Con la exigencia del cumplimiento del cupo laboral trans, la legalización del aborto y el fin de toda violencia y discriminación hacia el colectivo trans como principales reclamos, el colectivo LGTBIQ se movilizó ayer en todo el país en una nueva Marcha del Orgullo, que tuvo como epicentro un acto frente al Congreso. Miles de personas se movilizaron con el recuerdo de Lohana Berkins y Diana Sacayán como bandera.

Hace 49 años -el 28 de junio de 1969- en el barrio Greenwich Village de Nueva York, un grupo de personas discriminadas por su disidencia sexual reaccionó a las constantes persecuciones que la policía ejercía sobre ellos con el visto bueno del gobierno. Los disturbios, sucedidos en el pub conocido como Stonewall Inn, pasaron a la historia como hecho icónico de la lucha por los derechos LGTBIQ y marcaron la fecha que hoy se conmemora como “Día del orgullo LGTBIQ”.

Desde hace 3 años, en Argentina se realiza la “Marcha nacional contra los travesticidios y trans femicidios”. La misma surgió de la mano de Lohana Berkins, activista histórica del movimiento, quien la entendió como un espacio para visibilizar los travesticidios e instalar dicha figura en torno al pedido de justicia por Amancay Diana Sacayan.

Este año se llevaron a cabo marchas, festivales y actos en 15 ciudades del país. Santa Fe fue una de las provincias que protagonizaron esta manifestación federal. Desde el mediodía las organizaciones feministas y de género se convocaron en la Legislatura provincial para solicitar la aprobación (y posterior aplicación) del cupo laboral trans en el ámbito público, que finalmente fue aprobada por el Concejo Municipal Santafesino.

Por su parte, en la ciudad de Buenos Aires alrededor de las 5 de la tarde las personas comenzaron a llegar a la Plaza de Mayo. Allí ya estaba armado el camión que acompañaría la movilización hasta el Congreso.

Antes de comenzar la marcha se realizó la décima “Audiencia del juicio ético feminista a la justicia patriarcal”. En este ritual disidente e insurrecto diferentes referentes del movimiento LGTBIQ -especialmente del movimiento trans y travesti- tomaron el micrófono para dejar en claro las reivindicaciones principales del colectivo.

Entre lxs oradores estuvieron Florencia Guimares García, activista de la organización “Furia Trava”, Susana Trimarchi -integrante de la organización feminista Isadora- y Say Sacayán, hermano de Amancay Diana Sacayán. También se le otorgó el micrófono a una de las trabajadoras despedidas de la agencia de noticias Telam para que dé a conocer el reclamo que estaban llevando a cabo en ese mismo momento les más de 400 trabajadores despedidxs.

Entre las reivindicaciones principales de la movilización que se leyeron finalmente en el documento oficial estuvieron el cumplimiento del cupo laboral trans, la separación de la iglesia del Estado, el aborto legal ya, la ley de reparación por la violencia institucional, infancias trans y travestis libres de discriminación y violencia, derogación de los artículos del Código Contravencional referidos a la persecución del trabajo sexual y el reclamo por el ajuste que lleva a cabo el gobierno de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, que conlleva hambre y represión para los sectores marginados.

Durante la tarde los nombres de Lohana Berkins y Diana Sacayán resonaron por los parlantes en todas las voces. La lucha por la obtención de derechos que ambas llevaron en vida y el reciente fallo de prisión perpetua otorgado al asesinato de Sacayán, que inaugura la categoría de “travesticidio” -inscripta, a partir de esta lucha, en la aplicación del Art. 80 inciso 4 del Código Penal que refiere a los crímenes por odio- son algunos de los tantos logros que ha conquistado en base de esfuerzos. Sin embargo, lejos está de ser un momento de total algarabía para las minorías sexuales. A pesar de los avances del movimiento feminista, el panorama sigue siendo complejo, con una herencia de marginación y un presente de recrudecimiento en la quita de derechos.

La historia de la diversidad argentina está atravesada de injusticia, violencia institucional y marginalidad. Ya desde 1900 lesbianas, gays travestis y trans eran víctima de las torturas de los policías que por los edicto policiales del departamento de criminología de la Policía Federal argentina que los calificaba como “desviados sexuales”. Entre los años 1920 y 1940 hubo una persecución a toda persona que no cumplía con la heteronorma, conflicto que se recrudeció en el 55 cuando los edictos policiales dieron la capacidad de empezar a perseguir al colectivo travesti y trans. A partir de 1955 y hasta el 2012, a pesar de haber quitado los edictos policiales, la situación del colectivo no cambió. Desde la sanción de la ley de identidad de género y la derogación de las leyes y contravenciones que criminalizaban de manera directa a las personas trans y travestis, las fuerzas de seguridad aumentaron la utilización de leyes que criminalizan la identidad travesti transexual de manera indirecta. Al día de hoy, aun cuando toda la sociedad ha cambiado, las personas travestis y trans se encuentran estancadas en el mismo eje delictivo. Inclusive con una ley de Cupo Laboral sancionada que es incumplida dentro y fuera del mismo Estado que la aprobó.

