Abogado, amigo del Papa y dirigente de la CTEP, Juan Grabois carga contra los sectores que quieren desplazar a Cristina del debate político y sentencia: "los kirchneristas, y particularmente Cristina, son un componente fundamental de un armado de unidad". El aborto, la CGT y la separación de la Iglesia y el Estado.

Nos recibe en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, con mate en mano. La conversación inicia peloteando sobre la situación del país y los desafíos del periodismo popular. “Sospecho de todo lo que lleve el apellido popular”, dispara, y así comienza la charla. Juan Grabois es abogado, pero sobre todo un dirigente social. De lengua filosa, ligado al Papa y al Movimiento de los Trabajadores Excluidos, es uno de los principales referentes de la CTEP en la actualidad.

La CTEP crece en lo social e incorpora sectores, con la dificultad y el desafío de consolidar una apuesta política. Mientras tanto, el kirchnerismo se consolida como una minoría intensa pero representativa. ¿Hay posibilidad de lograr unidad de estos dos sectores de cara a 2019?

La idea de la CTEP, entendida como representación sectorial y como apuesta política, tiene una parte de verdad pero no en los términos en que lo estás planteando. Comparar CTEP con kirchnerismo es como comparar peras con bananas. Son cosas de naturaleza distinta. En efecto, en la CTEP hay muchos que se identifican o militan en organizaciones kirchneristas. Porque la CTEP es un sindicato cuyo objetivo fundamental es la representación de los intereses colectivos de un sector de la clase trabajadora, que también es minoritaria incluso dentro de la clase trabajadora, que son los trabajadores sin patrón, de los sectores populares, que de manera individual o colectivamente, inventaron su propio trabajo para poder vivir en este capitalismo de exclusión.

Como apuesta política, hay una crítica recurrente a la CTEP, y particularmente a la línea que defiendo yo, que es que la CTEP no debiera intervenir en el proceso político partidario. Nos dicen “ustedes están escindiendo lo social de lo político, y está todo de la mano”. Chocolate por la noticia, es una obviedad. Ahora, la perspectiva política de la CTEP no cuadra dentro de la democracia burguesa institucionalizada. Porque en última instancia, nosotros vemos la economía popular como una dialéctica: un movimiento de pasar de una red de subsistencia a un camino de resistencia, que es revolucionario, y no puede realizarse dentro de los cánones de la democracia formal.

Pero también tenemos un programa de transición, que es el programa de las tres T: tierra, techo y trabajo. Y eso tiene expresiones muy concretas: cuando hablamos de tierra nos referimos a una reforma agraria que implica hacer (aggiornada a nuestros tiempos) lo que hizo Perón en su momento, entregar la tierra al que la trabaja. Cuando hablamos de techo nos referimos a la integración urbana de los 4. 400 barrios populares que relevamos y el acceso a la vivienda para los sectores populares. Fundamentalmente a partir del proyecto del millón de lotes con servicio. Y cuando hablamos del trabajo nos referimos al acceso al salario social complementario y a los derechos laborales que consideramos que debería reconocer el Estado, a los cinco millones de trabajadores y trabajadoras de la economía popular. El acceso a la seguridad social y sus subsistemas, asignaciones, pensiones, obra social, ART y condiciones de trabajo razonables que por lo menos cumplan la línea de reformas que la OIT llama “trabajo decente”.

Este programa tratamos de llevárselo a todas las fuerzas políticas, incluso en la coyuntura actual donde gobierna una fuerza que pertenece claramente al campo elitista.

Schmidt, Daer, Palazzo, Moyano y varios dirigentes se pronunciaron en favor de que los trabajadores de la economía popular puedan ingresar a la CGT. ¿Quiénes son y qué argumentan los sectores que no quieren que CTEP ingrese?

El problema con este sector es que no lo conocemos, no lo dicen abiertamente. Evidentemente hay una oposición silenciosa que lo traba: nosotros hicimos el pedido formal de incorporación a la CGT y eso tiene que ver con una apuesta estratégica de unificar a la clase trabajadora en una sola central, donde coexistan todas las tendencias político-ideológicas. Es un planteo que compartimos con muchos de los compañeros de la CTA, sindicatos docentes, estatales, que buscan hacer una apuesta para reunificar a los trabajadores en una sola central. Esa apuesta es un elemento fundacional de la CTEP.

 

El macrismo y ciertos sectores del kirchnerismo siguen poniendo a CFK en el centro de la escena. ¿Cuál debería ser la composición de una alianza que gane en 2019 y cuál es el rol que le toca al kirchnerismo?

Yo no creo que todos debamos opinar de todo en todo momento. Yo tengo una posición, pero no sé si me corresponde, como dirigente de la CTEP, pronunciarme sobre cuestiones que no están directamente relacionadas con los intereses que yo tengo que defender.

