Durante el debate por la legalización de la interrupción del embarazo se habló mucho de la responsabilidad de los cuerpos gestantes pero poco del rol de los cuerpos fecundantes. Las masculinidades y el aborto: ¿Un debate pendiente?

En la previa al Paro Internacional de Mujeres -el primer paro general realizado durante el gobierno macrista- escuché y leí muchos compañeros varones indignados por no poder participar de la manifestación. Leí infinidad de posteos en redes sociales hablando de que los reclamos de género se resolverán a través de los de clase, que el movimiento feminista se estaba portando de manera sectaria y que esto restaría potencia a la movilización.

A pesar de que los motivos habían sido consensuados en asamblea por les mismes compañeres que se hicieron cargo de toda la organización de la marcha y fueron enunciados de manera sólida y clara, muchos varones se negaron a escucharlos, pasando por encima de todo tipo de consentimiento. Se pedía específicamente que los varones hetero cis sean capaces de resignar su protagonismo y que dediquen al menos algunas horas a las ocupaciones históricamente relegadas a los cuerpos feminizados (las tareas domésticas y el cuidado de les niñes en el hogar, las tareas generalmente asignadas a compañeras mujeres en los espacios militantes (merenderos, clases de apoyo, limpieza de los espacios) o incluso que sólo se sienten a cuestionar sus privilegios y sus roles en el movimiento.

A pesar de que se insistió en que si se aceptaban hombres hetero cis podrían ir a la manifestación incluso los propios agresores de algunes compañeres muchos de ellos estuvieron.  Por otro lado están los que no vinieron pero aprovecharon para evidenciar su desacuerdo al respecto en todos los ámbitos posibles.

La decisión oficial de que no concurran hombres hetero cis no hizo que la manifestación perdiera ni un ápice de su potencia, sin embargo terminó siendo invalidada por aquellos que decidieron estar igual, dejando compañeras incómodas, dolidas, o incluso violentadas durante la manifestación.

El jueves 31 de Mayo se realizó el último de una serie de pañuelazos frente al Congreso de la Nación que acompañaron el debate por la Ley de Interrupción Legal del Embarazo. Hacía frío y llovía por lo que los conciertos planeados debieron ser suspendidos. Allí había cientos de mujeres, incluso algunas se habían movilizado desde otras partes del país para estar acompañando el final de un proceso histórico. Compartí mi paraguas con una chica que había viajado dos horas desde La Plata para estar ahí, por un momento dejamos de ser desconocidas porque entendíamos la fuerza del deseo.

A pesar de que se discutía una medida judicial acerca de un problema de salud pública que incluye tanto a mujeres como  hombres la cantidad de varones hetero cis que vi ese día los puedo contar con los dedos de mis manos. Nunca se había dicho que no podría estar allí, pero sin embargo -o tal vez justamente por eso-, no estaban.

Durante el tiempo que estuvo en ebullición el debate acerca de la interrupción legal del embarazo una imagen se hizo viral en redes sociales. El dibujo era un muchacho con el pañuelo verde de la campaña por el aborto legal seguro y gratuito atado al cuello, abajo decía “sacate el pañuelo y ponete el forro”.

Otra frase que se ha viralizado es aún más cruda “ningún hombre dice tener amigos violentos, sin embargo todos conocemos mujeres violentadas”. La hipocresìa y la complicidad aparece nuevamente como pilares fundamental de la lógica machista. Muchos de los que lean este artículo pensarán “yo no soy así ” y están en lo cierto. Hay muchos hombres que no son violentos, que utilizan métodos anticonceptivos, que se preocupan por los derechos de las mujeres y que desempeñan paternidades responsables.

Sin embargo, son menos los hombres que en un asado no se ríen de los comentarios machistas, pocos los que se indignan por el contenido misógino de las canciones de cancha, pocos los que frenan a sus amigos cuando se sobrepasan con una chica en una fiesta o boliche, pocos los que no utilizan referencias a la homosexualidad como manera de chicanear a sus otros hombres, pocos capaces de aceptar su sensibilidad, pocos capaces de cuestionar el entramado de desigualdades de poder que los aventaja en cuestiones académicas y laborales, pocos, muy pocos los que no hayan tildado a una mujer de loca, violenta o exagerada cuando dejaba en evidencia desigualdad de derechos.

Las pocas -pero fundamentales- intervenciones realizadas en el congreso que remarcaron la implicancia de los varones en la anticoncepción demostraron el desfasaje en cuanto a la responsabilidad de los métodos anticonceptivos. Como dijo la referente de Mala Junta Rosario Majo Gerez “aunque poco se hablo en este debate, detràs de cada cuerpo gestante hay un cuerpo fecundante, detràs de cada embarazo no deseado hay un eyaculador irresponsable. Es reproduciendo la culpabilizaciòn de las mujeres que se continúa blindando la impunidad machista masculina, hetero y cis sexual”.

Si bien el método anticonceptivo más común y eficiente es el uso del preservativo muchos hombres aún se niegan o evitan el uso del mismo por adjudicar pérdida de la sensibilidad. En cuando se trata de otros métodos anticonceptivos consisten en medicalizar los cuerpos gestantes ya sea mediante pastillas, parches, subcutáneos o dius.

Los argumentos anti derechos se sitúan en la importancia de la vida desde la gestación pero poco aducen sobre la falta de educación sexual integral. Sin embargo muchos de los que aceptan la interrupción legal del embarazo lo hacen solo bajo condiciones extremas (de violación o de peligro para la vida de la persona gestante). Aún a gran parte de la sociedad la escandaliza la decisión de finalizar un embarazo por el simple y mero hecho de que una mujer pueda decidir no querer maternar. Cuando los hombres deciden no asumir su responsabilidad tanto económica como filial en la crianza de sus hijos e hijas están realizando un acto moralmente denostable, cuando una mujer decide abortar, por el simple hecho de que no es su deseo destinar su tiempo, su energía  y su dinero a ser madre está emancipando su cuerpo de un sistema que la considera socialmente como una incubadora y pone su capacidad de reproducirse por encima de su deseo personal.

En el marco del “Foro para surfear la 4ta ola feminista” pude escuchar a Paula Arraigada, referente trans y militante por los derechos LGBT quien fue precandidata a diputada nacional en la Lista Unidad Ciudadana que encabezó Daniel Filmus. Casi al final del debate Arraigada dijo

“No se sorprendan de que ahora todos los hombres quieran deconstruirse. No es porque quieren ser feministas, es porque saben que ahora el feminismo es un actor real disputando espacios de poder y no quieren dejarlos”.

Nadie abandona sus privilegios por motus propio, la mayoría de ellos lo hacen por la clara presión de sus compañeras y las mujeres que los rodean.

No creo que los hombres no puedan deconstruirse, creo que deben tomar este proceso con la seriedad que conlleva. El miércoles se vota en la Cámara de Diputados la media sanción de la ley y si bien las mujeres y los cuerpos gestantes estamos desempeñando un papel protagónico en esta lucha, es fundamental que seamos muchas y muchos y ejerzamos la presión fundamental para que este proyecto sea ley. Necesitamos de los compañeros porque ni la educación sexual, ni la anticoncepción, ni el embarazo es individual y para que demuestren que también pueden ser parte sin ser protagonistas.