Tras décadas de lucha en nuestro país, pero en particular luego de casi dos meses teñidos por completo de verde, el derecho al aborto legal, seguro y gratuito se transforma en un enorme pañuelo que envuelve buena parte del continente americano.

Una semana después que el movimiento feminista argentino consiguiera la media sanción de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en la Cámara de Diputados el éxtasis no se diluye. Registros fotográficos, videos, notas y charlas conservan casi intacta la emoción que inundó las calles el 13 y 14 de junio.

Si hace años el movimiento feminista toma esta lucha como una de sus principales banderas es justamente porque entiende que el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo en un marco de legalidad y seguridad es un paso irreversible para que la democracia se traduzca de un concepto teórico -por momentos lejano o contradictorio- a una realidad sobre los cuerpos gestantes.

Foto: Abril Pérez Torres

La relevancia de esta sanción histórica no quedó contenida en el territorio que la legisla. Cientos de mujeres, lesbianas y trans de otros países de América Latina y el Caribe acompañaron y apoyaron los dos meses de exposiciones en el Congreso e hicieron propia la consigna. Referenciadas en la gran marea verde que tomó las calles de nuestro país, diversos movimientos feministas latinoamericanos buscaron aprovechar el aire de lucha.  Rápidamente hubo comunicados en apoyo a los logros obtenidos en términos legislativos y ahora se preparan para seguir los pasos de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Incluso se diseñaron pañuelos distintivos de cada país reproduciendo el paño verde que se instauró como escarapela libertaria en nuestro territorio.

La propagación de esta fiebre feminista se enfrenta a una coyuntura difícil: en América Latina hay solo cuatro países en los cuales el aborto es legal sin restricciones: Cuba, Uruguay, Puerto Rico y Guyana Francesa (estos últimos dos legislados por otros Estados)

En Antigua y Barbuda, Brasil, Dominica, Guatemala, Panamá, Paraguay y Venezuela el aborto está prohibido, pero se permite en caso de que peligre la vida de la mujer.

En México DF el aborto es legal pero es un privilegio que se encuentra solo en la capital ya que el procedimiento aún es ilegal en la mayoría de los Estados.

En los casos de Chile, El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua, República Dominicana y Surinam está terminantemente prohibido y es penalizado como cualquier otro delito.

En América Latina y el Caribe la iglesia católica aún ejerce una fuerte influencia en la legislación del aborto presionando a los funcionarios de los distintos gobiernos a que antepongan su moral a la salud de los cuerpos gestantes. Rita Segato es una de las principales referentes del feminismo en la región, adjudica el fervor con que la Iglesia se opone a la despenalización del aborto a razones diferentes a la defensa de la vida. “Si le importara, la jerarquía católica estaría en otros frentes con la misma beligerancia, defendiendo la vida, le interesa marcar en este momento la permanencia de su influencia”.

La visibilidad e intensidad que cobró la lucha por la aprobación del proyecto argentino activó las campañas en Chile, México, Venezuela, Perú, Paraguay, Costa Rica y Brasil. La medida no solo impactó por su repercusión social, sino porque -en caso de aprobarse en el Senado- Argentina se convertiría en el país más poblado de América Latina y el Caribe en legislar en favor de la autonomía de las mujeres y cuerpos gestantes sobre sus cuerpos.

El martes hubo movilizaciones en Venezuela, más precisamente frente a la Asamblea Nacional Constituyente, mientras la Comisión de los Derechos de la Mujer presentaba un proyecto por la interrupción legal del embarazo. Al igual que su homónimo Argentino la norma contempla la garantía de acceso a anticonceptivos gratuitos y constantes, tanto para las mujeres como para los hombres, con énfasis en el sistema de salud pública media y universitaria.

