se fueron forjando al calor de la lucha contra el neoliberalismo.

¿El regreso al FMI fue una jugada planificada dentro del guión macrista o un impulso de los grandes sectores financieros para acelerar la devaluación y la política de shock?

Argentina es un país que, como resultado histórico y por las transformaciones del capitalismo durante la dictadura, posee fuertes niveles de fragilidad frente al escenario mundial. Esa realidad se agrava con las políticas que toma este gobierno y da como resultado que Argentina, de cada 10 dólares que necesita, produce apenas 6: el resto se salda con endeudamiento o ingreso de capitales de corto plazo, a los que premia con una altísima tasa de interés. Una política como la que aplica el gobierno tenía razonablemente que producir los resultados que produjo. Los argentinos tropezamos por tercera vez con la misma piedra: en la dictadura con Martínez de Hoz, en los ´90 con Cavallo y ahora con Macri: las políticas son las mismas. Los dólares se disparan por 3 cuestiones centrales: primero el cambio en el escenario internacional, la tasa de bonos de EE.UU. sube y hacia allí van las inversiones. Segundo, se acumulan vencimientos de corto plazo (LEBACs, SWAPs, letras del tesoro), y de acá a 2019 hay 54 mil millones de dólares en vencimiento. Por último, el factor más importante: la crisis política, la ruptura del acuerdo de gobernabilidad. Macri es una fuerza minoritaria que ha podido articular con distintas variables del PJ que le garantizan gobernabilidad. Frente al tarifazo, se rompió el acuerdo de gobernabilidad en el Congreso. Al igual que el 14 de diciembre, el malestar social volvió a hacer crujir el acuerdo de gobernabilidad. Lo que buscan es disciplinar a la clase política para pasar a la ofensiva en materia de ajuste, que viene con aval del Fondo y con la cobertura del poder económico local.

¿Hay un proyecto de poder de las clases dominantes? ¿O es una simple depredación cíclica de la mayor cantidad de recursos posibles?

El problema de la Argentina no son los pobres ni el Estado: son los ricos. La clases dominantes han tenido grandes contradicciones entre sí, que han llevado a que la Argentina tenga importantes crisis pero sin haber tenido, sobretodo del 50 en adelante, un norte estratégico. Con la dictadura fueron a fondo en términos del genocidio y el desmonte de la estructura productiva. Sin embargo no lograron organizar una estrategia común, y esto se vio reflejado en los 90 en la discusión entre devaluacionistas y dolarizadores. Esa discusión tiene por detrás la idea de que Argentina incorpore a su plataforma de exportación el gas no convencional, a partir de la importancia de Vaca Muerta. El tarifazo busca colocar la renta de las petroleras en los niveles más altos posibles para que Vaca Muerta prospere. Hay un norte y es el modelo primario agroexportador, con un sector industrial más chico y con menos demanda de importados.

¿Es posible pensar una unidad política en un frente antineoliberal?

Es imprescindible construir una fuerza política que esté en capacidad de transformar la Argentina. Eso implica confrontar con este gobierno, pero también requiere un realineamiento político entre tradiciones culturales históricas, saliendo del límite de las estructuras tradicionales. Cambiar a Macri por Urtubey o De la Sota sería una alternancia dentro del régimen. Cuando veo al kirchnerismo llamando a la unidad del PJ me resulta preocupante. La mejor autocrítica que el kirchnerismo podría hacer sería reconocer los límites del PJ para encarar un proyecto de transformación: fue uno de los límites más claros del los 12 años de Néstor y Cristina.

¿Crees que el kirchnerismo puede ser definido como un movimiento transformador en la Argentina?

No, yo creo que el kirchnerismo fue la expresión de la situación en la que estaba el movimiento popular a finales de los 90. Con una enorme capacidad de cuestionamiento, pero sin haber conformado una fuerza política que le permitiera intervenir. El kirchnerismo es un híbrido entre las dinámicas populares y la estructura del justicialismo, que ponía límites para avanzar en esa dirección.

¿Que diferencia hay con Lula y el PT, a quien ustedes reivindican?