En su discurso, la activista Lara Bertolini explicó: “Es una pirámide invertida donde las identidades no binarias no van a ser entendidas si no se parapetan ante la sociedad y empiezan a exigir lo que es real. Desde el cielo de las travas Diana Sacayán partió el Código Penal al medio, ahora la sociedad, y sobre todo la familia jurídica oligárquica va a tener que empezar a pensar en incluirlo dentro de la sociedad. El futuro es de la disidencia”.

Actualmente el colectivo trans y travestis sufre fuertemente la violencia del Estado, ya sea a través de la negación de derechos, de la indiferencia ante sus denuncias o de manera directa atacándolxs a través de la fuerzas de seguridad. En las zonas rojas de las ciudades donde personas trans y travestis ejercen el trabajo sexual, la policía lxs reprime de manera abusiva para quitarles el dinero de su recaudación. Al incumplimiento de la ley de cupo laboral se suma la falta de planes de salud pública adecuados lo que lleva a tener una expectativa de vida tan solo 35 años para las personas trans en América Latina.

Según el Observatorio de Crímenes de Odio hacia la comunidad LGBT de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y la FALGBT, en 2017 hubo 11 denuncias de asesinatos a personas de la comunidad. En lo que va del 2018, llevan 42 personas trans y travestis muertas en el territorio argentino y en los últimos dos meses se han recibido alrededor de 7 denuncias de personas travestis y trans en situación de prostitución golpeadas y maltratadas por la policìa de la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, la mayoría de las causas de violencia hacia personas trans son archivadas entre los 30 y 60 días de realizada la denuncia.

A pesar de que el 9 de mayo de 2012 se sancionó la Ley 26.743 de Identidad de Género, gran parte de las personas trans y travestis aún no cuentan con el DNI de su identidad autopercibida, en muchos casos porque no quieren exponerse a la burocracia machista y el trato despectivo del Registro Civil.  La falta de educación y la gran cantidad de personas trans privadas de la libertad también son otros de los problemas fundamentales que dejan al colectivo dentro de una de las poblaciones más vulnerables. Según un informe que realizó el CELS el año pasado, 8 de cada 10 travestis que están en las cárceles se encuentran sin condena y en el total de los casos la detención significó la discontinuidad de los tratamientos hormonales que realizaban en libertad, lo que les provoca afectaciones importantes en su salud física y psicológica.

Por otro lado, la salud del colectivo trans y travesti se ve afectado directamente por el desmantelamiento de los programas de acompañamiento a las personas con VIH , como expresó el documento final de la marcha: Eso también es matar, estamos cansadas de despedir compañeras y que nos amontonen y abandonen en los hospitales, el hospital Muñiz no es el final de nuestro camino, nos rebelamos a eso”.

Aún frente a esta realidad compleja, el colectivo LGTB y especialmente el trans y travesti reclamaron la necesidad de encontrarse hermanadas y no fragmentadas por las diferentes posiciones ante el trabajo sexual -entre abolicionismo y reglamentarismo- que dividieron históricamente al movimiento. Por eso plantean como necesario plantarse frente a un enemigo común: el sistema heteropatriarcal que niega y desprecia a toda disidencia.

El cierre del décimo juicio estuvo a cargo de Say Sacayán, quien se expresó contra toda difamación: “Esta marcha nace hace tres años como una estrategia política para pensarnos en este juicio. Esta marcha no decía solo Diana Sacayán, o lo decía porque sabíamos que era nuestra punta, pero esta marcha desde el principio dijo basta de traveticidios, basta de trans femicidios, basta de que la justicia no se pronuncie sobre nuestros crímenes. Si esta marcha existe es porque no había un lugar donde visibilizar las problemáticas del colectivo trans. A nosotros no nos asusta el frío, no vamos a cambiar de fecha, nos vamos a quedar toda la mañana, toda la noche, días y días si es necesario para que se cumplan las leyes que existen.”

A las siete de la tarde les presentes se encolumnaron para comenzar la marcha hasta Congreso. Con la bandera del bachillerato popular trans “Mocha Celis” a la cabeza de las demás, la pequeña multitud que fue llegando a Plaza de Mayo se puso en  marcha. Delante de todo, una bandera blanca escrita con aerosol rezaba “Sobre nuestras hermanas trans y travestis no pasarán”.