El lunes se llevó a cabo la séptima audiencia por el travesticidio de Diana Sacayán. Declararon lxs últimos testigos y el principal acusado, Gabriel Marino dijo unas palabras antes de arrancar con los alegatos que están programados para la semana que viene.

La séptima audiencia fue en una sala pomposa de la planta baja del Palacio de Tribunales, -mucho más grande que la habitual-, con un techo altísimo y unas paredes blancas cubiertas de cuadros de juristas de todas las épocas, aunque ninguna mujer asomaba entre ellos, para variar.

El estrado para el tribunal estaba significativamente elevado sobre el nivel del suelo. Las sillas eran de madera, voluptuosas, y se notaban pesadas ante el ojo humano y con un detalle: tenían tallado el símbolo de la justicia sobre el respaldo. A sus espaldas estaba colgado un gran crucifijo. La defensa -como la querella y la fiscalía-, apenas entraban en sus lugares asignados, contrariamente al espacio que tenían lxs jueces. Fue allí donde se llevó a cabo la séptima audiencia por el travesticidio de Diana Sacayán, la activista travesti y defensora de derechos humanos asesinada en octubre de 2015.

Entre los testigxs citadxs para declarar se encontraban dos policías, un perito científico y una médica legista. Ambos agentes policiales no dieron grandes aportes a la causa. El primero de ellos había sido enviado por la comisaria N° 38 apenas se halló el cadáver de Diana Sacayán. Por su parte el segundo fue quien había participado en los dos allanamientos en la casa de Marino para obtener sus prendas con rastros genéticos

Lxs testigxs más relevantes que acudieron fueron el perito de ADN y la médica legista. Respecto al primero, se presentó ante el estrado y luego de jurar –como manda el protocolo- decir la verdad, inició la declaración.

Aquel hombre, menudo y aún más pequeño frente aquel gran estrado y a la gigante araña dorada que le colgaba sobre su cabeza, declaró que analizó el ADN de las muestras y participó en la confección de los informes. Manifestó que se siguieron rigurosamente los protocolos de toma de muestras, y conforme al ADN obtenido de las uñas de Diana, hay altísimas probabilidades que correspondieran al acusado.

Asimismo, manifestó que en cuanto a los perfiles que se encontraron en el preservativo, el resultado fue “una mezcla”, es decir que hay dos tipos de ADN, donde según declaró el científico, no coincidiría con el de Diana pero sí con el de Marino.

Mientras declaraba el testigo, Marino observa la copia del expediente que su defensor tenía en una de sus manos mientras con la otra se agarraba la cabeza, con la expresión de quien intenta comprender qué está diciendo aquella persona.

Luego fue el turno de la médica legista, Alejandra Antuña Álvarez. Aquella mujer fue la primera que se aproximó al cuerpo sin vida de Diana Sacayán.

Frente a las preguntas que le hicieron el tanto el Fiscal Yapur como la abogada querellante, la doctora recordó que lo primero que pensó al ver la escena fue que estaba vinculada a un robo, “los muebles estaban corridos, no estaban en su posición habitual”, y agregó “había sangre en el piso, en las paredes y el colchón”.

En consonancia con lo declarado en su momento por el perito forense, Antuña Álvarez describió que “el cuerpo estaba amordazado, con las manos maniatadas con una sábana y los pies con una frazada y presentaba signos de defensa en manos y brazos” y añadió “pensamos que eran más de una persona por las lesiones y cómo estaba reducida”.

Finalmente, y luego de todas las declaraciones y un cuarto intermedio, Marino se sentó en la silla frente al tribunal. Con una voz fuerte y clara solamente manifestó: “Juro por Dios que soy inocente. Nunca estuve en el lugar del hecho. Yo no maté a Diana. Yo pido Justicia por Diana Sacayán. No voy a contestar preguntas” y se volvió a sentar en su silla.

Las personas presentes se miraron las unas a las otras, anonadadxs frente a las palabras que acababan de salir de la boca de Marino. “Que jure por el diablo y no por Dios” se escuchó en el público. En ese momento, el fiscal Yapur, requirió que se le lea en la declaración indagatoria que había prestado el acusado en la etapa de instrucción, toda vez que este había incurrido en contradicciones.

El tribunal accedió a la petición y se leyó un fragmento de la indagatoria. En la misma Marino había declarado que estuvo presente aquel día en que asesinaron a Diana “pero que estaba muy drogado como para ayudarla” y que había sido otra persona quien la había acuchillado. En ese momento, el rostro de Marino cambió, ya no le hacía frente al tribunal, sino que estaba más nerviosos que de costumbre.

Luego hubo ciertas disputas entre el fiscal y el tribunal, dado que el representante del Ministerio Público Fiscal había solicitado leer el total de la indagatoria y solo se había leído un fragmento, alegando que había más contradicciones en los dichos de Marino.

Por su parte el defensor, le solicitó al tribunal que no valore las anteriores declaraciones del acusado, e incluso reclamó descartar los croquis realizados por Marino donde lo situaban en el lugar del hecho.

Conforme a ello, los representantes del Ministerio Público Fiscal como las querellas se opusieron. “La defensa quiere sacar cualquier rastro del imputado en el expediente”, expresó la abogada querellante por parte de la familia Sacayán.

Sin embargo, la respuesta ante las peticiones se otorgará la próxima semana, previo a la apertura de los alegatos.