Sangre, crudeza y morbo. En el último tiempo son numerosas las críticas sobre las representaciones de presos y cárceles que construye la serie "El Marginal II". Desde el colectivo de militancia en contextos de encierro "Limando Rejas" problematizan el tema. ¿Sabemos cómo funciona la cárcel? ¿Cuáles son los límites de la ficción?

A partir del estreno de la segunda temporada de “El Marginal”, distintas voces expresaron sus críticas a dicha serie y a las representaciones que hace de las personas privadas de su libertad. Series como “El Marginal” no suelen ser “prime time” en la televisión argentina y el alcance que ha tomado es una oportunidad para problematizar sobre el imaginario social de lo que ocurre al interior de las prisiones.

Tratándose de una ficción, vale hacer la salvedad que lo que se está mostrando allí no se basa en una situación concreta de una cárcel determinada: la serie no es un documental, con lo cual lo que sucede allí es un potencial imaginario de lo que podría ocurrir en una prisión.

La construcción de personajes de ficción implica tomar aspectos de base de la realidad y exagerar alguna característica, lo que supone un costado creativo, que incluso puede ser fantasioso. Ocurre que en el caso de una serie que toca una temática tan dura, es justamente ese aporte exagerado o artificioso lo que divierte, lo que incita a seguir viendo la serie como un producto de la industria cultural y no como un noticiero.

Ahora bien, ¿hasta qué punto, en nombre de la ficción, se puede desvirtuar la realidad en la que viven determinados colectivos sociales? Hay que advertir el impacto que estas producciones tienen en la conformación del imaginario social respecto de cómo es la cárcel y todo lo que allí ocurre, que por supuesto no es menor.

Durante la primera temporada del Marginal estas críticas no habían salido a la luz. Coincide que, ante el éxito de la primera temporada y su publicación en Netflix, la serie adquirió un tinte más “hollywoodense”, más sangriento, crudo, morboso. Como decir “de esto quiero mucho y más”.  Ya no importa cuánto me alejo de la realidad, es ficción.

La cuestión es: ¿Sabemos cómo funciona la cárcel? ¿Quiénes se hallan encerradxs? ¿Cómo son los lazos que tienden allí adentro las personas presas, o entre ellas y el servicio penitenciario?

Las representaciones de las personas privadas de la libertad suelen ser violentas, sanguinarias, egoístas, crueles. Pero quienes tenemos contacto con lo que ocurre dentro de las prisiones consideramos que esta es una mirada sesgada de la realidad: como sucede en la sociedad, dentro de la prisión existe una universalidad de sujetos distintxs entre sí, con historias de vida particulares, que son forzadxs a convivir en condiciones paupérrimas. No negamos la existencia de relaciones violentas, porque el encierro es violento, sino que queremos destacar que no es lo único que allí sucede: existen también lazos de solidaridad, de amistad, de fraternidad entre las personas presas.

En ocasiones en que una persona privada de libertad no puede salir a asistir al velorio de un familiar, compañerxs del pabellón han hecho huelgas para pedir que pudiera despedir a su ser querido. Y situaciones como éstas, tan simples como compartir la comida con una persona que no tiene, porque nadie la visita, se dan a diario, abundan, son parte de la cotidianeidad de la vida en la cárcel.

Ni una menos en las cárceles también

Son muchos los ejemplos que pueden darse en esa línea. Las ficciones suelen quedarse en la parte más cruda de la prisión y exaltarla hasta el punto máximo, cuando existen otras historias interesantes para contar. Un ejemplo muy gráfico es la película “Sueños de libertad”, donde se muestran vínculos de compañerismo, situaciones violentas entre personas presas y por parte de los penitenciarios, los daños que ocasiona la prisión sobre lxs presxs y momentos de alegría o esperanza que también se dan en ese contexto.

¿Por qué a nuestra sociedad le interesa el consumo de la violencia? Evidentemente es lo que garantizó el rating de la segunda temporada de “El Marginal” y por ese motivo profundizaron en esa línea. El personaje de “Diosito” es adorado por la mayoría de los televidentes cuando, en la vida cotidiana, cualquier individuo similar sería repudiado y despreciado por ese mismo sector social.

Tenemos que empezar a hablar de las responsabilidades mediáticas y comunicacionales para abordar determinados temas. Sobre la justificación de que se trata de un producto de ficción no debe perderse de eje que lo que ahí se construye resulta estigmatizante para un sector social. Tal vez, con otros colectivos, hay una noción más clara de qué tipo de discursos estigmatizantes son repudiables éticamente. Lamentablemente, en el caso de la cárcel, parece haber mayores licencias para caricaturizar a quienes se hallan privadxs de su libertad.