Luego del Congreso convocado por la Franja Morada, la federación estudiantil más grande del país está partida de facto. Ayer, el Consejo Superior de la UBA reconoció al frente reformista como nueva conducción de la FUBA, aunque del otro lado, una alianza heterogénea que incluye a independientes, kirchneristas y troskistas, denuncia fraude e irregularidades. ¿Qué se juega detrás de la madre de todas las roscas?

La Federación Universitaria de Buenos Aires es la mayor entidad estudiantil de Argentina y una de las más grandes de Latinoamérica. Hegemonizada por la Franja Morada desde el retorno de la democracia en 1983, la herramienta gremial de los y las estudiantes de la UBA pasó tras la crisis del 2001 a manos del Frente 20 de Diciembre, un armado de izquierda compuesto por el Partido Obrero, el MST y la CEPA, rama estudiantil del PCR. Con el avance del kirchnerismo, la FUBA modificó su composición dando paso en 2010 al ingreso de la Mella, una corriente estudiantil de izquierda independiente. Ayer, en el más reciente -y polémico- giro político, el Consejo Superior de la UBA reconoció nuevamente a un frente con la Franja Morada a la cabeza de la organización, en medio de un clima de violencia y denuncias cruzadas.

Pero, ¿cómo se llegó a esta situación? La elección de autoridades de la FUBA estuvo detenida durante los últimos 5 años por falta de quorum. El Partido Obrero y la Mella no alcanzaban la mayoría para sesionar, y los troskistas se negaban a ir en una alianza con el kirchnerismo para defender a la federación del avance radical. En este vacío, la Franja Morada avanzó en delegados y la semana pasada logró reunir el quorum necesario en la Junta Representativa (que nuclea a las presidencias de los distintos Centros de Estudiantes) para convocar a un congreso que renovara autoridades. Siete de trece centros de estudiantes votaron a favor de renovar la conducción de la Federación, en una jugada en que los morados lograron incorporar a los socialistas de Derecho, al MLI de Ingeniería, al LAI de Agronomía, al AFO de Odontología y a los peronistas de la UES de Sociales.

El sábado, los representantes de la Franja Morada llegaron al Congreso de la FUBA acompañados por una escribana de la Inspección General de Justicia (IGJ). Allí acreditaron 65 delegados por el sector reformista y del lado de afuera, los distintos sectores (izquierda, kirchnerismo, independientes) lograron sumar 65 delegados, que desconocieron el Congreso y lo denunciaron por fraudulento. La mística de la militancia estudiantil se sentía en las calles, al calor de distintos cánticos y banderas, mientras que, puertas adentro, la tensión crecía al fragor de la “rosca”.

La polémica comenzó cuando los radicales quisieron acreditar a un delegado suplente de Filosofía. En esta facultad se había presentado en 2017 una alianza entre la agrupación Mariátegui con sus pares de Épica: atravesados por las contradicciones de la FUBA, la primera quedó del lado de afuera, con la izquierda y el kirchnerismo, y decidió no acreditar al delegado titular, desconociendo la representatividad del Congreso. Frente a esta ausencia, y en una jugada poco clara, los representantes morados acreditaron al delegado suplente, violando el estatuto de la Federación. Con esto, argumentaron que alcanzaban el quorum necesario para presidir la FUBA: nombraron a Francisco Strambini, del MLI de Ingeniería como presidente, y a Ayelén Petracca, de la UES como vice. La alianza, hegemonizada por radicales, daba el zarpazo que venía esperando los últimos 4 años, a base de paciencia, crecimiento político y amparado por el apadrinamiento del rector Alberto Barbieri, que apostaba a construir una Federación alineada con la dirigencia universitaria, y poner fin a tantos años de “FUBA piquetera”.

En esta coyuntura, y desplazados de facto de la conducción de la Federación, el Partido Obrero decidió movilizarse en solitario al Rectorado de la UBA y tomar el edificio de Viamonte 430. La movida finalizó en represión: desde dentro del inmueble, los oficiales de policía vaciaron matafuegos sobre los estudiantes para desalojarlos y una vez en la calle fueron golpeados por integrantes de las fuerzas. La protesta se replicó este miércoles a la mañana, cuando se proponía sesionar el Consejo Superior, máximo órgano institucional de la Universidad y la violencia volvió a estallar. Esta vez terminó con un joven detenido, Federico Fernández, estudiante de Sociología. Finalmente, el Consejo Superior de la UBA convalidó la polémica elección de la FUBA por 21 votos a favor y 5 en contra.