Pero hablando como ciudadano y militante político, yo lo que veo es que resulta absolutamente necesario construir un frente opositor anti neoliberal con todos aquellos dirigentes o grupos que quieran superar las políticas destructoras del macrismo y derrotar al proyecto neoliberal en 2019. No me cabe la menor duda que los kirchneristas y particularmente Cristina Fernández son un componente fundamental de ese armado. Y yo no estoy de acuerdo con la teoría de que CFK tiene que dar un paso al costado: creo que pedirle eso a una dirigente del fuste y la trayectoria de Cristina a veces es hasta irrespetuoso y dañino. Existen un montón de mecanismos para dirimir liderazgos, como las PASO, que hay que aplicar para construir esta unidad opositora. La política de la CTEP es que ese frente, o el próximo gobierno, tome nuestro programa de reformas y lo desarrolle desde el Estado, en ese necesario proceso entre la superestructura política y la base organizada, que es el que produce los cambios estructurales en un país.

Respecto al aborto, te posicionaste públicamente en contra. Todo militante entiende que la forma de pensar puede transformarse. ¿Cambiaste tu mirada sobre el tema al ver el masivo movimiento popular que respalda este derecho y escuchar los argumentos a favor y en contra?

Después de una discusión con muchas compañeras de militancia llegamos a la conclusión de que no era mi rol pronunciarme sobre el tema.

La discusión por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito trajo  consigo la campaña por la separación de la Iglesia y el Estado. ¿A quién beneficia esta campaña?

Yendo a cosas muy concretas, efectivamente están separados. Recuerdo que un obispo muy sabio me decía que él no estaba de acuerdo con el sistema actual de financiamiento, que el mejor sistema es el italiano. Ahí, vos en tu boleta de ABL marcás a quién le querés entregar un porcentaje: si es a la iglesia católica, a la evangélica, a la sinagoga. Hay un aporte voluntario para sostener esta parte de la sociedad civil que es la religión, y existe un mecanismo a través de una boleta de servicio público. Yo creo que debería ser así: no creo que sea bueno para la Iglesia, para la sociedad o para el Estado que exista un mecanismo de pago a los obispos que no sea transparente o que no se comprenda. Eso hay que cambiarlo.

Ahora, las cosas suceden en un contexto. Si el planteo de la separación de la Iglesia y el Estado se utiliza como una forma de propaganda para atacar al Papa Francisco como figura pública y lo que él expresa en términos de posicionamiento social, en términos de crítica al sistema capitalista y sus formas neoliberales, desde luego que hay una instrumentalización de eso. No hay que ser fanático del Papa para darse cuenta. Molestó mucho que una persona con una posición de tanta influencia y relevancia internacional patee el tablero como hizo Francisco con su Evangelii gaudium, con Laudato Si y también con los discursos a los movimientos populares, que son muy disruptivos y que en términos ideológicos-programáticos están a la izquierda del Partido Obrero. Está planteando cosas pesadas: que este sistema económico mata, que es un proyecto criminal, asesino, incompatible con un proyecto humanista. Es un llamado a la transformación radical y estructural de este sistema.

Hay una distancia gigante entre los discursos de Francisco y la transformación de la jerarquía eclesial argentina. Al mismo tiempo, la mayoría de las iglesias evangélicas en el continente juega con los proyectos neoliberales. ¿Hay un rol transformador del cristianismo que se dejó de lado en la Argentina?

Una de las operaciones del neoliberalismo es el planteo de que la religión, los valores morales y las creencias son asuntos netamente privados. Que no pueden tener ninguna incidencia en las propuestas políticas. Creo que en las enseñanzas de Jesús hay un programa político revolucionario, igualitario y que es una de las principales influencias de mi militancia.

La relación con las estructuras tradicionales puede aplicar a la Iglesia católica o a la CGT: una cosa es una perspectiva y otra es la transformación operativa o del organigrama de determinadas estructuras. Si yo mañana soy secretario general de la CGT puedo plantear una perspectiva de reforma y democratización de las centrales sindicales. Ahora, para que ese proyecto llegué a la práctica, hay una serie de correlaciones de fuerza que no tienen que ver con la línea de pensamiento sino con las acciones de miles de personas que no se alinean de manera automática. Hay que hacer una sana disociación entre la perspectiva que plantea Francisco y lo mal que la expresan muchísimos integrantes de la Iglesia, tanto laicos como sacerdotes.

¿Cómo te definís políticamente?