Laura Capote es Colombiana y forma parte de la agrupación Marcha Patriótica. Cuenta que “en Colombia en general la agenda mediática consulta bastante lo que sucede en Argentina, especialmente del movimiento feminista que es un faro para América Latina. El debate en Diputados nos despertó la pregunta de si estamos aptas social, cultural y políticamente para pensar en una ley similar. En Colombia el aborto es legal solo por tres causales: en caso de violación, por riesgo de vida de la persona gestante o por inviabilidad del feto. La sociedad colombiana es más conservadora que la argentina, hay un consumo religioso católico y evangelista mucho más profundo que traba el proceso de ampliación de derechos para las mujeres. En general, la noticia de la media sanción no fue bien recibida, la mayoría de la gente ve en Argentina un paìs con demasiada protesta social. Sin embargo, los movimientos sociales que acompañamos la causa consideramos que un país de Latinoamérica que esté dando esta lucha ya es un sismo para el continente”.

Antonia Orellana, es chilena, activista por el aborto legal y militante del frente SOL. Cuenta que en Chile la media sanción provocó un fuerte impacto debido a la diversidad del grupo de diputadas y diputados que acompañaron el proyecto, demostrando que es posible construir mayorías en apoyo a la autonomía de las mujeres. “Ahora nos preparamos para la marcha anual por el aborto libre el próximo 25 de Julio, y se acordó ocupar el verde como homenaje a las compañeras argentinas. Esta marcha se realiza desde el 2013 cuando una pequeña llamada Belén quedó embarazada tras una violación y fue presionada públicamente, incluso por el Presidente Piñera, convenciéndola de que estaba preparada. Hoy para esos casos existe la Ley de 3 Causales para el aborto, pero es insuficiente por la manga ancha que hay para la objeción de conciencia y los trámites burocráticos necesarios. Incluso las clínicas privadas en tanto institución pueden ser “objetoras” e impedir los abortos. Lo que pasó con la media sanción fue un gran “sí, se puede” y esperamos apoyarlas con lo que viene en el Senado”.

Juliana Gonçalves es periodista del diario Brasil de Fato y cuenta que en Brasil hubo grandes repercusiones e incluso los colectivos feministas movilizaron en apoyo a la media sanción.

“El proyecto de Argentina lo coloca como una inspiración para las mujeres de la región. En un país como el nuestro, que ha sufrido un golpe parlamentario respaldado por la milicia y las fuerzas más conservadoras, es muy difícil legalizar el aborto desde el punto de vista de la salud pública. Esto termina afectando a las mujeres pobres porque como sabemos las que pueden pagan un aborto y las que no terminan muriendo en clínicas clandestinas, hay una cuestión de clase muy fuerte. Nosotros tenemos un Congreso totalmente conservador, por no decir reaccionario, son militares, ex militares o personas relacionadas a los militares y una iglesia evangélica que demoniza la cuestiòn de la autonomía de los cuerpos gestantes”.

En todos los países del mundo que conservan el aborto en la clandestinidad generan una obturación brutal en los derechos de los cuerpos. Según la Organización Mundial de la Salud, 21.6 millones de mujeres se practican abortos no seguros cada año (de los cuales 18.5 millones de ellos ocurren en países en desarrollo), y se estiman cuarenta y siete mil muertes por esta causa, lo que representa un 13% de las muertes maternas en el mundo.

La clandestinidad sirve de carnada para la de negociación entre gobernantes, poderes eclesiásticos y sectores conservadores. Al mismo tiempo es una forma de mantener en la ilegalidad el dinero que obtienen clínicas privadas y profesionales que los practican de forma encubierta. A pesar de haber atravesado una época donde se han realizado grandes avances sociales respecto de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, la falta de este derecho marca que aún no se ha pasado de la teoría a la práctica.

Esto requerirá un tiempo más de lucha -transversal y en conjunto- que el movimiento feminista piensa dar hermanada en la patria grande. Si alguna enseñanza dejó la media sanción en la Cámara Baja es que juntas somos una llamarada imposible de apagar.