La semana pasada se conocieron nuevos datos provistos por la Universidad Católica de Argentina (UCA), que revelan el impacto de las medidas de ajuste sobre la población infantil: el 48,1 por ciento de las niñas y los niños argentinos vive en condiciones de pobreza. ¿Cómo era la situación dos años atrás?

El pasado 28 de junio se conoció un nuevo informe del Barómetro de Deuda Social de la Infancia (UCA), que mostró las crudas consecuencias de las medidas de ajuste y endeudamiento en el sector más vulnerable de la sociedad. De acuerdo con estas cifras, el 48,1 por ciento de los niños y niñas de la Argentina vive en condiciones de pobreza y un 33,8% asiste a comedores escolares o comunitarios para acceder al desayuno, el almuerzo y la merienda.

Los otros datos provistos por la Universidad Católica Argentina revelan que un 17,6% de infantes tiene déficit en sus comidas, que un 8,5% pasó hambre durante el 2017 y que más del 10% se encuentra en estado de indigencia y situación de calle. Además, sólo el 38,5% de las familias estaría recibiendo los 1577 pesos que el gobierno nacional otorga en concepto de la Asignación Universal por Hijo (AUH).

¿Cómo se encontraba esta situación a finales de 2016, primer año de la gestión presidencial de Mauricio Macri? La Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), UNICEF Argentina y la propia UCA arrojaban datos con valores similares, que no difieren en demasía de las últimas cifras que se conocieron sobre pobreza infantil. Para el segundo semestre de 2016, el INDEC computó que el 45,8% de los infantes entre 0 y 14 años se encontraba en la pobreza (un 9,6% en situación de indigencia). Por su parte, UNICEF sostuvo que el porcentaje de chicos y chicas en hogares pobres se ubicaba en el 47,7% sobre el final del cuarto trimestre de 2016 (un 10,8% bajo pobreza extrema). En tanto, la Universidad Católica planteó que alrededor del 47,5% de la infancia en Argentina era pobre en términos de los ingresos de sus hogares (un 11,4% indigente al interior de esta población).

Si bien no ha habido una gran alteración en los índices de pobreza infantil -siempre de acuerdo a los datos disponibles de los últimos dos años-, la alta volatilidad de los números que incumben a la “pobreza monetaria” tiende a resaltarse más aún en los períodos donde se aplican políticas de shock -como ocurrió en las devaluaciones de diciembre de 2015 y mayo de 2018- con un fuerte impacto regresivo sobre los niños y las niñas pobres. En ese marco, el especialista en Monitoreo y Evaluación de UNICEF Argentina, Sebastián Waisgrais, señalaba en junio del año pasado que “en la pobreza extrema cualquier cambio en los ingresos va a promover que muchos chicos salgan o entren de la pobreza porque hay mucha concentración alrededor de esa línea que divide entre pobreza general y extrema”.

Por esta razón, inclusive desde la UCA advirtieron que todos los datos podrían acrecentarse en un contexto como el actual, producto de la devaluación del dólar, la inflación, el shock tarifario, la caída del salario real y la emergencia alimentaria que atraviesa el país.