Marcela Mendoza sobrevivió al ataque de su ex pareja Eduardo Gómez, quien intentó prenderla fuego dentro de su vehículo. Hoy Marcela se encuentra encarcelada y tiene una condena a cadena perpetua por la muerte de Eduardo, aún cuando existen pruebas a su favor. La familia dice que se trata de un "femicidio judicial".

La historiadora italiana Silvia Federicci sitúa la quema de “brujas” medieval -junto con la trata de esclavos y la conquista de América- como un hito fundamental del paso del sistema medieval al incipiente capitalismo. La quema masiva de mujeres por el manejo de supuestos dotes demoníacos -que más tenían que ver con la anticoncepción- cambió de una manera decisiva las relaciones sociales y los fundamentos de la reproducción social. “Del mismo modo que los cercamientos expropiaron las tierras comunales al campesinado, la caza de brujas expropió los cuerpos de las mujeres, los cuales fueron así «liberados» de cualquier obstáculo que les impidiera funcionar como máquinas para producir mano de obra”, se lee en su ensayo “El Calibán y la Bruja”.

Marcela Mendoza conoció a Eduardo Gómez en el 2010. Él era de Bartolomé Bavio, un pueblo fabril en el partido de Magdalena; ella, de La Plata. La relación fue tóxica desde el comienzo, cuenta Florencia, la mayor de las hijas de Marcela: “Mi mamá sufría violencia física, verbal y simbólica. Luego de tres años de idas y venidas en la relación, Marcela se mudó con sus dos hijos menores a la casa de Eduardo. Allí la violencia se acrecentó, por lo que a los cuatro meses Marcela decide separarse con la ayuda de sus hijas mayores. Realizó una denuncia y dos exposiciones civiles que le significaron a Gómez una restricción perimetral que nunca fue cumplida. Las agresiones de su parte no mermaron. Gómez aparecía a la madrugada en la casa donde habían convivido o durante el día en el colegio de los hijos de Marcela”.

El 7 de agosto del 2015 Marcela celebró el cumpleaños de uno de sus hijos. Cuando subió las fotos a su Facebook, Eduardo le hizo un desplante de celos. Insistía en verla y ella terminó cediendo por el miedo a que se acercara a los chicos.

El 9 de agosto de ese año Eduardo buscó a Marcela con su auto por el centro de Bavio y manejó por la ruta hacia Magdalena. Entre la violencia y el forcejeo, Marcela vio cómo Eduardo sacaba algo del bolsillo y se lo arrojaba. Luego sintió el calor intenso de un elemento incendiario sobre su cuerpo. Marcela, sentada en el asiento del acompañante, abrió la puerta y bajó del vehículo. Según cuenta un testigo semipresencial -ya que no estuvo desde que comenzó el hecho-, Eduardo salió por el asiento del acompañante, lo cual significó que estuvo en el foco de incendio por más tiempo, resultando un 70% de su cuerpo quemado.

Según el libro “Por Ellas. 5 años de Informes de Femicidios en Argentina”, editado por La Casa del Encuentro, se registran entre los años 2008 y 2013 sesenta casos de incineración a mujeres: 3 en el 2009, 11 en en el año 2010, 28 en el 2011 y 19 en el 2012. “El fuego destruye haciendo desaparecer pruebas indicadoras de un delito, y en el imaginario de estos varones violentos se instala la sensación de lograr ´el crimen perfecto`. Además del correctivo, buscan quedar impunes, eximidos de pagar con una condena el delito cometido”. De acuerdo a este misma fuente, el femicidio de Wanda Taddei en el año 2012 marcó un incremento en esta modalidad. Entre el 1 de enero y el 31 de mayo de 2018, ya se registraron nueve casos de mujeres quemadas en Argentina.

Apenas llegó la policía a la escena del crimen, Gómez fue trasladado al hospital y Mendoza a la comisaría. Las evidencias del siniestro se perdieron porque los efectivos de las fuerzas de seguridad -que debían retenerlas para hacer las pericias- se las dieron a la familia de Gómez. Eduardo murió en el hospital San Martín a los tres días del incidente a partir de un paro cardiorrespiratorio por las graves lesiones. Marcela fue trasladada a la comisaría 33 de Bavio, donde pasó una semana sin comer ni beber hasta ser atendida por un médico, ya que los oficiales de la policía eran en gran parte conocidos y familiares de Gómez. A partir de ese momento la causa tomó la caratula de “Homicidio agravado por el vínculo” y Marcela perdió su libertad.

En marzo del 2018 -luego de 2 años y 7 meses de cautiverio- llegó el proceso judicial. Los jueces asignados -Domenech, Vitale y Paolini- tuvieron en cuenta los testimonios de los familiares de Gómez porque las declaraciones de testigos a favor de Marcela desaparecieron del legajo. Tiempo después, la familia de Marcela supo que el juez Domenech era dueño del 50% de los terrenos de Bavio y tenía relación con la familia Gómez que se dedica a cuidar campos.

El 16 de abril el Tribunal en lo Criminal N°3 de La Plata condenó a cadena perpetua a Marcela Astrid Mendoza por homicidio agravado por el vínculo. Desde ese momento su familia habla de “femicidio judicial”. Florencia cuestiona que “el Estado estuvo totalmente ausente e incluso ahora, con mi madre presa, no nos ayuda económicamente a darle el tratamiento psicológico necesario a mis hermanos menores. El único momento en que estuvo presente fue para demostrar su cara machista, su posición patriarcal y condenar a mi vieja siendo inocente teniendo pruebas a favor de ella”.

La familia de Marcela espera la fecha para el recurso de casación que fue aprobado recientemente y que se realizará en la Sala Primera del Tribunal de La Plata. Mientras tanto, en las calles el movimiento feminista grita ‘Somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar’. Ni en el medioevo, ni ahora.