La cumbre internacional del G20 se realizará en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre. Uno de los puntos a tratar será la integración de las mujeres en los ámbitos laborales, financieros, digitales y rurales en épocas donde 7 de cada 10 pobres son mujeres.

El G20 es la principal cumbre de cooperación financiera que reúne a los países más poderosos y algunos otros de la periferia. Según la página oficial, el foro aborda los grandes desafíos globales y busca generar políticas públicas que los resuelvan. Los países del G20 representan el 85% del producto bruto mundial, dos tercios de la población y 75% del comercio internacional. Este grupo, que surge a partir de las crisis financieras de fines de los ’90, es integrado por 19 países, a los que se suma la Unión Europea. Del total, sólo 3 países representan a América Latina y apenas uno a África.

Desde el año 1999, los altos mandatarios de dichos países se encuentran durante dos días con países periféricos invitados y organismos internacionales como el FMI, la OCDE, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y la Organización Internacional del Trabajo. La sede del G20 es itinerante y este año tiene como anfitrión a la Argentina: más específicamente, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires será el sitio donde entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre se realizará la “cumbre de los líderes”.

La agenda del G20 se divide en 11 áreas de trabajo: transiciones energéticas, sustentabilidad climática, empleo, educación, salud, agricultura, economía digital, comercio e inversiones, anticorrupción, finanzas y desarrollo. Además, el país anfitrión puede agregar ciertos ejes de su preferencia, que en este caso serán “El futuro del trabajo”, “Infraestructura para el desarrollo” y “Un futuro alimentario sostenible”.

El costo que prevé el Gobierno para este encuentro es de por lo menos 3000 millones de pesos, de los cuales 1100 serán destinados a defensa y seguridad, 1000 millones a los dos días que dure la cumbre, 500 millones a los eventos preparatorios y 218 millones de pesos a los viajes que conllevan las reuniones previas fuera de nuestro país. Además, el Gobierno ya diseñó un operativo de seguridad con 14.500 oficiales de las cuatro fuerzas de seguridad para garantizar la tranquilidad durante la estadía de los altos mandatarios internacionales.

Las Mujeres y el G20

“El foro feminista contra el G20” surge de un proceso de trabajo colectivo que se inició el año pasado, con el primer “Foro feminista frente al libre comercio” en el marco de la OMC (Organización Mundial de Comercio). El foro consiste en la búsqueda de alternativas al neoliberalismo globalizado y los Tratados de Libre Comercio. Quienes forman parte de este espacio saben que el trabajo no remunerado que realizan las mujeres y disidencias produce riqueza y permite que la economía del país funcione. “La liberación de flujos comerciales y financieros impacta en forma diferencial en nuestra vida cotidiana, profundizando la desigualdad y la pobreza. La explotación financiera, la bancarización y el endeudamiento compulsivo de sectores populares, generan lazos de sujeción en las mujeres, dificultando su soberanía económica”, explica el documento de presentación.

A partir de la cumbre del 2015, realizada en Turquía, el G20 creó el llamado W20 (Women 20), grupo específico orientado a tratar temas de género. Es importante destacar que tanto su denominación como sus políticas excluyen a los colectivos de sexualidades disidentes. El W20 de este año tendrá su cumbre entre el 1 y el 3 de octubre en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y estará liderado por Susana Balbo.

Sus ejes principales serán la inclusión de las mujeres en el ámbito laboral, financiero, digital y el desarrollo rural. Si bien las temáticas de género sirven para darle un aire de progresismo al temario de la cumbre, el documento que emitió el Foro Feminista contra el G20 afirma que “sus planteamientos no abordan las raíces estructurales de las desigualdades de género que dejan a las mujeres empobrecidas en extrema vulnerabilidad”.

Si bien es real que el W20 asume las desigualdades de género -en una coyuntura en la cual la mitad de las mujeres del mundo carece de ingreso propio y, en promedio, ganan un 30% menos que sus pares masculinos-, es fundamental entender que no aclara ni trabaja sobre la raíz de la disparidad, que está en el trabajo doméstico y de cuidado que las mujeres realizan en los ámbitos privados. Las desigualdades que impiden que muchas mujeres accedan al sistema financiero, son sociales, educativas y culturales. Actualmente, 7 de cada 10 personas pobres en el mundo son mujeres, particularmente indígenas, negras y migrantes.

Frente a estas cifras parece pertinente que los países más poderosos del mundo se planteen la inclusión de las mujeres en el mercado laboral. Sin embargo, el debate en el marco del G20 no contempla la precarización de dichos trabajos. Los datos del último informe de la OIT confirman una tendencia creciente de los trabajos precarios, que afectan a un 42% de los trabajadores a nivel mundial. Los organismos internacionales que se reúnen en el G20 lideran las propuestas de emprendedurismo económico a través del acceso a préstamos y microcréditos y acompañan la inversión en proyectos de participación público-privada (PPP). En este modelo económico la inclusión digital es una condición básica para ingresar al mercado, pero la integración de las mujeres a la tecnología también trae aparejada la inestabilidad laboral, desregularización de aportes, la falta de organización sindical, y la consecuente precarización.

En relación al desarrollo y la integración rural, las mujeres son responsables de la mitad de la producción mundial de alimentos que consumen nuestras sociedades; sin embargo, la mayoría de ellas no reciben ingresos por su trabajo. La cumbre del G20 que plantea la integración de las mujeres al desarrollo rural es la misma que apoya la megaminería contaminante y a las grandes empresas de cultivos internacionales que están desplazando a la agricultura familiar.

Frente a esta situación, el foro feminista contra el G20 planea hacerse presente -y sonante- en las calles, antes y durante la reunión internacional. En paralelo a la Cumbre de los Líderes se realizará la “Cumbre de los Pueblos”, donde organizaciones sociales, sindicales, campesinas y ambientalistas buscarán combatir de manera horizontal, performática y disidente el recrudecimiento del neoliberalismo en América Latina. El “Foro feminista contra el G20” se deja empujar por la ola verde y surfea el impulso. Ante las claras señales de que la organización hace crujir hasta los cimientos más viejos, el feminismo avanza y repite el grito que ya dio el movimiento el último 3 de junio: “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”.