Adrián Lutvak

Adrián Lutvak

Adrián Lutvak es el presidente de la FUBA por La Mella. Junto con Julián Asiner, del Partido Obrero, comparten la dirección de la Federación Universitaria. “Para nosotros el reconocimiento del Consejo Superior no hace que la FUBA Morada sea legítima”, explicó Lutvak. En una especie de división que emula las rupturas de la CGT o la CTA, ahora el gremio estudiantil se encuentra dividido en dos estructuras con un nivel similar de representación, pero con la diferencia fundamental de que una de ellas es reconocida por las autoridades universitarias. “Creemos que puede comenzar una ofensiva física y judicial sobre la Federación y sobre todos nosotros, pero nuestra apuesta es resistir ese embate y sostener la unidad heterogénea y la coordinación política de quienes nos oponemos al fraude de la Franja Morada”, concluyó Lutvak.

Del otro lado de la vereda contesta Francisco Strambini: “Las acusaciones de fraude responden al interés de un sector de la política. Manchan una elección que perdieron porque se les escapa un gran negocio que tienen hace años”.  El nuevo presidente de la Federación reformista se refiere a la venta de fotocopias del CBC, una potestad que pertenece a la presidencia de la Federación. Este es el principal ingreso de la FUBA, lo que permite sostener un esquema de rentas en las distintas sedes y una militancia concreta en los espacios para ingresantes. Actualmente se lo dividen proporcionalmente La Mella y el Partido Obrero y es una de las prendas de negociación que suelen emerger en los debates entre las distintas fuerzas.

“Ellos denuncian que hubo fraude en la acreditación de delegados, pero lo cierto es que había dos listas, ambas tenían la posibilidad de acreditar. Había una prioridad de acreditación, pero ninguno de los que impugnaron la acreditación de los otros delegados se acreditó. Entonces la elección es válida, sobre todo porque el Partido Obrero decidió no acreditar para que no hubiese quorum y no se hicieran las elecciones”, explica Strambini. “Respecto de que nuestra lista responde a Cambiemos, no tiene un correlato con la política universitaria, donde en general hay muy pocos kirchneristas y muy pocos macristas. Hay muchos  sectores que están en el medio y hacen política desde sus lugares particulares”, declaró el dirigente del MLI. “Nuestra principal oposición, como MLI, en la Facultad de Ingeniería es el PRO y la vicepresidenta de nuestra lista fue candidata en Unidad Ciudadana. Es cierto que hay sectores del radicalismo pero son minoritarios “.

Así las cosas, el final es todavía incierto. La historia reciente de las disputas al interior del movimiento estudiantil universitario, con sus mañas, obliga a no dar nada por sentado. El sector que aglutina a las izquierdas trotskistas e independientes y al kirchnerismo se aferra a las inminentes elecciones en los centros de estudiantes de las 13 facultades, que se desarrollarán entre septiembre y octubre, para conseguir un mayor número de representantes posibles y revertir el escenario actual. Su carta más fuerte será identificar a los radicales con el gobierno nacional, el ajuste y el acuerdo con el FMI. Mientras tanto en el Gobierno nacional se alegran con la nueva: desde la Alianza hasta hoy, nunca la federación había estado en manos radicales. Se imaginan una FUBA con mucha menor presencia en la calle y en el conflicto social, con un estudiantado “puertas adentro” que no plante bandera frente a las principales problemáticas del país. Así lo muestra la pequeña gira que sostuvieron Strambini y Petracca por los principales medios masivos: TN y el rectorado reconocen la nueva conducción, pero la legitimidad sigue en disputa.

La FUBA funcionó de caja de resonancia de la política troskista durante muchos años, pero lo cierto es que su alineamiento con la gestión actual de la Universidad, la ciudad y el país, representa un grave peligro para un estudiantado crítico y movilizado, pero sumamente golpeado por el ajuste macrista. La capacidad de construir unidad para enfrentar a los representantes de las autoridades será el desafío principal para quienes buscan construir una herramienta de defensa de la educación pública.