Chávez es una expresión diferente al sistema político venezolano. Lula y el PT es un emergente nuevo, son ellos quienes subordinaron en el acuerdo político al sistema tradicional. En Argentina no se pudo construir una fuerza con autonomía de los actores tradicionales. el kirchnerismo nunca fue otra cosa que el Partido Justicialista y en el 2005 se refrendó de manera más explicita. Cristina hoy es un problema porque ha quedado en el centro de la confrontación y es una de las razones sobre las cuales construye legitimidad el macrismo. Buena parte del crecimiento electoral del macrismo entre las PASO 2017 y las legislativas está relacionado con el temor de que CFK ocupase nuevamente el centro de la escena política. El kirchnerismo ha sido una de las estrategias del campo popular, que como todas las estrategias han sido derrotadas. Si el PRO es la única fuerza ajena al bipartidismo, la conclusión es que la experiencia tradicional ha sido superada pero por derecha. Sin embargo, la experiencia popular en Argentina fue derrotada en términos políticos y no sociales. Por eso es que puede hacer crujir el acuerdo de gobernabilidad. Hay una derrota política y no social.

Mañana vota Venezuela y junto con Bolivia y Nicaragua se sostienen como la continuidad de los procesos de conquistas de derechos del continente. Mientras tanto en Argentina y el Brasil, los sectores conservadores recuperaron el mando del Estado. ¿La situación actual expresa los límites del progresismo?

Es un límite. En Argentina el envase del PJ le puso límites concretos a la salida de la crisis. En Brasil, Lula tampoco tuvo una política económica osada: aprovechó el contexto internacional para poner en marcha políticas sociales adecuadas, pero no movió el amperímetro de la transformación de la matriz económica brasileña. En lugar de profundizar la integración terminó en una jugada con los BRICS, que se terminó transformando en excluyente. Hay dos límites claros: el primero, los gobiernos progresistas confundieron el Estado con la participación popular. La idea que el Sujeto político eran los gobiernos y no la organización popular fue un límite. El otro tema es el de la integración regional: en el marco de los gobiernos progresistas apareció un jugador internacional que hizo bolsa la posibilidad de la integración: China. Quitó entidad al comercio intrarregional en función de los acuerdos individuales, le puso límite al Banco del Sur y a la integración productiva, y el ciclo terminó con un importante expansionismo de las empresas brasileñas en una suerte de subimperialismo.

En Ciudad te presentaste y obtuvieron apenas el 1,5%: ¿Es posible ganarle a Larreta en la ciudad o es un territorio anti-popular por excelencia?

Yo no comparto esa caracterización, creo que tiene que ver más con los límites nuestros que con los problemas de Buenos Aires. Antes de Macri gobernaba Ibarra, el progresismo, y no sé si la experiencia del PRO en CABA es más de derecha que Morales en Jujuy o Insfrán en Formosa. Creo que el progresismo en América Latina es víctima de sus propias inconsecuencias. Lo de Ibarra fue un desastre y nunca logramos prolongar la experiencia progresista. Con Proyecto Sur fuimos la primera bancada de oposición al macrismo, incluso le ganamos al FPV. El problema fue que una vez que ganamos Pino Solanas empezó a caminar hacia el acuerdo con Carrió y la UCR, que terminó en el UNEN. Lo mismo ocurrió con el FAP. Abrimos un debate interesante en términos de democratización, de defensa de los recursos naturales, de un nuevo modelo industrial, que estaban pospuestas por los límites que el propio kirchnerismo tenía.

¿A quién votaste en el ballotage?

Voté a Scioli. Es más, sacamos una declaración pública diciendo “Nosotros no votamos a Macri”.

Yasky y Michelli vuelven a apostar por la unidad. Desde el 21 hay una nueva confluencia entre Camioneros, un sector de la CGT y la CTA . ¿Por qué  Cachorro Godoy y ATE Nacional quedan por fuera de los realineamientos de unidad sindical?

No tiene que ver con juntarnos en torno al viejo modelo sindical, y todos los que mencionas van directo a ser una corriente interna en la CGT. El modelo sindical tiene que estar abierto a que participen trabajadores formales, informales, organizaciones, libertad sindical, autonomía de trabajadores. Trabajamos en otra dirección: reivindicamos las banderas históricas de la CTA. La CGT esta agotada, la CTA cumplió una etapa pero la perspectiva de un nuevo modelo sindical sigue en pie.

Ping pong de despedida

CFK: “Un límite”

Mauricio Macri: “Un viejo problema de la Argentina”

Hugo Moyano: “Alguien que abandonó la experiencia sindical”

Hugo Yasky: “Alguien que no respetó el voto de los trabajadores y decidió fracturar la CTA”

Axel Kicillof: “Alguien con formación e ideas interesantes, pero que eligió comandar un momento gubernamental que violentaba incluso sus propias convicciones”

Matías Lammens: “Tengo un punto de unidad importante: los dos somos de San Lorenzo”