Un poco de todo. De izquierda porque por lo que leí y me explicaron, la diferencia entre izquierda y derecha, nace de cómo se sentaban los diputados (para llevar el término a la actualidad) en la asamblea Francesa de la revolución. Lo que nosotros llamábamos izquierda, representaban a los pobres, a los sans-culotte. Entonces soy de izquierda porque mi corazón y mi laburo están ahí y porque soy orgánico a un determinado sector de la sociedad. Nacionalista en términos de creer en la importancia de la autonomía, la independencia y la soberanía nacional, sin duda, pero con la perspectiva de un nacionalismo latinoamericano unionista y, al mismo tiempo, respetuoso de la plurinacionalidad de nuestros estados soberanos. Es decir, sin permitir la instrumentalización de la existencia de pueblos originarios para socavar la integridad nacional, reconocer la preexistencia histórica de los pueblos originarios te da un mayor nivel de autonomía dentro de una perspectiva de patria grande. Me siento totalmente identificado con las banderas del peronismo. Todo eso en la actualidad, ¿tiene un nombre, se puede categorizar? No lo sé. Entonces no puedo contestar esa pregunta con certeza.

¿Este proyecto latinoamericano y unionista se puede enmarcar dentro de los límites de la democracia liberal? ¿Qué intereses hay que tocar de la estructura actual?

Una parte se puede y otra no. Hay un elemento vinculado al régimen de propiedad de la tierra que así como está, nos condena no solamente a la injusticia sino al subdesarrollo. No sé si eso se puede reformar con las reglas institucionales del juego. Pero tengo claro que hay una serie de reformas que se pueden hacer dentro del marco de la democracia republicana. Hay una cuestión fundamental y estratégica que es el tema de los medios de comunicación: estamos viviendo una etapa de ultra concentración, casi monopólica, pero en términos estrictos, a través de la fusión de Clarín y Telecom. Eso se tiene que modificar, los troncales de fibra óptica no pueden ser propiedad privada, tiene que ser públicos.

El Poder Judicial no puede seguir funcionando como está, es un lugar visceralmente corrupto y servil a los poderes fácticos y al poder institucional de turno, no tiene ninguna independencia y eso requiere una reforma profunda. Por lo menos que los jueces que tienen mandato ahora vuelvan a concursar, a pasar por procesos democráticos de aprobación.

Otro punto que es insostenible es que el consumo minorista esté hegemonizado por las cadenas de supermercados que tienen libertad absoluta para instalar hipermercados en el centro de todas las ciudades. No es siquiera una reforma muy revolucionaria, no se permite en Roma, ni en París ni en ningún lado, porque destruye empleo y carteliza los precios.

Hay una serie de cuestiones que tocan sectores que son los que más se han beneficiado en los últimos tres años y que requieren desarrollar conflictos entre los intereses de las mayorías populares y los intereses de las minorías corporativas. Esto implica un grado de articulación entre la política superestructural y las demandas del pueblo organizado que a la larga o a la corta se va a dar.

“El acuerdo con el FMI va a derivar en un genocidio social”

Fuiste polémico en relación a la defensa del planteo de Carrió de las propinas…

Las cosas hay que evaluarlas en el contexto en que se dicen y de donde vienen. Es casi insultante el planteo de alguien que pertenece a la cúpula del poder político que gobierna la Argentina, de que el problema social, que ellos mismos están generando, se resuelve con changas y propinas. Ahora, si uno sale de eso y va al planteo en sí mismo, tiene algo de verdad. Y voy a agregar una cosa más: ella dijo la palabra coimas, tuvo un acto fallido, dijo changas, propinas y coimas. Pero yo incluyo las coimas. Y eso implica reconocer que en la Argentina hay un sector importante de la sociedad, incluso del funcionamiento del propio Estado, que existe porque hay changas, propinas y coimas. Con las coimas policiales no sólo se aceitan los circuitos de corrupción policial, sino que se arreglan los patrulleros. Y eso es estructural, no lo resuelve nadie. Y es verdad que, sobre todo ahora, el narcomenudeo se convierte en una alternativa cuasi laboral para muchísimas personas. Es una cosa horrorosa pero es real.

Cuando se habla de las changas y del sector de la economía popular, son casi lo mismo. Un vendedor ambulante es una changa, el que corta el pasto es una changa. Está mal dicho, pero efectivamente si se corta el derrame de la clase media, la manicura y el jardinero, hay muchos compañeros que se quedan sin laburo.

Y la propina habrá que ver a que se refiere. Está la propina del mozo pero está también lo que se le paga a un pibe que te cuida el auto o que te limpia un vidrio o a un artista callejero. Ese segmento social, que es en gran medida el sector que está expresado en la CTEP, tiene una parte importante de sus ingresos subordinados a la situación económica de los sectores medios. Cuando Carrió salió a decir eso, que es algo que ni opositores ni oficialistas van a defender, pero que irrita tanto a la sociedad, es porque algo de verdad tiene, porque toca una fibra. Entonces prefiero tomar esos temas para problematizar una situación, que hacer leña del árbol caído, que no contribuye en nada a elevar el nivel de las discusiones militantes.