El ex decano de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), Glenn Postolski, analiza el impacto social tras la fusión Clarín-Telecom y reflexiona sobre las tareas comunicacionales que debe darse la oposición para lograr una victoria en las elecciones presidenciales de 2019.

La carrera de Glenn Postolski resultó vertiginosa en la última década. Luego de ser uno de los principales impulsores de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, aprobada por ambas cámaras legislativas en octubre del año 2009, este docente e investigador especializado en políticas de medios masivos y derecho a la comunicación se convirtió en director de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. Más tarde, en 2014 asumió como decano de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), cargo que dejó de ocupar hace algunos meses tras frustrarse el intento de la reelección por otros cuatro años. Actualmente secretario de Comunicación de Escobar bajo la gestión del intendente kirchnerista Ariel Sujarchuk, la charla con Glenn Postolski atraviesa diversos temas que forman parte de su preocupación cotidiana: el avance del macrismo al interior de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, la convergencia de las telecomunicaciones y los medios en la última etapa, las nuevas formas de comunicación política y la estrategia comunicacional que debe adoptar la oposición para disputar con posibilidades serias las elecciones presidenciales de 2019.

¿Qué balance hace de su gestión como decano y cómo caracteriza la nueva etapa que se abrió en la Facultad de Sociales?

Mi gestión formó parte de un ciclo en la facultad que comenzó con el primer decanato de Federico Schuster en el año 2001. Esta hegemonía de mi espacio político se extendió durante 16 años con una particularidad: en un comienzo, una situación muy ruinosa de la universidad y del país, pero en ese proceso se presentaron muchas condiciones para transformar de la mano de lo que fue una profunda reconfiguración de la educación como proyecto a nivel nacional. En ese sentido, la facultad creció significativamente en muchos aspectos institucionales y logramos ser la que más concursos docentes, no docentes y de auxiliares se hizo en la UBA, tuvimos una política hacia los movimientos sociales y estuvimos siempre al lado de todas las causas que hoy seguimos reivindicando. Sin embargo, ese proceso político emparentado con el kirchnerismo no se tradujo en una posibilidad o una voluntad política de disputar la Universidad de Buenos Aires. La escena más reciente fue haber perdido la facultad con un actor muy potente a nivel de la universidad, que se conformó también a lo largo de todos los años del kirchnerismo como un núcleo antagónico con algunas ideas que nosotros tenemos respecto al proyecto de la facultad y de la universidad. Ese núcleo está conformado por una histórica Franja Morada -identificada claramente y reivindicativa de la imagen de Shuberoff-, que es un sujeto protagónico en los últimos años de la política nacional de la mano de la experiencia política de Cambiemos.

Yo no deslindo lo que significó el nuevo escenario nacional a partir de 2015 con los últimos acontecimientos dentro de la Universidad de Buenos Aires. Nuestra derrota en Sociales también va de la mano con el desplazamiento de la conducción de la FUBA. Tanto en la FUBA como en Sociales, un sujeto muy difícil de caracterizar para los que están lejos de la universidad da cuenta de ese entramado. Ese sujeto, producto de cierta lectura de la etapa, vino sosteniendo rectores ¨peronistas¨ como Hallú y Barbieri con un apoyo de cierto tipo de peronismo dentro de la universidad y bajo una confluencia donde parece ser que los que gobiernan la universidad tienen ciertas características, cuando en realidad los resortes de poder siguen siendo los permanentes en torno al estilo histórico de la Franja Morada.

En Sociales la candidatura de Carolina Mera es el emergente de esa posibilidad de disputar y lograr ciertas posiciones de conducción de la mano de esa alianza. Si bien ella se dice kirchnerista, su forma de articular una alianza para ganar la facultad fue por fuera de ese sujeto político y en alianza con los actores del radicalismo universitario. Esto más allá de las declaraciones, porque los mismos compañeros de la Franja Morada no tienen problema en hacer declaraciones públicas en contra del gobierno de Macri.

El gobierno de Macri barrió rápidamente con los principales artículos de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, de la cual fuiste uno de sus principales impulsores. ¿Por qué se produjo este retroceso en forma tan veloz?

Dos decretos en 2015 barrieron con la ley. Uno puede decir entonces que lo construido fue muy endeble y tener una mirada crítica sobre la forma en que se implementó la ley. Al mismo tiempo, yo creo que hubo un avance sustancial en lo que implicó todo el proceso donde un tema que era ajeno absolutamente a la sociedad pasó a ser un tema central, que es cómo los medios articulan y construyen subjetividad y sujetos políticos en la Argentina. Previo a la discusión de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, esto no era un tema de la agenda social. Ese salto cualitativo se va a seguir viendo porque las oleadas de la historia van a traer nuevamente parte de esa construcción simbólica que permitió el debate de la ley y la va a reponer en la discusión social mucho más enriquecida.

