Cinco familias duermen hace un año frente al Riachuelo en un campamento improvisado. Desalojadas luego del incendio del conventillo donde vivían, que dejó como saldo cuatro víctimas fatales, exigen respuestas al Gobierno de la Ciudad mientras pasan el invierno a la intemperie.

El pasado 20 de julio de 2017, luego de golpear a su pareja, un hombre prendió fuego el colchón de una de las habitaciones del conventillo ubicado en Pedro de Mendoza 1447. Cuentan los vecinos que hacía tiempo amenazaba con incendiar el lugar, que los episodios de violencia de género eran repetidos y que venían in crescendo. Consta en los partes oficiales que el siniestro dejó como saldo 4 muertos: una señora de 50 años, su hija de 23, su yerno de 19 y su nieta, de 1 año y 7 meses. Ninguna de las víctimas fatales tenía vínculo con la familia que inició el conflicto. Cuando bajó el humo, junto con las cenizas y los cadáveres, 30 familias quedaron en la calle.

Comenzó allí una serie de eventos trágicos para los habitantes del conventillo, ubicado frente al Riachuelo, justo frente al puente Avellaneda (que une La Boca con la provincia de Buenos Aires). Después del incendio, las familias fueron desalojadas, y cuando quisieron regresar se llevaron una sorpresa poco grata. “Nos dejaron en la calle, joven”, cuenta María Bustos (42), quien hace un año vive en una de las cinco carpas improvisadas que se levantan frente al conventillo. En su “habitación”, de un metro y medio de altura, hecha con plásticos y maderas, viven otras ocho personas: cuatro de sus hijos, dos nueras y dos nietos. Cuando cuenta su historia, las palabras se arrastran como un lamento.

María explica que no le permiten regresar a su pieza en el conventillo porque el inmueble sufre peligro de derrumbe. Que hay una grieta en el pasillo, que la estructura pende de un hilo. Sin embargo, los vecinos de las casas linderas regresaron a sus habitaciones. Es que el conventillo se divide en tres: 1147, 1449 y 1451 son las alturas de los respectivos inmuebles. Los vecinos del primer piso y de la parte trasera pudieron reingresar, pero quienes vivían en 1447 quedaron sin lugar adonde ir. “Nos ofrecen un subsidio de 4 mil pesos, joven. Buscamos un lugar donde alquilar y nos piden garantía o un recibo de 25 mil pesos. No tenemos adonde ir”.

“En Venecia hay tantos desalojos como en La Boca: ya no quedan familias”

Pamela Dávalos tiene su carpa al frente. Es la primera de las cinco que ocupa el sector derecho de la avenida Pedro de Mendoza. A dos cuadras de una de las principales atracciones turísticas de Buenos Aires, la circulación está cortada: unos cinco electrodomésticos de línea blanca atraviesan el paso y sirven de protección para las familias frente al avance de algún coche. “Estamos re mal. Llueve por todos lados. Yo vivo con cinco pibes, todos van a la escuela de 8 a 16:30, pero la asistente de la salita me apura para que alquile algo, me dice que sino un juez me va a sacar a los nenes”, dice Pamela. Frente al río, el frío pega más fuerte. Son las seis de la tarde y uno de los hermanos de María comienza a prender las maderas de unos pallets que hacen las veces de calefacción.

¿Y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires? Primero ofreció los subsidios habitacionales de 4 mil pesos. Luego se negó a iniciar obras para apuntalar el conventillo y permitir el retorno de las familias. En un año ningún funcionario del Instituto de la Vivienda de la Ciudad se hizo presente, pero a las familias las acompaña a diario una consigna policial. “No podemos estar más acá, los chicos pasan frío. A veces van a dormir a la casa de una señora, pero no todas las noches”, agrega María. Comentan que reciben ayuda de la gente del barrio, que les acercan ropa y abrigo. “El Gobierno de la Ciudad no nos quiso dar frazadas ni pañales. Nos traen una botella de agua y una vianda por día, nada más”.

Las familias siguen con intenciones de retornar al conventillo, y en su defecto exigen el acceso a una vivienda digna. “Llegó la luz antes de ayer y la pagamos. Los medidores siguen funcionando. No pedimos que nos regalen nada, pero queremos que nos den una respuesta. Presentamos un presupuesto para un alquiler y no obtuvimos contestación”, concluye María.

Cuentan las familias que la situación está difícil y que ya son varias las noches en que gente en situación de calle les pide que las alojen, que les cedan un espacio en sus tiendas improvisadas. “Nosotros les dejamos que se queden en la última, al lado del fuego. ¿Qué vamos a hacer? La gente está re mal ¿A quién podemos ayudar nosotros?”