Una fuerte ola xenófoba viene creciendo en EEUU y la UE. Los países periféricos alineados comienzan a contagiarse de esa tendencia. La crisis económica, las guerras, las olas migratorias y fuertes disputas de poder configuran un convulsionado escenario mundial que, como en el siglo pasado, sirve como excusa para el surgimiento de grupos nacionalistas ultraconservadores.

“No quiero nada con México más que construir un muro impenetrable y que dejen de estafar a EE.UU”. Hace algunas semanas, el magnate Donald Trump explicó así su decisión de encerrar en una cárcel fronteriza a cientos de niños y adolescentes separados de sus familias, que habían intentado llegar a destino sin documentación. Las fotos de cientos de jóvenes y niños migrantes encerrados en jaulas, sin sus padres, se hicieron virales, el escándalo estalló pero no hubo respuesta alguna por parte del Estado a la pregunta de por qué los mantenía encerrados. Trump celebró la medida en sus redes sociales: “Estados Unidos no será un campo de inmigrantes y no será un complejo para mantener refugiados” lanzó.

A comienzos de 2017, llegó a la presidencia del país más influyente del mundo, el ultraconservador empresario Donald Trump. Llegó con un discurso fuertemente nacionalista y cargado de odio, en especial, hacia la población mexicana. “Cuando México nos manda gente, nos manda gente que trae drogas, crimen y violadores” decía Trump durante la campaña; y en ese sentido, cargando con el estigma de todos los males de una sociedad a los inmigrantes, prometió construir un muro para separar la frontera con el vecino país mexicano, endurecer los controles de extradición con los residentes ilegales e incluso salirse de importantes acuerdos de libre comercio internacional como el NAFTA del cual también forma parte México. La sociedad norteamericana votó sabiendo eso.

Y en este marco, es importante destacar el apoyo que está recibiendo este crecimiento del discurso xenófobo en los Estados Unidos tanto de la sociedad civil como por parte de las instituciones. Hace pocas semanas fue noticia el fallo de la Corte Suprema que ratificó la decisión tomada por el Poder Ejecutivo de restringir el ingreso de ciudadanos provenientes de cinco países musulmanes (Siria, Irán, Libia, Yemen y Somalia). Se falló pasando por alto dos fallos judiciales previos que habían determinado el carácter discriminatorio de esta medida por ser basarse en motivos religiosos.

Trump no habrá logrado construir el muro en términos materiales pero, sin dudas, en términos simbólicos, el muro está cada vez más presente.

Unión Europea

El antiguo continente atraviesa una grave crisis migratoria. Según informa la Organización Internacional para las Migraciones, la situación migratoria en Europa es “alarmante”, aseguran que las aguas del Mediterráneo se han convertido en la ruta migratoria más letal del mundo. En 2017, la cifra de muertos en esa ruta se elevó a 3.115; y este año las cifras no son mejores, hasta el 6 de junio, ya se cuentan 785 personas fallecidas.

En este marco, hace algunas semanas tuvo lugar la gran crisis política desatada por la “crisis del Aquarius”. El Aquarius es un barco de una ONG que realiza operaciones de rescate de migrantes en aguas mediterráneas. La embarcación, como había sido previsto, tocaría tierra en Italia. Pero cuando se acercaban a la costa, el nuevo ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, tomó la decisión de rechazar el ingreso del barco, dejando así a los 629 pasajeros sin rumbo, con poca comida y en el medio de una crisis política internacional.

Finalmente el barco fue recibido en aguas españolas. Pero la decisión del gobierno italiano abrió fuertes debates entre bloques de países de la Unión Europea y generó sismos al interior de algunos gobiernos. La crisis del Aquarius fue una victoria de las facciones europeas que buscan fortalecer los controles migratorios del viejo continente. La UE orientada a inculcar en los países miembros la tarea de recibir las migraciones, parece estar viviendo una fuerte disputa de sectores que buscan endurecer las políticas migratorias. Las facciones antiinmigración se expandieron, además del conocido grupo de Visegrado (conformado por Polonia, Rumanía, Eslovaquia y República Checa) contrario a la acogida de refugiados, también otros países, como Austria, Dinamarca, Bélgica e Italia, se sumaron al crecimiento del discurso xenófobo.