Dentro de la compleja amalgama de decisiones que era el kirchnerismo, éste identificó claramente el lugar cualitativo de la disputa por el sentido que tienen los medios de comunicación. Finalmente la correlación de fuerzas no le dio para poder implementar en forma más profunda los cambios que la ley traía como semilla. Se hicieron una serie de acciones muy positivas, pero que -leídas desde la derrota- fueron endebles. Yo creo que van a ir cobrando valor en lo que significa como sedimentación. La escena de disputa de poder en la Argentina hacia el futuro requiere de una mejor interpretación y lectura de los sujetos que intervienen y, a la vez, tener más cuadros con capacidad de entrar en todos los mecanismos de la industria para poder construir un contrasentido también ahí adentro. No es sencillo lógicamente.

¿Qué nuevas consecuencias va a traer para las audiencias y los usuarios de las telecomunicaciones la reciente autorización de la fusión entre el Grupo Clarín y Telecom?

Sin lugar a dudas, el gobierno ha retribuido al grupo empresario comunicacional más poderoso de la Argentina todo lo que ha hecho para que Cambiemos pueda acceder a las principales posiciones de poder del Estado. Así como el conjunto de la sociedad argentina fue perdiendo capacidad de consumo en términos de pérdida vía paritaria o de ajuste a los jubilados, así fue creciendo de manera contrastante y geométrica el poder comunicacional del Grupo Clarín. Su expansión hacia las telecomunicaciones le permite tener un nivel de acceso a los datos personales e individuales de cada uno de nosotros que, te diría, 1984 de George Orwell parece un cómic al lado de la prospectiva futura de lo que puede suceder. Hoy cuentan con una poderosa infraestructura que puede ser equiparable al manejo de Facebook porque ellos tienen el soporte por donde todo eso circula. Eso es muy problemático desde la construcción de los debates públicos sociales -la agenda pública y la construcción de los relatos políticos- y desde cómo el mercado tiene la capacidad de acceder de manera más uniforme al control de datos personales. Eso nos pone en el límite de estar al punto de decir que una empresa como Clarín avasalla los derechos humanos.

Junto al intendente kirchnerista Ariel Sujarchuk, Glenn Postolski en su nuevo rol como secretario de Comunicación de Escobar.

En paralelo con el progresivo deterioro de la imagen del presidente Macri, el aparato publicitario del gobierno nacional destina un peso cada vez mayor a las redes sociales. ¿Qué rol cumplen hoy en día estas nuevas formas de comunicación política en relación a los mecanismos más tradicionales?

Desde el análisis de la comunicación política, durante buena parte de este tiempo del gobierno de Cambiemos se ha criticado muchas veces que el gobierno no comunicó la profundidad de la crisis o que no supieron comunicar lo mal que estamos. Por otro lado, sabemos que han montado el aparato comunicacional virtual más poderoso porque ellos comprendieron muy profundamente cómo acumular desde esos espacios. Jaime Durán Barba, que es su referencia teórica conocida por todos, tiene un principio; sin embargo, si la economía no funciona no hay comunicación que la reemplace. Las crisis que atraviesan son el producto y el síntoma de los efectos de sus políticas más estructurales vinculadas con la rearticulación del Estado con los sectores más poderosos. El ajuste brutal que vivimos cotidianamente, con la boleta de servicios públicos, el aumento de la nafta y la inflación, no puede ser tapado por un aparato comunicacional, por más excelente que éste sea.

Volviendo a la pregunta, yo creo que todos los espacios políticos han tomado cuenta que las redes son un campo político de disputa. Es una lectura de la etapa: cuando aparece la televisión en los ´50 y los ´60, el ver televisión era una práctica que se iba haciendo. Los nacidos y criados con la televisión tuvieron otra práctica. Nosotros somos una generación que ha aprendido llegar a las redes desde el mundo analógico y la política territorial, por lo que tenemos que entender de a poco las claves de lo que las generaciones nacidas y criadas en la tecnología de la información y la comunicación lo naturalizan. A las fuerzas políticas tradicionales les ha costado más, pero sin duda todos asumen que ese es un campo de disputa con sus propias lógicas.

¿Qué tareas comunicacionales debe darse la oposición para interpelar al núcleo de indecisos de cara a las elecciones presidenciales de 2019?

Es importante construir una esperanza y una afectividad. Ellos han puesto toda su capacidad comunicacional en negar la legitimidad del otro, encabezándolo en la figura de Cristina, con el objetivo de que derrame en ese espacio político. ¿Cómo llegar a esos sectores? Se debe construir algún tipo de expectativa de que se supo construir una Argentina donde todos estábamos mejor y de que esa construcción los involucra directamente, no mediatizadamente. Es decir, los involucra en términos de una decisión que los compromete. Eso se logra volviendo a una relación vincular-territorial en el cara a cara y el diálogo, entendiendo que hay un tipo de sujeto al que se interpela desde las condiciones reales de su existencia. Para eso también hay que construir un tipo de sujeto político en donde esa relación pueda ser empática. Si ese sujeto político se construye desde una especie de saber o distancia, no va a empatizar. En ese sentido, hay que volver a tener la capacidad de construir un sujeto social que empatice teniendo cuadros que surjan y tengan una historia en común con esos sectores populares.