Días después de la presentación de su ultimo libro "Putita golosa" de Editorial Galerna, Luciana Peker participó de la charla 'El futuro del periodismo será feminista', donde habló del tratamiento mediático de los femicidios y los estereotipos de género.

Luciana Peker es periodista feminista y parte del suplemento Las 12 de Página/12, que acaba de cumplir 20 años. Recientemente participó de las reuniones informativas en Diputados por la ley de la interrupción legal del embarazo con un discurso en donde reivindicó el feminismo negro y latinoamericano y habló de la revolución de las hijas. El domingo 13 de Mayo presentó su último libro “Putita Golosa” de Editorial Galerna en la Feria del libro, allí problematiza las masculinidades hegemónicas y exige un feminismo del goce que no sólo se identifique con el sufrimiento de lucha sino también con el placer de la conquista. Referente incansable del periodismo de género, partidaria del buen comer y los cuerpos no hegemónicos, Luciana Peker participó de la charla ‘El periodismo futuro será feminista’ donde habló sobre el tratamiento que hacen los medios masivos de comunicación sobre los femicidios y los estereotipos de género que circulan.

¿Cómo es el tratamiento mediático de los casos de violencia de género y femicidios en Argentina? Qué pasó con el caso paradigmático de Melina Romero y la reivindicación del lema ‘fanática de los boliches’?

El caso de Melina Romero que, aún estando desaparecida, Clarín titulaba como “Una fanática de los boliches que dejó la escuela”. ‘Fanática de los boliches’ quedó como lema, que es una de las irreverencias del lenguaje que intentamos hacer las feministas que a mí más goce me produce, “espejito rebotin” con el lenguaje y ahora lo que puso Clarín para denigrarla quedó como bandera. Contribuyeron mucho las notas de Florencia Alcaraz sobre el tema.

Para mi ahí hay dos cosas: por un lado, en la nota de Clarín un machismo absoluto. Si se ve el análisis de la Defensoría del Público y del Observatorio contra la discriminación en la radio y la televisión, organismo que ya no existe, refleja que en los medios hay mayor cobertura de femicidios, pero no había cambiado el punto de vista, ya que por ejemplo seguían cubriendo periodistas policiales y no periodistas especializadas en género. La diferencia es absoluta.

La cobertura de los femicidios de las jóvenes en los últimos años de la televisión no tenía empatía ni tenía contextualización de género. La cobertura del femicidio de Melina era una forma de disciplinamiento, de decir “esto le pasa a las jóvenes por salir al boliche solas”, era una forma de decir no salgan a la noche, no bailen, no salgan de gira, no tomen alcohol ni consuman drogas.

Incluso en los casos de jóvenes de sectores medios, en los que también se prejuzga mucho, se dice que se las trató mejor por ser de clase media, y yo no estoy tan de acuerdo. Hubo coberturas espantosas como el caso de Angeles Rawson, en el que se le dio lugar al femicida para hablar en los programas de tv, y también el trasfondo era ‘no vayas sola al colegio, no saludes a nadie, no vayas sola a leer un libro’, se trata de un disciplinamiento hacia las jóvenes.

En Argentina hay un 30% de víctimas de femicidio que son jóvenes, a diferencia de España donde, según la página feminicidios.net, es menos del 10%. Esto marca una diferencia porque hasta ahora la Ley contra la violencia que rige en Argentina está casi calcada de la de España y la realidad indica que hay cosas en común pero más bien relativas a la violencia hacia mujeres adultas que hacia las jóvenes. Los asesinatos de las jóvenes son un fenómeno latinoamericano y argentino que se diferencia de la mirada clásica sobre la violencia de género porque tiene más que ver con la corrupción de las fuerzas de seguridad, con los escenarios marcados por la droga, con el espacio público, con lo que se llama inseguridad, ahí hace falta una mirada latinoamericana.

De lo que hablo con el ‘feminismo del goce’ es el derecho de las jóvenes a disfrutar, a la libertad, a la noche. Lo que hace Clarín con el caso de Melina es contarlo como la crónica de una muerte anunciada, como si Melina se hubiese puesto una bomba e inmolado por ir a bailar. No, no se suicidó, no se mató, era una chica que tenía derecho, incluso a equivocarse, a estar fuera del sistema. Tiene derecho a hacer lo que quiera hacer y eso nunca es igual al suicidio. La idea de que se iba a morir de todas maneras le quita la responsabilidad al Estado, es lo mismo que se decía cuando utilizaban el término “crimen pasional”. Primero que la pasión es algo hermoso, segundo que el crimen pasional lo que planteaba era que no se podía evitar. La palabra ‘femicidio’ viene a cambiar ese paradigma para otorgarle al Estado la responsabilidad de evitarlo.

¿Qué sucede en el otro lado con las masculinidades y el tratamiento de los medios? ¿Qué pasó con el reciente spot de TyC Sports sobre el mundial de Rusia que ante las críticas tuvo que ser bajado del aire?

Que TyC Sports haya bajado rápidamente el spot es una muestra del impacto y la importancia que cobraron estas discusiones. Era un spot en el que se le habla a Putin, exponente de un gobierno totalmente autoritario en el que hay una criminalización y discriminación hacia el colectivo de gays y lesbianas. No sólo es una banalización de las violaciones a los derechos humanos en Rusia sino que hay cierta reivindicación del amor entre hombres en el fútbol, mostrando besos, abrazos y gestos de amor entre hombres en la cancha explicando que eso no los hace homosexuales.

Por un lado invisibiliza a las mujeres que les gusta el fútbol y por otro lado banaliza la revancha machista que implica la penalización y la persecución de los colectivos disidentes. Lo interesante entonces es analizar cómo cuesta hoy pensar la masculinidad y cómo cuesta poner otros ejes de la masculinidad que tengan que ver con lo amoroso, con la emoción. Es como si la cancha fuera el lugar donde los hombres tienen permitido abrazarse, llorar, gritar, tocarse. Lo que se visibiliza a través del discurso erróneo de la propaganda de TyC Sports es que hay putos reales.

Lo que hace la publicidad es decir ‘acá nosotros lloramos, nos abrazamos, etc pero seguimos siendo machos, no somos putos’. La cancha termina siendo un lugar de descanso para la masculinidad estereotipada. ¿Por qué? Hoy las mujeres hemos avanzado tanto que podemos poner en cuestión los mandatos de la feminidad, ser delicada, ser sumisa, ser cuidadoras, ser sensibles, sin embargo los hombres no. Cuando intentan hacerlo terminan reproduciendo un contenido totalmente discriminador y homofóbico.