También al interior de los países la crisis migratoria ha dejado graves heridas. Angela Merkel, canciller alemana y quien ha llevado por años la voz cantante en el parlamento europeo, vive por estas horas graves enfrentamientos al interior de su coalición de gobierno. Su posicionamiento tendiente a la recepción de los migrantes la ha enfrentado a su socio de gobierno de la Unión Social Cristiana (CSU, por sus siglas en alemán) al punto de que el primer ministro ha amenazado con presentar su renuncia y dejarla al borde una votación que podría ponerle fin a su gobierno. De esta manera, el bloque de la UE que apuesta a la política de seguir recibiendo los flujos migratorios provenientes del Medio Oriente, sufre un fuerte golpe.

Del lado del bloque que presiona para endurecer las fronteras europeas surge como protagonista Matteo Salvini, el Ministro del Interior italiano y líder del xenófobo partido “La Liga Norte”. Es precisamente el más de medio millón de migrantes que han pasado por las aguas de Italia en los últimos años lo que ha utilizado este líder xenófobo para posicionarse en lo más alto de la política italiana. Ante la situación del Aquarius festejó, subió una imágen a sus redes sociales en la que escribió “#cerramoslospuertos”. Es el inicio de sus promesas electorales, entre las que también se cuentan expulsar a 500.000 inmigrantes, desmantelar los asentamientos de gitanos (30.000 personas), aprobar una ley de defensa propia y endurecer las penas. Muchas de estas propuestas van contra las reglas internacionales y es posible que Europa tenga que luchar por obligar a Italia a cumplirlas. Pero habrá que ver la correlación de fuerzas que surja dentro de la Unión Europea a partir de esta crisis para poder hacerlo.

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El gobierno argentino busca alinearse con las potencias y con la tendencia xenófoba global. Las promesas, hechas por Cambiemos en la campaña presidencial de militarizar la Triple Frontera siguen la línea de lo enunciado, por ejemplo, por Trump. La frontera, en sus discursos, se convierten en coladores donde sólo existen delincuentes, traficantes y gente que viene a robar trabajo. Ya desde sus épocas de jefe de gobierno, hablaba del fenómeno de “inmigración descontrolada”. Hasta en un caso tan delicado como el de Santiago Maldonado se buscó interpelar al espíritu xenófobo denigrando a los integrantes de la supuesta organización de Maldonado por no sentirse plenamente argentinos. Otro avance discriminatorio fue el intento del gobernador oficialista Gerardo Morales, hijo de inmigrantes, de intentar cobrar la atención médica y la educación a los inmigrantes.

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Los xenófobos menos inesperados

Desde todo el arco político surgen declaraciones antiinmigración. El senador Miguel Ángel Pichetto sostuvo que “las principales villas de la Argentina están tomadas por peruanos. Ellos en Perú mejoran su realidad y la Argentina incorpora toda esta resaca”; el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj pronto salió a respaldar los dichos del senador peronista; Sergio Massa también supo subirse a esta ola, “es clave que tengamos la capacidad de hacer un control estricto porque si la frontera es un colador, la droga en los barrios avanza” lanzó.

“Observamos que como en ningún otro momento en la historia (…) existe la orientación a impulsar y respaldar medidas discriminatorias por motivos de nacionalidad, y los ejemplos abundan: apertura de una cárcel para migrantes en agosto de 2016; modificación de la Ley Nacional de Migraciones a través del DNU 70/2017, que lesiona el derecho de defensa y el debido proceso buscando expulsar en el lapso de tres días a personas migrantes” lanzaron de CAREF (Comisión Argentina para los Refugiados e Inmigrantes) a la hora de analizar las políticas migratorias de la actual gestión.

El escenario actual en nuestro país plantea el desafío de estar alertas, porque la ola de xenofobia parece crecer lejos pero puede estar más cerca de lo que creemos.