Contra todos los pronósticos, los vecinos del barrio de Balvanera lograron doblegar a un grupo inversor que buscaba construir un estadio y un centro comercial en la Manzana 66. Recientemente comenzaron las obras para convertir a estos terrenos en un parque público que albergará juegos y una escuela pública para 300 alumnos.

El eslogan oficial Ciudad Verde está muy lejos de ser un aspecto visible y real en la ciudad de Buenos Aires. A pesar de que el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad anunció a finales del año pasado un aumento de 18,9 hectáreas de espacios verdes -algo equivalente a casi 4 plazas San Martín- entre 2015 y 2016, la metrópolis porteña continúa muy lejos de los estándares mínimos saludables que ostentan ciudades latinoamericanas como Porto Alegre, San Pablo y Montevideo. Algunos barrios porteños sufren en mayor medida esta carencia y la situación se torna asfixiante: este es el caso de la Comuna 3 (San Cristóbal y Balvanera), que ya en el año 2016 contaba con apenas 0,4 m2/hab de parques y plazas.

La especulación inmobiliaria, una de las culpables de la pérdida de espacios verdes en la ciudad, quiso hacer estragos en la Manzana 66 (delimitada por las avenidas Jujuy y Belgrano, y las calles Moreno y Catamarca) del barrio de Balvanera cuando más de 20 casas, terrenos y galpones quedaron en manos de un grupo inversor allá por el año 2013. El propósito de los nuevos dueños, que contaba en ese momento con el aval del gobierno porteño, era construir un estadio para 18 mil personas, un hotel, oficinas, locales, restaurantes y tres subsuelos de estacionamientos.

Sin embargo, la oposición de los vecinos fue rotunda y contundente. Alberto Aguilera, vecino de Balvanera y activista en defensa de la “Manzana 66 Verde y Pública”, cuenta a El Grito del Sur que en el año 2014 se encontraron “con una manzana completamente derrumbada y, hasta ese momento, gran parte del barrio no sabía qué estaba pasando”. Fue así que comenzaron a efectuar diferentes encuentros con los vecinos, reuniones informativas con la presencia de profesionales que explicaban los riesgos de la construcción de un estadio y, finalmente, los caminos condujeron hacia la elaboración de un proyecto de ley de los vecinos para construir allí una plaza, un polideportivo, una escuela de nivel inicial, un centro de jubilados y el edificio propio para el Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla.

En el lapso entre 2015 y 2017, los terrenos estuvieron ocupados por un complejo de canchas de fútbol 5 y 7. Sin embargo, el sueño de los vecinos se reactivó en abril del año pasado, cuando se aprobó en la Legislatura porteña una ley para transformar la manzana por completo y dejar atrás la idea del emprendimiento privado. Al mismo tiempo, el Gobierno de la Ciudad negoció con el dueño del predio y logró cambiarle el terreno por otro ubicado en el barrio de Saavedra. “Fue un proyecto hecho por los vecinos y apoyado por los diputados. Nos duele muchísimo que no se haya podido incluir al Conservatorio Manuel de Falla, que tiene 100 años y nunca tuvo edificio propio. Nos hubiese gustado tener al conservatorio en la Manzana”, se lamenta Aguilera.

La Manzana 66 contará con una amplia zona de juegos infantiles, áreas de descanso y una escuela primaria con un diseño de vanguardia. También se acordó la colocación de mesas de ping pong, bicicletas fijas, un circuito atlético, cámaras de seguridad, iluminación LED, una estación de Ecobici y WI-FI gratuito. En principio la plaza no tendrá rejas perimetrales y se plantarán más de 100 árboles nuevos para darle más verde a todo el barrio. Durante la inauguración de las obras de la Manzana 66, que estarían finalizadas para febrero de 2019, el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta reconoció que “este es otro sueño que empieza a hacerse realidad, un pedido histórico de los vecinos que va de la mano con nuestra política de sumar espacios verdes precisamente en el barrio que menos plazas tiene”.

Nuevo espacio verde. El proyecto del Gobierno de la Ciudad para la Manzana 66

“La plaza es necesaria porque tenemos 40 cm de verde por habitante sobre los 10 metros cuadrados que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estamos con muchas necesidades y con este proyecto pudimos mejorar un poco el barrio”, sostiene Alberto Aguilera. La mejor enseñanza de esta victoria inusual en tiempos de crecimiento de la especulación inmobiliaria, asegura Aguilera, resultó ser el vínculo duradero con los vecinos que no se perdió en ningún momento. “No se puede comenzar nada si no informás al barrio lo que está pasando. Por dos años, nosotros estuvimos todos los sábados en la Manzana 66 volanteando y hablando con los vecinos. Esa información que se le dio al barrio para que se entere del tema fue lo que nos salvó”, rememora.