Con una población de poco más de 13 millones de habitantes, Senegal es una democracia presidencial ubicada en el Este de África. Actualmente el desempleo ronda el 25%, la pobreza alcanza al 56% de la población y en las calles de Dakar, la capital, viven casi 50.000 niños mendigos. ¿Por qué los migrantes senegaleses eligen Argentina?

En enero de 2017 el Gobierno de la Ciudad decidió “limpiar” el Once de vendedores ambulantes. Con el argumento del espacio público y la ley de marcas en mano, desalojó  a cientos de trabajadores de la economía popular a base de bala de plomo y gas lacrimógeno. El Once fue el centro de una batalla campal. Entre las piedras y los gases, un grupo de entre 20 y 30 senegaleses permanecía unido: a veces respondía los ataques, pero al final replegaba. Cuidaban su mercadería, se los notaba asustados. Tras la represión, algunos de los vendedores alcanzaron un acuerdo con el Gobierno de la Ciudad, para ocupar un predio lindero a la estación y abandonar las calles: de los 280 trabajadores reubicados, no había ninguno que fuera senegalés.

La semana pasada, la dinámica incontrolable de las redes sociales, nos presentó la imagen de un  trabajador senegalés tirado en la calle Avellaneda, con un tajo impresionante en el brazo y con la carne viva emergiendo de la herida. La razzia policial tenía un nuevo capítulo en su disputa con los manteros por el espacio público. Días después, el 7 de junio, la Policía de la Ciudad realizó 27 allanamientos simultáneos en lugares de Once y Flores donde los migrantes guardaban mercadería. Incautaron 600 bultos de ropa deportiva, zapatillas, bijouterie, marroquinería y chips y accesorios de celulares. Además allanaron un hotel situado en Chile al 800 donde viven muchos migrantes senegaleses. La vida no es fácil para ningún trabajador en la Argentina del 2018. Pero se vuelve aún mas difícil cuando se es pobre, mantero y senegalés

Senegal: entre el exilio y la pobreza

Con una población de poco más de 13 millones de habitantes, Senegal es una democracia presidencial ubicada en el Este de África. Si bien es un país laico, el 90% de su población practica el islam y su sociedad conserva una importante estructura de organización tribal. Senegal obtuvo su independencia de Francia en 1960 pero siempre subsistió la dominación en lo político y lo comercial. Una de las principales consecuencias de 60 años de atraso  y dependencia económica es la fuerte migración del campo a las ciudades, urbes carentes de infraestructura y empleo para albergar importantes flujos migratorios. Actualmente el desempleo alcanza el 25%, la pobreza llega al 56% y en las calles de Dakar, la capital, viven casi 50.000 niños mendigos. La esperanza de vida ronda en los 67 años, 10 menos que el promedio de vida de un argentino.

En su artículo “De la ilusión al desencanto. Senegaleses en Buenos Aires y la construcción de representaciones respecto a su migración”, Gisele Kleidermache señala que la migración aparece para los jóvenes senegaleses “como un proyecto cortoplacista, ligado al ahorro y al envío de remesas, razón por la cual la reunificación familiar se ha producido en muy pocos casos”. Pero la pregunta de fondo es ¿por qué Argentina?. Kleidemarche lo responde bien: existe una imagen de un “país formado por blancos, que ofrecería aquello que el propio país no brinda: la posibilidad de trabajar y ganar dinero, pero sin las dificultades que presenta una Europa calificada como racista”. Es así como muchos senegaleses apuestan por la tranquilidad argentina por sobre una prosperidad económica mayor pero a costa de una gran inseguridad cotidiana en Europa o Estados Unidos.

Cruzar el charco

Aunque el censo de 2010 apenas registra 459, entre 2.000 y 10.000 personas componen la comunidad senegalesa en Argentina, la  más numerosa en América del Sur. Los pioneros comenzaron a llegar en los ´90, atraídos por las mieles de la convertibilidad y la posibilidad de mandar dólares a casa. Superaron el 2001 y hoy enfrentan la realidad con un dólar casi a 30 y una creciente persecución policial. Anillos, relojes, cadenas, ropa deportiva, la mayoría de los senegaleses son hombres jóvenes que trabajan en el comercio minorista, de manera ambulante o como manteros.

Senegal no posee embajada en Argentina, por lo que la posibilidad de conseguir los papeles “en regla” resulta dificultoso para los migrantes, y también se vuelve complejo estimar su número real. En 2013, la Dirección Nacional de Migraciones aprobó un régimen especial orientado a facilitar y agilizar la regularización senegaleses que residieran en Argentina.  Si bien el trabajo conjunto con organizaciones permitió que muchos migrantes adquirieran su documentación, el impacto no fue del todo certero: el temor a la deportación, la barrera idiomática y la falta de acceso a la información fueron algunos de los factores que hicieron que muchos quedaran por fuera de esta iniciativa. Sin embargo los permisos de residencia siguen el alza y entre 2013 y 2016 son casi mil los senegaleses que solicitaron su registro.

Abdoulaye

A Abdoulauye Gothe lo conocí hace unos tres años. Recién comenzabamos a hacer audiovisuales con El Grito del Sur y nos interesaba retratar la situación de la comunidad senegalesa. Visto a la distancia todo parece más limitado y artesanal: la calidad del audio no fue la mejor y el trabajo final terminó siendo bueno aunque bastante largo. De la extensa jornada recuerdo lo dificil que resultaba entrevistar a los migrantes senegaleses en la calle: asustados, veían una cámara y se escondían. Caminamos un día entero por el Once para poder obtener las pocas tomas y los dos testimonios con los que finalmente armaríamos el vídeo.

“El gobierno está castigando y lastimando a nuestra comunidad, Dicen que hay mafias, que traen gente. Es mentira. La comunidad está creciendo y en este país no están acostumbrados a ver un negro andar en auto”, dice Abdoulaye. Durante muchos años fue el representante de la comunidad senegalesa en Buenos Aires, pero tras el cambio de gobierno se corrió para ser “Embajador para la Paz”. “A Macri no lo quiero porque él no me quiere a mí. Es racista. Castiga a la gente que está sobreviviendo”, explica.

En su trabajo, Keidemarche concluye que “la mayoría de los migrantes senegaleses presenta, al comunicarse con sus familiares y amigos, una imagen exitosa que pretende no causar preocupaciones. Prefieren seguir manteniendo el discurso positivo sobre el proyecto emprendido, aunque estén enfrentando en muchos casos situaciones difíciles”. De este lado del Atlántico, en Buenos Aires, crece la persecución y cada tanto, emerge el racismo. tal vez sea más sencillo transmitir tranquilidad a la distancia, antes que preocupar a la familia con el difícil camino de ser negro, pobre y musulmán en una ciudad blanca, eurocéntrica y expulsiva.