A fuerza de palazos, gases lacrimógenos y un tendal de detenidos, la Policía de la Ciudad desalojó el corte de vías con que los metrodelegados reclamaban aumento salarial. El vicejefe de Gobierno, Diego Santilli, había vaticinado la represión. Hay heridos y más de 15 presos.

Un grupo de Infantería de la Policía de la Ciudad irrumpió esta mañana en la estación Las Heras de la línea H de Subte y desalojó a fuerza de palazos, balas de goma y gases lacrimogénos a los trabajadores que se encontraban cortando las vías en reclamo de un aumento salarial superior al 15 por ciento acordado entre la empresa concesionaria, Metrovías, y la burocracia de la UTA. El saldo: más de 15 metrodelegados detenidos, entre ellos Néstor Segovia, secretario adjunto de la Asociación Gremial de los Trabajadores de Subte (AGTSyP) y delegado histórico de la línea C.

La respuesta inmediata del sindicato ante la represión fue decretar un paro total en todas las líneas a partir de las 12 horas de hoy y hasta tanto sean liberados la totalidad de los delegados, que se encuentran detenidos en distintas comisarías de la Ciudad. “A partir de las 12 paran todas las líneas”, exclamó ante las cámaras de televisión el Secretario General, Roberto Pianelli.

“Estamos rodeados. Nos están queriendo sacar de nuestro lugar de trabajo a la fuerza. Es aberrante, están intentando impedir nuestro derecho constitucional a la huelga y a la protesta en el ámbito de trabajo”, disparó por su parte el delegado de la izquierda Claudio DellaCarbonara, en uno de los tantos mensajes que los metrodelegados hicieron circular via redes sociales sobre lo que sucedía al interior del túnel, donde a media mañana ya se había formado el cordón de Infantería dispuesto a avanzar sobre el corte de vías.

María del Carmen Verdú, abogada de Correpi, precisó además que varios de los trabajadores resultaron heridos, como en el caso del delegado paritario Claudio Baigorria, quien fue “brutalmente golpeado en la cabeza y esposado”. La lista de detenidos -según Correpi- llegaba este mediodía a más de 15 trabajadores.

La represión fue el punto cúlmine del conflicto que los metrodelegados mantienen a tres puntas con la empresa controlada por el grupo Roggio, el Ejecutivo que conduce Horacio Rodríguez Larreta y la conducción de la UTA, vinculada al sector “dialoguista” de la CGT. Metrovías, la UTA y Larreta coincidieron en cerrar, a mediadios de abril, un aumento salarial del 15 por ciento en tres cuotas para los trabajadores del subte. La suma estuvo muy por debajo de lo que las consultoras ya pronosticaban entonces como el índice de inflación, cercano al 20 por ciento. Con la última devaluación y el cambio de metas del propio Gobierno, la protesta de los trabajadores que rechazaban ese acuerdo se profundizó.

Como agravante del conflicto, metió la cola la Corte Suprema de Justicia, que hizo lugar a un reclamo de la UTA y le quitó la personería gremial a los Metrodelegados, lo que dejó al gremio de mayor representación fuera de las negociaciones paritarias. Con el sector combativo fuera de la mesa, la UTA, el Gobierno y Metrovías tuvieron vía libre para cerrar la baja salarial y arrastaron al conflicto a la mayoría de los trabajadores.

Entre mediados de abril y la represión de hoy, los metrodelegados realizaron paros breves y escalonados cada semana en todas las líneas e incluso liberaron los molinetes en varias oportunidades, con el objetivo de forzar a las autoridades a reabrir la paritaria con el gremio representativo en la mesa de discusión. Para hoy estaba convocada una nueva medida de fuerza. El propio vicejefe de Gobierno, Diego Santilli, anticipó que esta vez habría represión. “Vamos a tomar medidas contra los delegados. El paro es en contra de la gente”, vaticinó esta mañana en declaraciones a FM La Patriada.

La semana pasada, el Presidente en persona concurrió a la inauguración de la última estación de la línea H, la nueva cabecera norte en la Facultad de Derecho. De la mano de Larreta, se fotografió conduciendo uno de los subtes. Un video que circuló después, filmado por los propios trabajadores, develó que la escena cordial y de entusiasmo había sido montada. Macri y Rodríguez Larreta sabían que iban a hacer un acto político con un conflicto gremial de fondo.